sábado, 25 de julio de 2026

JORGE RODRIGUEZ, DISCURSO Y PRÁCTICA DEL PUEBLO


 Por Orlando Villalobios Finol

“Sabido es cuánto tardan las naciones en reconocer los méritos de quienes combatieron en el bando de los derrotados. Sabido es que la historia la escriben los vencedores mientras conservan ese rango”. (Ángel Rama, diario El Nacional, 1977).

Se cumplen 50 años del asesinato de Jorge Antonio Rodríguez, dirigente emblemático del movimiento revolucionario venezolano y manantial subversivo, título de un documental sobre su trayectoria. 

Fue un crimen salvaje que buscaba cortar la recuperación que comenzaban a experimentar las organizaciones populares. Venezuela venía de una dictadura como la de Pérez Jiménez y de la represión abierta en la década de los años 60, del siglo pasado, contra cualquier intento por alzar la voz, proclamar y defender derechos sociales y políticos. En el apogeo de aquello que se conoció como “la guerra fría” para resumir el ataque contra todo lo rebelde y antisistema, en América Latina y el Caribe, considerado como el patio trasero y toda esa jerigonza colonialista gringa.

Todavía el video permite observar el rictus hipócrita de Octavio Lepage,  ministro de policía del expresidente Carlos Andrés Pérez, cuando nervioso mentía con descaro, diciendo que Jorge Rodríguez había fallecido de repente, cuando se encontraba detenido en los calabozos de la policía política, Disip. Nadie lo creyó. Ni ellos mismos lo creyeron.

En aquella década de la década de los años 70, en Venezuela se había configurado un sistema bipartidista (AD y Copei) que garantizaba que la dominación capitalista viera pasar los días sin sobresaltos. En medio de aquella supuesta normalidad, se mantenía una política de Estado de represión abierta, que se materializó en la persecusión, la tortura, el asesinato político y en los desaparecidos.

En el Zulia

En aquellos años 70, una vez que se funda la Liga Socialista, Jorge Rodríguez vino varias veces a Maracaibo y Cabimas. No sabría decir cuántas veces, pero fueron varias. Una fue cuando abrimos la casa de la LS, en Veritas, frente al Hospital de Niños. Hicimos un acto para inaugurar esa casa, el 12 de febrero de 1975.

Vino en otra ocasión a participar en un foro que se hizo en la Facultad de Ingeniería, de la Universidad del Zulia, para debatir sobre la nacionalización del petróleo. Allí estuvo junto a académicos y diputados. Estuvieron el diputado de Copei, Abdón Vivas Terán, y el profesor Gastón Parra Luzardo, entre otros. En junio de 1976, un mes antes de su asesinato volvió y de aquí se fue por tierra a un acto en Boconó. Un mes después lo asesinaron.

Una de las actividades centrales de Jorge en el Zulia fue la marcha anti-imperialista de 1975, que culminó con una concentración en Cabimas. Ese día Jorge Rodríguez expuso las limitaciones de la nacionalización del petróleo de ese momento... La nacionalización chucuta.

 

Obra pública

Pasa el tiempo y queda la obra. Continúa la cosecha. Por eso sigue vive la hazaña de muchos y muchas que lo dieron todo para construir horizontes para el sueño de patria, justicia y bienestar.

En esa obra pública coincidimos y nos reencontramos con Jorge Rodríguez y con quienes crearon y lo dieron todo por construir otro mundo posible y buenos vivires; con quienes fundaron sindicatos o los recuperaron para la lucha obrera; centros de estudiantes y organizaciones populares. Crearon y promovieron periódicos y revistas, editaron libros propios y ajenos. Formaron talleres literarios, círculos de lectura, equipos políticos, clubes juveniles. Promovieron la creación de escuelas, servicios de salud y centros culturales, siempre pisando el territorio del movimiento popular y contra la exclusión, la desigualdad y la represión. Nos enseñaron la solidaridad y el valor de la vida en comunidad.

Hoy honramos a Jorge Rodríguez, como una manera de exhaltar a quienes nos legaron aportes y sabiduría, y escribieron la historia reciente con pasión y sangre. Este relato se completa cuando sumamos en este homenaje a Fabricio Ojeda, al comandante Hugo Chávez, Carmelo Laborit, la canción urgente y necesaria de Alí Primera, Julio Escalona, Livia Gouvernier, José Vicente Rangel, Olga Luzardo, Alberto Lovera, Orlando Yajure, Alí Rodríguez Araque, Douglas Bravo, Esther Añez, David Nieves, José Rafael Zabala, Chema Saer, Francisco Prada, Carlos Betancourt, Cheo Parra, Eduardo Ríos, Eddy López, Héctor Mujica… La lista es muy larga y no terminaríamos de citarlos a todos y todas. Uno hace memoria y encuentra en cada uno de ellos y ellas a maestros y maestras de la vida. Gente que no reparó en limitaciones y dificultades. Siempre fueron al frente y mantuvieron encendida la llama de la rebelión. Era gente de pelea, como decíamos en la Liga Socialista.


El maestro

Jorge Antonio Rodríguez nace en Carora el 16 de febrero de 1942. Allí estudia la primaria y un tiempo después se gradúa de maestro en la Escuela Normal de Rubio, estado Táchira.

En aquellos años era común que los muchachos y muchachas de los liceos hicieran de la participación política un ejercicio común. Había mucha inquietud en las escuelas normales, en los liceos y en las universidades. Se vivía el tiempo de la dictadura de Pérez Jiménez y la opinión era un delito. Hablar de política era un delito. Jorge Rodríguez se vinculó con AD, en la segunda mitad de los años 50, para ese momento un partido semiclandestino y perseguido. Cuando cae esa dictadura es un muchacho de 16 años que militaba, y conocía del riesgo de escribir, distribuir y repartir propaganda.  

