martes, 3 de marzo de 2026

Cabimas, el Barroso y la huelga de 1936

 



(Discurso en la Alcaldía de Cabimas. 16 de diciembre de 2025)

Saludos a todos y todas. Estamos aquí reunidos para reflexionar, pensar, sobre nuestra historia venezolana, siguiendo el curso de lo que ha ocurrido con el petróleo.

Gracias por la invitación a este honorable cuerpo, al alcalde Frank Carreño, a las y los concejales, a las y los trabajadores de esta institución.

Hablar de lo que ha ocurrido y sucede con el petróleo es asomarnos a nuestras dichas y desdichas, a tantos episodios recientes y actuales, por eso es indispensable seguir esa huella, para informarse, conocer y saber, y saben también para qué, para construir identidad y memoria social, colectiva y ciudadana. Para saber de dónde venimos y para dónde vamos. Para que no nos borren la memoria. Solo así podemos mantener vivas nuestras ilusiones y pretensiones de cambio social y  vida digna.

 

El reventón del Barroso

El 14 de diciembre de 1922, hace 103 años, se produjo el reventón del Barroso 2, el acontecimiento que cambió la vida de Venezuela y modificó las fronteras geopolíticas y geoeconómicas internacionales. Hay que ver lo que debió significar y conmover aquel chorro petrolero del Barroso 2, que estuvo vomitando de manera descontrolada algo así como un millón de barriles que inundaron unas 740 hectáreas a la redonda.

Ese año, Venezuela producía 6 mil barriles de petróleo diarios. Lo que vino después fue el cambio profundo y radical de aquella Venezuela que se ufanaba o vivía, por lo menos, de su producción agrícola, especialmente café y cacao. En 1930 la producción petrolera alcanzó los 370 mil barriles diarios y esa cifra se siguió incrementando en las décadas siguientes.

Dice Tinker Salas (2014: 115): “Después de 1922 las operaciones se dieron en escala mucho mayor y el impacto de la producción petrolera alcanzó a cada rincón del país y afectó la vida tradicional de la mayoría de la población”.

Vinieron las compañías transnacionales a chuparse la savia de nuestra tierra. La Venezuela Oil Company, VOC, y la Caribbean dominaron las concesiones de tierra. La British Equatorial perforó el primer pozo sobre el agua en 1923 en la cercanía de La Rosa, dando paso a la transformación de la industria petrolera. En 1926, la Venezuela Gulf Oil perforó con éxito el Lago 1 en Lagunillas, y esa población pasó a convertirse en el principal campo petrolero de Venezuela.

En 1928 la compañía Lago descubrió otro campo muy lucrativo, Tía Juana. Así poco a poco la Costa Oriental del Lago fue adquiriendo importancia. Anota Tinker Salas (2014: 117): “después del éxito del Barroso, todas las miradas se tornaron hacia la costa oriental del lago, una zona que se extiende un kilómetro lago adentro”.

Un dato relevante es que entre 1925 y 1926, por primera vez, el petróleo superó al café como primer producto de exportación.

Cuenta Manuel Alfredo Rodríguez (SF) que “el país era considerado el paraíso de los inversionistas extranjeros pues la paz de cementerio impuesta por Juan Vicente Gómez -17 años de gobierno con inclusión de 12 de franca tiranía- permite a los consorcios petroleros norteamericanos y angloholandeses campear por sus fueros hasta el extremo de redactar en alguna ocasión, por manos de sus abogados, la legislación nacional en materia de hidrocarburos”. Es, en ese contexto, que en 1928 Venezuela pasó a ser el segundo exportador de petróleo más importante del mundo, según Osorio Alvarez (1928). La producción se incrementaba para beneficio de las transnacionales. Por eso Alí Primera (1981) dice en su canción Tía Juana: “En la costa oriental del lago/ sucede algo que da dolor/ Yo vi a mi hermano en el desamparo/ sin que vinieran a darle amor”.

La primera huelga petrolera

Ese auge experimentado por la incipiente industria petrolera demandó de una creciente mano de obra. Había que quitar un mundo y poner otro; limpiar maleza, tumbar árboles, entrar a una selva tropical reserva de serpientes venenosas e insectos insoportables. Un geólogo que vino con la Standard of New Jersey lo describió de este modo: “Todo aquello diseñado por los dioses para la tortura de la carne y la sujeción del espíritu… está unido para mantener inviolable esos tesoros escondidos, y para apartar a aquellos quienes profanarían la virginal soledad por medio de la grosera intromisión de una industria devoradora” (Oil Ventures in Venezuela, 1922).

La fuerza de los trabajadores dio esa batalla contra las adversidades naturales, tal es el caso de las enfermedades tropicales como la fiebre amarilla, el dengue y la malaria. Pero principalmente por las condiciones de explotación salvaje a la que eran sometidos.

A los trabajadores se les consideraba sustituibles si se enfermaban, se quejaban o reclamaban. No había derechos laborales, ni sindicatos ni nada.

Esa situación de indefensión e injusticia dio lugar a los movimientos de organización obrera para conseguir derechos, y para defenderse.

El 8 de junio de 1925 se inicia la primera huelga petrolera del país en Mene Grande. Unos 300 trabajadores, animados por la conducción del