Es conocido que en AD de esos años de lucha clandestina se formó y creció una fuerte corriente de izquierda, que da el salto hacia la creación del MIR, con un mitin en la Plaza Baralt de Maracaibo, el 8 de abril de 1960. Jorge está entre los fundadores de esa izquierda revolucionaria, siendo un joven de 18 años. A partir de ese momento se incorpora a la juventud de ese movimiento. Actúa en el epicentro de los movimientos políticos en Caracas, la Universidad Central de Venezuela, donde estudia Economía, y llega a ser un conocido dirigente estudiantil. Fue delegado por los estudiantes al Consejo Universitario. Allí junto al rector Jesús María Bianco vive y sufre las consecuencias del allanamiento y cierre de la UCV, el 31 de octubre de 1969, por órdenes expresas del presidente Rafael Caldera.

A través del recorrido de las andanzas de Jorge, uno se consigue con la historia política reciente. 1968 y 1969 son años de redefiniciones para el movimiento revolucionario. El Che Guevara acaba de dar su último combate en Bolivia. Hay ebullición y conflicto. En agosto de 1968 la Unión Soviética invade Checoslovaquia, acción que genera fuertes controversias, y también ese año se produce el mayo francés, que sacude mitos y conceptos. La revolución cubana impacta en toda la región.

La izquierda venezolana se revisa después del periodo intenso y épico de las guerrillas de esa década del 60. Así llegamos a la división del MIR. Jorge Rodríguez, Julio Escalona, Marcos Gómez y Fernando Soto Rojas, y otros, originan una nueva corriente crítica, y señalan un nuevo horizonte político, sin claudicaciones, ni derrotismo. No todo estaba perdido.

Cuando en diciembre de 1970 se lleva a cabo el Congreso Cultural de Cabimas, los organizadores reciben una carta del núcleo fundador de la Organización de Revolucionarios, OR, que se proponía diversas formas de lucha y organización.

En 1972 Jorge es detenido por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), con la acusación predilecta de los cuerpos de represión: rebelión militar. Fue recluido en la Cárcel de Sabaneta de Maracaibo donde comparte esos días de prisión con José Rafael Zabala y Miguel Díaz Zárraga, y un grupo de campesinos de Lara y Trujillo. Muchos de ellos fueron alfabetizados por el maestro Jorge y sus compañeros.

En 1973, cuando Jorge sale de la cárcel, recorre el país como parte del esfuerzo por reorganizar y relanzar el campo popular. En condiciones muy adversas, de amenazas y derechos políticos precarios, casi inexistentes, se suma al movimiento por el voto nulo, que le permite ir juntando vínculos, cicatrizando heridas y recomponer las fuerzas. Como resultado de aquella jornada, en noviembre de 1973 se anuncia la creación de la Liga Socialista, que en los primeros días apareció con un nombre largo y nada recomendable, para quien piensa en comunicación: Liga por los Derechos del Pueblo y el Socialismo.

A este movimiento, Jorge se dedica en cuerpo y alma. Sobresale por sus dones culturales, su calidad como orador y por supuesto por su condición humana, de alguien que sabe crear comunidad. Una mañana en la casa de la Liga de Maracaibo, en la avenida La Limpia, con agilidad de redactor de los antiguos diarios impresos, lo vi escribir un documento o texto, que luego corrigió con máxima exigencia de afinada sintaxis, signos de puntuación, giros semánticos y calidad narrativa.

En esa aventura vital y ciclópea recibe el golpe fatal, primero con su detención, por la Disip, policía de represión política, saliendo de un local de la Liga en Catia, Caracas, y a los pocos días su asesinato, víctima de la tortura feroz a la que es sometido, el 25 de julio de 1976. Ese día matan al dirigente político y popular de 34 años, al muchacho rebelde que vino de una familia pobre de Carora, y nace la leyenda que no termina de crecer. Han pasado 50 años y aquí estamos conversando sobre su hazaña y su épica.

Las palabras clave

El tiempo que deja una huella imperecedera o derrumba la obra mal hecha, deja constancia de que estamos conversando sobre un liderazgo político verdadero, que sigue vivo.

En Jorge Rodríguez encontramos un legado que se puede resumir en cuatro palabras clave: perseverancia, organización, difusión y formación.

La consigna o contraseña de la Organización de Revolucionarios era: Perseveraremos, no nos derrotarán, triunfaremos. Allí está la primera clave. Perseverar porque el cambio revolucionario es un horizonte de vida siempre. No una fiebre pasajera.

Organizarse para adelantar el proyecto revolucionario, ahora y después. A corto, mediano y largo plazo. Organizarse para luchar por la victoria. Esa es la segunda clave. Organizarse en lo personal y en colectivo. Participar de la organización popular, sea comunal, cultural, deportiva, sindical. Cultivar los vínculos con la familia, con los panas, y en la comunidad para tejer lazos y vínculos indestructibles. Jorge Rodríguez decía: organizarse allí donde están las masas, lo cual orienta sobre la urgencia de juntarse con pueblos y comunidades. Una de las prioridades fue promover la organización obrera en los centros fabriles del país, tal es el caso de los trabajadores siderúrgicos, del aluminio, de las empresas eléctricas y textiles, y en entre los trabajadores petroleros. Muchos testimonios quedan de aquellas jornadas que se hicieron contra la corriente y venciendo limitaciones.

La tercera clave es la difusión del proyecto que somos y de lo que hacemos para darle vida. Es la comunicación para enseñar todo lo que tenemos en común y en un mundo de noticias falsas y de algoritmos desbocados también para defendernos. Lo remarco de esta manera porque no es solo hacer propaganda. El que se queda en eso le habla solo a los convencidos. Quienes militamos en la justicia social, la igualdad y los derechos, tenemos que seguir enamorando a nuestro pueblo para construir humanismo y trascender al mundo desigual e injusto del capitalismo.

La cuarta clave es la formación, promoviendo la lectura, el estudio y la importancia del conocimiento. No quedarnos en la información. Ir más allá y reunir conocimiento y sabiduría.

Una escuela permanente

En buena parte esa fue La Liga Socialista que nos conmovió de jóvenes y no tan jóvenes. Fue un movimiento político, con sus aciertos y limitaciones, claro está. No hay obra humana perfecta, y menos en política. Pero cumplió con una serie de líneas centrales que justificaron su creación.

Defendió el socialismo como proyecto y proclamó que para alcanzar esa meta suprema hace falta coraje, voluntad, inteligencia y disposición para el combate. Eso se resume en su mensaje central : el socialismo se conquista peleando.

Fue, sobretodo, una escuela que le dio vida al pensamiento crítico. Allí aprendimos que había que leer de verdad y conocer a diversos autores comenzando por el marxismo. Conocer y leer sin prejuicio el socialismo chino, revisar la experiencia soviética, sobre la que se debatía y no solo se admiraba. Aproximarse a otros movimientos y experiencias latinoamericanas. Decirlo ahora es casi obvio, pero tomemos en cuenta que hace 40 o 45 años la izquierda no ganaba elecciones y en demasiados casos no podía participar, o estaba prohibida, acosada y perseguida.

Esa Liga Socialista trabajó desde el principio por la unidad de la izquierda y de quienes pensaban parecido. La línea era: unir a todo el que pueda ser unido contra el enemigo principal. Tómese en cuenta que veníamos de una etapa larga de divisiones y subdivisiones.

Y sobretodo, se combinaron formas de lucha y organización. Se corrieron riesgos y se pagaron costos muy dolorosos, con detenciones y asesinatos, sin embargo, aquel movimiento no se dejó acorralar, supo salir del ostracismo, no se quedó en las catacumbas a las que quisieron mandarnos.

En medio de una época tan difícil, con la represión y la persecución como una política de Estado, la Liga Socialista supo ser un lugar de encuentro y un espacio para la alegría. No consiguió todo lo que se propuso pero si lo más importante, mantuvo viva la idea del cambio social revolucionario, demostró que los venezolanos teníamos derecho a tener derechos sociales, económicos, culturales y políticos; reitero, lo más importante cultivó la esperanza por la vida digna. En un discurso, Jorge cita a Julius Fucik, cuando dice: "He vivido por la alegría. Por la alegría he ido al combate y por la alegría muero". Esta frase célebre de este periodista checoeslovaco aparece en el libro Reportaje al pie del patíbulo, publicado como un testamento de valentía y amor.

En los actos y actividades cotidianas de la Liga se juntaron artesanos, teatreros, poetas, músicos y artistas. Es de recordar tantas veces que Gloria Martín, Lilia Vera y Alí Primera le pusieron emoción a aquellas reuniones; Miguel Ordóñez y Marline, María Rodríguez, la cantante de Cumaná, el grupo Ahora, y muchos otros.


Los desafíos de este momento

Es inmenso el legado que nos deja un luchador como Jorge Rodríguez y es mucho lo que tenemos que seguir aprendiendo y haciendo para no dejarnos intimidar por los desafíos actuales, para cada uno de nosotros y para el pueblo que somos.

Después del golpe de Estado contra el presidente Chávez, en febrero de 2002, una amplia corriente de simpatía se levantó en el continente en favor de Venezuela. Habían ocurrido hechos extraordinarios: la victoria  de Chávez en diciembre de 1998 y luego la derrota del intento por acabar con el gobierno popular bolivariano. El comandante Chávez era una referencia indiscutible, dentro y fuera del país. Llegabas a otro país y el taxista te preguntaba por Chávez, como si fuera un familiar de uno.

La tierra gira y todo cambia. En este momento muchos ponen en duda al gobierno bolivariano actual, después de la invasión estadounidense del 3 de enero de este año y el consiguiente secuestro del presidente Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Al día de hoy tamaña violación de las leyes internacionales se mantiene.

En estos meses de 2026, hay una narrativa que se disemina desde el algoritmo enemigo: en Venezuela el Estado y el gobierno están ausentes. Todo está perdido y ya nada se puede hacer. Eso se repite hasta el cansancio. Es inevitable lo que Trump y sus secuaces llaman “el cambio de régimen”. Los dos terremotos recientes se han utilizado como pretexto para insistir en estas consejas.

No falta quien descree e incluso actuando de buena fe se deja confundir. Alí Primera nos dejó dicho, en Coquivacoa, un tema que dedicó al Zulia: La inocencia no mata al pueblo/ pero tampoco lo salva/ lo salvará su conciencia/ y en eso me apuesto el alma.

La verdad verdadera es diferente. El gobierno bolivariano, con sus defectos y errores, sigue al mando con Delcy Rodríguez, como presidente encargada. El movimiento bolivariano está sembrado como un árbol junto a una fuente. Tiene reservas para la lucha.

Es evidente la presión el imperialismo contra lo bolivariano, en un momento en el ha sido derrotado por Irán, quien al día de hoy ejerce plena soberanía sobre el estrecho de Ormuz. Por eso busca asegurar lo que de  manera abusiva califica como su patio trasero. De allí que intervenga en las elecciones recientes de Colombia y Perú, apoya a gobiernos entreguistas como el de Bolivia, el Salvador de Bukele, Ecuador, y la Argentina de Milei que les está cediendo el territorio. Hará todo lo posible para impedir la reelección de Lula en Brasil.

Ese es el tamaño del reto. Defender la soberanía y la independencia, y también defender el derecho a elegir y mantener el gobierno democrático y popular que nos dé la gana.

Hay experiencias que sería imperdonable olvidar. Cito cuatro de ellas. El ataque feroz contra el presidente Allende en Chile, quien decide pelear desde el palacio de La Moneda, con desventaja y sin posibilidades. Otra, la decisión de Getulio Vargas de no ceder ante las presiones y paga con su vida por defender el petróleo brasileño, en 1954. Se suicida y deja una carta-testamento. Otra, cuando Chávez se presenta ante los militares golpistas en 2002, es detenido y dos días después rescatado por la movilización popular. La experiencia de Francisco Caamaño en República dominicana, cuando intenta ingresar desde Cuba y lo estaban esperando. Hay mucho por revisar.

En el combate por la vida hay derrotas, como la del secuestro del presidente Maduro el 3 de enero. Pero aquí vamos... con nuestra utopía.

Hoy nos corresponde ser apasionados por el discurso. Construir nuevos relatos emancipatorios. Venimos de pelear por el derecho al voto. Apenas en 1946 por primera vez los venezolanos y venezolanas, mayores de 18 años, pudieron votar en Venezuela. Hace 50 años luchábamos para que se nos permitiera participar en las elecciones, es decir por el derecho a tener partidos legales. En 1968 el Partido Comunista y el MIR eran ilegales, por tanto el PCV se presentó en las presidenciales de ese año con otro nombre: Unión para Avanzar, UPA. Así pudo elegir a algunos diputados. Venimos de las luchas por ampliar la educación y la salud pública. En la década del 80 se formaban comités por el derecho al cupo en las universidades. Así pudiéramos seguir.

En este momento, levantamos las banderas por el derecho de Palestina a existir, contra el colonialismo y el neocolonialismo. Peleamos contra el bloqueo y las sanciones criminales que le roban a Venezuela su petróleo y su recurso. Reclamamos el derecho a hacer elecciones libres sin injerencia de Estados Unidos. Estamos en resistencia contra los megaproyectos mineros que amenazan las cuencas hídricas. Acompañamos a los pueblos originarios en sus luchas. Luchamos contra el algoritmo que está al servicio de la desinformación y de la propagación del odio y la discriminación.

Con Alvaro García Linera uno puede decir: "Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles son su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales?.

En estas luchas, los antecedentes y legados de luchadores, independentistas, socialistas y revolucionarios como Jorge Rodríguez sigue vivo y vigente, porque es una antorcha que nadie podrá quitar ni apagar.

XXX

 

Concejo Municipal de San Francisco, 23 de julio de 2026.

Orlando Villalobios Finol. Periodista, profesor universitario, escritor y militante de medios comunitarios.

 

martes, 3 de marzo de 2026

Cabimas, el Barroso y la huelga de 1936

 



(Discurso en la Alcaldía de Cabimas. 16 de diciembre de 2025)

Saludos a todos y todas. Estamos aquí reunidos para reflexionar, pensar, sobre nuestra historia venezolana, siguiendo el curso de lo que ha ocurrido con el petróleo.

Gracias por la invitación a este honorable cuerpo, al alcalde Frank Carreño, a las y los concejales, a las y los trabajadores de esta institución.

Hablar de lo que ha ocurrido y sucede con el petróleo es asomarnos a nuestras dichas y desdichas, a tantos episodios recientes y actuales, por eso es indispensable seguir esa huella, para informarse, conocer y saber, y saben también para qué, para construir identidad y memoria social, colectiva y ciudadana. Para saber de dónde venimos y para dónde vamos. Para que no nos borren la memoria. Solo así podemos mantener vivas nuestras ilusiones y pretensiones de cambio social y  vida digna.

 

El reventón del Barroso

El 14 de diciembre de 1922, hace 103 años, se produjo el reventón del Barroso 2, el acontecimiento que cambió la vida de Venezuela y modificó las fronteras geopolíticas y geoeconómicas internacionales. Hay que ver lo que debió significar y conmover aquel chorro petrolero del Barroso 2, que estuvo vomitando de manera descontrolada algo así como un millón de barriles que inundaron unas 740 hectáreas a la redonda.

Ese año, Venezuela producía 6 mil barriles de petróleo diarios. Lo que vino después fue el cambio profundo y radical de aquella Venezuela que se ufanaba o vivía, por lo menos, de su producción agrícola, especialmente café y cacao. En 1930 la producción petrolera alcanzó los 370 mil barriles diarios y esa cifra se siguió incrementando en las décadas siguientes.

Dice Tinker Salas (2014: 115): “Después de 1922 las operaciones se dieron en escala mucho mayor y el impacto de la producción petrolera alcanzó a cada rincón del país y afectó la vida tradicional de la mayoría de la población”.

Vinieron las compañías transnacionales a chuparse la savia de nuestra tierra. La Venezuela Oil Company, VOC, y la Caribbean dominaron las concesiones de tierra. La British Equatorial perforó el primer pozo sobre el agua en 1923 en la cercanía de La Rosa, dando paso a la transformación de la industria petrolera. En 1926, la Venezuela Gulf Oil perforó con éxito el Lago 1 en Lagunillas, y esa población pasó a convertirse en el principal campo petrolero de Venezuela.

En 1928 la compañía Lago descubrió otro campo muy lucrativo, Tía Juana. Así poco a poco la Costa Oriental del Lago fue adquiriendo importancia. Anota Tinker Salas (2014: 117): “después del éxito del Barroso, todas las miradas se tornaron hacia la costa oriental del lago, una zona que se extiende un kilómetro lago adentro”.

Un dato relevante es que entre 1925 y 1926, por primera vez, el petróleo superó al café como primer producto de exportación.

Cuenta Manuel Alfredo Rodríguez (SF) que “el país era considerado el paraíso de los inversionistas extranjeros pues la paz de cementerio impuesta por Juan Vicente Gómez -17 años de gobierno con inclusión de 12 de franca tiranía- permite a los consorcios petroleros norteamericanos y angloholandeses campear por sus fueros hasta el extremo de redactar en alguna ocasión, por manos de sus abogados, la legislación nacional en materia de hidrocarburos”. Es, en ese contexto, que en 1928 Venezuela pasó a ser el segundo exportador de petróleo más importante del mundo, según Osorio Alvarez (1928). La producción se incrementaba para beneficio de las transnacionales. Por eso Alí Primera (1981) dice en su canción Tía Juana: “En la costa oriental del lago/ sucede algo que da dolor/ Yo vi a mi hermano en el desamparo/ sin que vinieran a darle amor”.

La primera huelga petrolera

Ese auge experimentado por la incipiente industria petrolera demandó de una creciente mano de obra. Había que quitar un mundo y poner otro; limpiar maleza, tumbar árboles, entrar a una selva tropical reserva de serpientes venenosas e insectos insoportables. Un geólogo que vino con la Standard of New Jersey lo describió de este modo: “Todo aquello diseñado por los dioses para la tortura de la carne y la sujeción del espíritu… está unido para mantener inviolable esos tesoros escondidos, y para apartar a aquellos quienes profanarían la virginal soledad por medio de la grosera intromisión de una industria devoradora” (Oil Ventures in Venezuela, 1922).

La fuerza de los trabajadores dio esa batalla contra las adversidades naturales, tal es el caso de las enfermedades tropicales como la fiebre amarilla, el dengue y la malaria. Pero principalmente por las condiciones de explotación salvaje a la que eran sometidos.

A los trabajadores se les consideraba sustituibles si se enfermaban, se quejaban o reclamaban. No había derechos laborales, ni sindicatos ni nada.

Esa situación de indefensión e injusticia dio lugar a los movimientos de organización obrera para conseguir derechos, y para defenderse.

El 8 de junio de 1925 se inicia la primera huelga petrolera del país en Mene Grande. Unos 300 trabajadores, animados por la conducción del valiente Luis Augusto Malavé, se hacen sentir y presentan un pliego de peticiones que incluye viviendas dignas, asistencia médica y aumento salarial. La Caribbean Petroleum Corporation se negó a escucharlos y echó mano de la represión militar y policial, muy de la época gomecista. “El conflicto concluyó con un aumento salarial de 2 bolívares diarios, la promesa de la Shell en el sentido de estudiar las otras demandas formalizadas por los huelguistas y la desaparición del valeroso líder Malavé”. (Manuel Alfredo Rodríguez, SF).

En 1936 se lleva a cabo la gran huelga petrolera, todavía mencionada, valorada y estudiada. Los trabajadores tenían en mente lo del Barroso e iniciaron el conflicto el 14 de diciembre. Se mantuvo hasta el 22 de enero del año siguiente, 1937. Miremos al país de entonces. Ya había pasado la dictadura de Juan Vicente Gómez y estaba comenzando Eleazar López Contreras. El movimiento obrero buscaba abrirse paso, con reivindicaciones laborales pero también políticas. Se exigía el cumplimiento de las ocho horas laborales establecidas en la ley, que las empresas reconocieran a los sindicatos, la reincorporación de los obreros despedidos, un salario mínimo de 10 bolívares. Se reclamaba seguridad industrial y viviendas dignas para los obreros.

La acción puso de manifiesto, además, la identidad, la presencia de la clase trabajadora y fue el rescate de la soberanía nacional.

Un poco más, un poco menos es por lo que se sigue luchando en este momento del capitalismo: mejores salarios, viviendas dignas, derecho a la salud y a la educación, libertades y derechos ciudadanos. Con el neoliberalismo y el avance del conservadurismo muchos de los derechos conquistados están en riesgo. En Argentina, el gobierno introdujo en estos días una ley que elimina los contratos colectivos, las 8 horas de trabajo, las vacaciones, todo. Es la derecha regresiva, que quiere acabar con la educación pública, la salud pública.

El lunes 14 de diciembre 1936 estalló la huelga y más de 20 mil obreros se atrevieron a mirar más allá del horizonte. Buscaron salir de la sobrevivencia y dejar atrás los trabajos forzados, las condiciones de casi esclavitud, los continuos accidentes y muertes en las labores. No lo consiguieron todo pero mostraron la fuerza y el espíritu del que se atreve a más y quiere un mejor destino.

Esta fue la principal huelga venezolana que puso a la clase trabajadora en contra de las transnacionales imperialistas.

Para acabar con el conflicto, López Contreras firmó un decreto el 22 de enero de 1937, en medio de una violenta represión militar y policial. A los trabajadores se les dio un aumento salarial de un bolívar.

La huelga culminó de forma abrupta, después de 45 días como sabemos. Pero Venezuela se había conmocionado; estaba de pie. Fue una jornada heroica, de esas que se hacen imborrables.

Para exhaltar a los héroes y heroínas de aquella lucha nombro a Olga Luzardo, Manuel Taborda, Rodolfo Quintero, Luis Emiro Arrieta y tantos y tantas que pusieron su pecho, su talento y su capacidad.

Es necesario detenerse en la literatura y en la producción audiovisual de esa época. Cabe citar y recomendar Mene, de 1936, de Ramón Díaz Sánchez; Oficina Número 1 de Miguel Otero Silva, de 1961, situada en el oriente del país; y Mancha de aceite, del escritor colombiano César Uribe Piedrahita. Se publicó en 1935. El autor se desempeñó como médico en campos petroleros de Zulia y Falcón.

Hay que ver, comentar y debatir sobre el documental Los rostros del petróleo, de la Universidad del Zulia, con la dirección de Ivork Cordido. Allí aparece el testimonio de Olga Luzardo, Manuel Taborda y Pantaleón García, genios y figuras, dirigentes comunistas. También el documental de Jesús Enrique Guedez, de 1978, Testimonio de un obrero petrolero.

En las escuelas, casas de cultura, bibliotecas y en las comunas hay que mantener vivos estos temas, libros, películas y documentales.

 

Las fronteras artificiales del petróleo

 

Con el petróleo llegó un modo de vida que atornilló la dependencia y el neocolonialismo. Las compañías petroleras impusieron una cultura y un modelo que se patentó en algunas de sus creaciones/”innovaciones”. Entre ellos los campos petroleros, el comisariato y una cultura extranjerizante, todo lo cual redunda en los cambios en los patrones de consumo que vive el venezolano.

 

Los campos petroleros formalizaron la segregación social. Dividían a la población entre los empleados y trabajadores de la industria petrolera, un pequeño segmento, y una amplia mayoría excluida. En una misma familia venezolana podía ocurrir que un niño asistía a una escuela estatal pobre, casi sin recursos escolares, y otro miembro de esa familia, que estaba empleado en una petrolera, iba a una escuela donde lo recibían con un morral, lápices, cuadernos y todo lo que necesitaba. En los campos petroleros había escuelas, maestros, médicos y servicios. Fuera había otro país que apenas recibía retazos de aquel oasis de abundancia. Nadábamos entre la abundancia y la escasez, según el verbo afilado de Domingo Alberto Rangel.

 

Era obvia la herida social. En un documento de la Creole de 1951 se anota: “Las comunidades modernas que creamos tras las cercas tipo ciclón, literalmente complejos habitacionales, presentan un contraste muy indeseable con los pueblos que invariablemente brotaban fuera de las cercas” (H.A. Grimes (1951).

Los campos petroleros ponían un punto y una raya; eran fronteras artificiales levantadas a la fuerza. “La raya dice no hay paso/ el punto vía cerrada (…) Con tantas rayas y puntos/ el mapa es un telegrama”, advierte Aníbal Nazoa.

 

Ya en esos años, década de los 50, las compañías buscaban ahorrarse los gastos crecientes que les generaban los campos. El tema giró y continuó, a veces como debate y controversia, hasta que en 1954 en Maracaibo, las autoridades municipales demolieron las cercas que separaban el campo Bella Vista del resto de la ciudad. No fue una decisión autónoma, era parte del pacto con las petroleras. En cualquier caso, así se comienza con la etapa de la llamada integración de los campos, que no se dio de manera simultánea en todas partes, pero que fue llegando lentamente.

 

Esa fractura social que trajeron las compañías transnacionales como modo de vida se materializaba en el comisariato. Las compañías crearon una red de establecimientos en los campos donde hubiese más de 250 empleados (Miguel Tinker Salas, 2014). Los empleados y trabajadores se beneficiaban, de manera directa, y compraban, a precios subsidiados, de modo abundante para la propia familia y hasta para los amigos.

 

De paso se quitaba presión a las demandas sindicales de los trabajadores, cierto, pero aquella fue una política de crear campamentos en los lugares donde el petróleo fluía, para provecho directo de las transnacionales.

El resto de la población estaba muy lejos de aquella mesa bien servida. No todos estaban invitados. No era La Fiesta de Babette –la película danesa ganadora de un Oscar en 1987-. Eran las políticas de las petroleras que modificaban los patrones de consumo y el estilo de vida. Los que estaban en los campos lo vivían de modo directo; la mayoría que estaba fuera lo sufría. No era obligado que un trabajador comprara en un comisariato, pero no estaba permitido que los andinos o campesinos llegaran cerca de los campos a vender sus productos. Tampoco estaba bien visto que un empleado petrolero acudiera a un mercado popular. El prejuicio y el temor encontraron caldo de cultivo;  “qué dirán mis amistades”.

 

Ese estilo de vida alejado de valores propios se fue reforzando con las costumbres de clase media estadounidense que proyectaba el personal staff; con los campos de golf que se construyeron en Maracaibo –el country club-, Tía Juana, El Menito, La Concepción y Lagunillas, para que los gringos se sintieran como en casa; con los pinos importados para la Navidad, con el día de acción de gracia y Halloween –o día de brujas- que se celebraba en los campos y que empezaron a sembrarse.

 

La mirada cultural neocolonial impone que aquellas otras tradiciones se vean con ojos de admiración, mientras se cultiva la vergüenza étnica por las fiestas populares, tradiciones, prácticas y costumbres de nuestros pueblos.

 

A partir de estos cambios se estableció un modelo de ciudad y un tipo de sociedad donde la desigualdad estaba ahí, para todo el que la quería ver y estudiar. Es lo que conocimos y padecimos como ciudad, un tipo de organización social que contó con la intervención del Estado, vía políticas públicas, para que hubiera transformaciones urbanas favorables para que unos acumularán ganancias, como por arte de magia, y el resto se refugiara en las periferias, en condiciones de vidas precarias y con penurias.

 

El Congreso Cultural de Cabimas

Como parte de este recuento y análisis, cabe la referencia del Congreso Cultural de Cabimas, que se celebró del 4 al 6 de diciembre de 1970. Hace 55 años.

Fue un encuentro que reunió a trabajadores intelectuales, obreros, militantes políticos, artistas y campesinos, inspirados “en la lucha por la emancipación que iniciaron nuestros grandes héroes y heroínas”.

Aquella fue una jornada sobresaliente que ha quedado en el imaginario político venezolano. Quizás por el simbolismo de haberse fraguado en Cabimas, tierra petrolera por excelencia. El evento comenzó con un acto simbólico en el renombrado Barroso II, en el que se proclamó la nacionalización del petróleo.

En este Congreso se conformó un equipo de trabajo, el Comité Contra la Dependencia y el Neocolonialismo que quedó integrado por Salvador Garmendia, Carlos Contramaestre, Ramón Palomares, Víctor Valera Mora, Héctor Malavé Mata, Juan Calzadilla, Pedro Duno, Angel Márquez, Luis Cipriano Rodríguez, Elí Saúl Puchi, José R. Núñez Tenorio y Edmundo Aray. Hubo ponencias de Luis Britto García, junto a Plinio Negrete; Camilo Arcaya, Silvio Villegas y Jesús Prieto Soto. También estuvieron otros que hicieron llegar cartas y documentos –ensayos políticos- pero que en ese momento eran víctimas de la persecución y la represión: Douglas Bravo, Alí Rodríguez Araque y Julio Escalona.

Cada uno de ellos, y muchos otros que no incluyo en esta lista limitada, dejaron su huella grabada en leyendas, luchas memorables, canciones, obras de arte, organizaciones sociales; publicaron libros, construyeron escuelas, sembraron el derecho a tener derechos. Menciono a algunos que quizás no estuvieron en Cabimas, en diciembre de 1970, pero son referencias infaltables de la Venezuela rebelde, insumisa, comunitaria, que ha buscado siempre caminos de dignidad, justicia, derechos y soberanía. Alí Primera, Jorge Antonio Rodríguez, Carmelo Laborit, José Vicente Rangel, Ludovico Silva, Gloria Martí, Héctor Mujica, Lilia Vera y Cecilia Todd. De Maracaibo, Enrique Arenas, Edgar Petit y José Rafael Zavala, que en ese momento estaba confinado en la cárcel de Sabaneta, junto a Jorge Antonio Rodríguez, Miguel Díaz Zárraga y otros.

Incluyo pocos nombres porque el espacio lo impone, pero sé –sabemos- que la lista se nos haría insuficiente para incluir a quienes con su ánimo, voluntad y capacidad sembraron una obra pública; una cultura diferente, que hizo que se pensara en la vida comunitaria, como una forma de trascender más allá de cualquier intento individual por labrarse un destino pequeño y mezquino.

Para situar el significado de este Congreso de Cabimas es preciso reponer que el mundo, de 1970, atravesaba por convulsiones, con ecos en nuestras costas. La revolución cubana era un hito, estaban encendidas las brasas del mayo francés, de la protesta por la invasión soviética a Checoeslovaquia y vivas las luchas populares, obreras, campesinas y estudiantiles en Venezuela; se venía de la derrota del movimiento guerrillero y de la lucha armada; en Bolivia, el Che Guevara había escrito con sangre su epopeya y se comenzaba a levantar esa leyenda inmensa que es hoy; las universidades viven un proceso de cuestionamiento con el proceso de renovación universitaria, que culmina con el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela, el 31 de octubre de 1969, en el primer año de gobierno del conservador Rafael Caldera.

Es en ese contexto crítico, convulso y conflictivo que diversas organizaciones y personalidades tienen el acierto de encontrarse para evaluar la coyuntura, examinar las luchas políticas recientes, en la década del 60, y relanzar al movimiento político y cultural, sustentado en el pensamiento crítico.

Escribe Angel Rama que “sabido es que la historia la escriben los vencedores mientras conservan ese rango. Sabido es, sin embargo, que existe la eventualidad de una verdad que desdeña esos exclusivismos y tiende a la virtud y al valor e incluso a la autenticidad y la pasión que se ha puesto en el tablero de la vida”. He allí el reto y el valor de mostrar –impresa, en tinta digital, en piedras y en conversaciones- esa verdad que anda suelta en relatos, daguerrotipos y conversaciones y que revela una historia, grande y pequeña, personal y familiar, de lo que somos y seguimos siendo como patria.

 

Los desafíos actuales

Uno pudiera preguntarse ingenuamente, ¿por qué Venezuela está en el centro de la geopolítica internacional? ¿Por qué el expresidente Obama consideró a Venezuela una amenaza inusual extraordinaria? ¿por qué a lo largo de una década Estados Unidos ha impuesto leyes y medidas ejecutivas, para bloquear a Venezuela, con base en decisiones coercitivas y unilaterales?.

Cualquier respuesta inteligente nos remite a la importancia geoestratégica del petróleo. En toda esta centuria, Estados Unidos interviene y busca sacar provecho del petróleo venezolano.

A Rómulo Gallegos le dieron un golpe de Estado en noviembre de 1948, en una acción comandada por militares y políticos ligados a la embajada gringa, porque intentó ejecutar algunas políticas independientes. Por cierto, Gallegos, un personaje digno. En 1948 recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Columbia, pero en 1955 renunció a ese título, porque también se lo dieron al dictador de Guatemala, Carlos Castillo Armas.

En diciembre de 2002 se generó un paro petrolero patronal, con respaldo de una entregada central de trabajadores, para intentar frenar las políticas y medidas del presidente Hugo Chávez. El 21 de diciembre de 2002 sucedió la iniciativa que derrotó ese paro progringo. Con apoyo de los trabajadores, algunos ya estaban jubilados, se movió el buque Pilín León que tenía muchos días paralizado en el lago, frente a la Vereda del lago. Ese buque, que después fue bautizado como Negra Matea, se dirigió hacia el sur y llegó a la refinería de Bajo Grande, cargado de gasolina.  Los protagonistas de esa acción fueron el capitán Carlos López y el piloto maniobrista Ramón Dávila. En ese grupo también estaban Rómulo Contreras y el capitán Castellanos.

En los días que corren no cesa el asedio del imperialismo estadounidense. Están urgidos de petróleo, porque es un secreto a voces que sus reservas van en declive y son limitadas.

A lo largo de una década Estados Unidos ha impuesto leyes y medidas ejecutivas, para bloquear a Venezuela, apoyándose en decisiones coercitivas y unilaterales.

El Observatorio Venezolano Antibloqueo (2025) detalla que, además de las de diciembre de 2014 y marzo de 2015, han sido dictadas otras ocho medidas coercitivas unilaterales (MCU). El 27 de mayo de 2021 anunció una para paralizar las operaciones en el sector oro de la economía venezolana.

El 5 de agosto de 2019, Trump decidió el bloqueo sobre los activos de Venezuela en territorio estadounidense, para confiscar Citgo, las sedes diplomáticas y otros activos venezolanos.

Ese afán de agresión es en los hechos una política neocolonial de sometimiento y de intervención descarada, que se ha concretado, desde hace cinco años, en el embargo ilegal y el robo de Citgo Petroleum Corporation, empresa que reúne un grupo de refinadoras de petróleo y estaciones de gasolina, lubricantes y petroquímicos. Es una de las principales en su área, con 14,885 estaciones de servicio.

La intervención imperialista es grosera y está a la vista de cualquiera. El despliegue naval en el Caribe es ilegal, viola leyes internacionales.

A nosotros nos toca responder con aquella frase de Galileo, que pronunció frente al tribunal que lo amenazaba y juzgaba. El sostenía que la tierra era redonda y cuando tuvo negarse, a la fuerza para salvar la vida, dijo: Y sin embargo se mueve.

Hay un contexto internacional que juega en contra de Estados Unidos. Han surgidos otras potencias como Rusia y China, aparecen los Brics, desde Colombia, Brasil y México llegan mensajes de apoyo a Venezuela. Resulta emocionante todas esas manifestaciones de apoyo a nuestro país en ciudades estadounidenses, en México, Colombia. En Argentina muchos colectivos militan con la causa de la revolución bolivariana. Conozco de compañeros y compañeras de medios comunitarios de Argentina y Brasil que levantan la voz por Venezuela. Quiero mencionar a los compañeros de Radio Trinchera en La Plata, Argentina, por el acompañamiento diario de la situación nuestra. En las redes uno se tropieza con influencers internacionales que analizan, razonan y con mucha convicción hablan en favor de Venezuela. Qué arrechas y certeras son las explicaciones de Irene Montero, de la escritora chilena Isabel Allende, de Juan Carlos Monedero, del maestro Atilio Borón, y así de tantos y tantas.

Es un dato cierto que mister Trump no las tiene todas a su favor. Los resultados de elecciones recientes en Estados Unidos muestran un fenómeno nuevo. Los partidarios Maga, Make America Great Again, de Trump, han perdido en Nueva York, Miami, Nueva Jersey, Virginia e Indiana. Incluso, dentro del movimiento Maga hay una corriente que rechaza la intervención militar en Venezuela.

Lo más importante, lo sabemos, es la propia fortaleza de unidad nacional. Hay una campaña agresiva que se apoya en redes y en la inteligencia artificial para buscar quebrar psicológicamente a la población. Hasta ahora no lo han logrado. Ni lo lograrán, pero eso depende de todos nosotros y nosotras, más allá de si hacemos observaciones al gobierno en sus políticas y ejecuciones.

Ponen el cerco naval en el Caribe, pero atención esta es, principalmente, una guerra cognitiva,  es la disputa por el sentido común, por imponer la idea del mundo que prevalece. El discurso hegemónico está en los medios, en las redes, en los mensajes de texto y tiene el poder potencial de someter y manipular la vulnerabilidad de los seres humanos. Es guerra simbólica, psicológica, cultural, cógnitiva. Tiene esas denominaciones.

Su campo de batalla está en el cerebro, en la mente humana. Se sustenta en el uso de las tecnologías digitales, incluida la inteligencia artificial, para imponer puntos de vista y decidir sobre los acontecimientos actuales y futuros. Por eso encontramos a gente muy pobre que vota por los candidatos de los ricos y venezolanos, algunos en el exterior, que cegados por el odio piden la intervención militar extranjera, e invocan al colonizador y esclavista, llámese Trump o como se llame.

Nosotros y nosotras, con nuestra fuerza, espíritu, con nuestros dioses, con San Benito y Maria Lionza, con José Gregorio Hernández, con nuestra IA saldremos adelante en bien de la patria. Tenemos inteligencia artesanal y ancestral. Imagínate.

 

Decir Cabimas

La primera vez que escuché la palabra Cabimas fue por el equipo que jugaba en la Liga de Beisbol Profesional Occidental, en la primera parte de la década del 60. Era un nombre sonoro y preciso. Yo era apenas un muchacho rebelde y no tenía mucha idea del mundo. En mi casa se escuchaban los partidos de beisbol y allí aparecía Cabimas, algunas veces.

Viene a cuento referir que en década del 50 y principios del 60 en Venezuela había dos ligas de beisbol profesional. Una occidental que reunía a equipos tradicionales de Maracaibo como Gavilanes, Rapiños y Pastora, y también a Cardenales de Lara, y en algún momento participo Cabimas. La otra liga era la central del país, donde estaban Caracas, Magallanes, La Guaira y otros equipos.

Después en los tiempos de mi militancia en la Liga Socialista estuve muchas veces en Cabimas, la tierra prometida, como socarronamente dice la periodista Mariela Rojas. En la década del 70, si en algún lugar había peligro y riesgo era en Cabimas. Desde que llegabas sentías la amenaza de la Disip que se exhibía desde sus carros y tenía la labor oprobiosa de perseguir y detener a militantes y simpatizantes de las organizaciones revolucionarias, con cualquier pretexto.

Decir Cabimas es decir petróleo, lago, corporaciones transnacionales, explotación, dependencia y neocolonialismo, pero también lucha de gente que no se rinde. Todas esas son palabras con implicaciones gruesas.

El petróleo conmocionó Cabimas, la Costa Oriental del Lago, al Zulia, en fin, pero no pudo acabar con tesoros valiosos: la identidad; no pudo con San Benito, ni con los gaiteros de Cabimas, ni con la arepa cabimera.

La historia siguió y aquí estamos hoy en plena lucha, con ideas y proyectos, con esta Venezuela bolivariana que insurge en este siglo XXI, cambalache, problemático y febril, según el tango de Enrique Santos Discépolo.

Feliz año nuevo. Muchas gracias.

Referencias

Grimes, H.A. (1951). Creole Coordination Group Meeting, Caracas, p. 3.

Observatorio Venezolano Antibloqueo (2025, diciembre 1). Recuperado de: https://observatorio.gob.ve/leyes-y-ordenes-ejecutivas/

Oil Ventures in Venezuela, lamp, abril 1922, p. 19.

Osorio Alvarez (31 de  marzo de 1928). Geografía de la población de Venezuela, Tropical Sun. p. 46-47.

Primera, Alí (1981). Tía Juana. Sello Cigarrón.

Rodríguez, Manuel Alfredo (SF). La revista Oriflama y el espíritu del 28. Recuperado de https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/2000/vol82/no331/23.pdf

Tinker Salas, Miguel (2014) Una herencia que perdura. Petróleo, cultura y sociedad en Venezuela, Caracas, Editorial Galac.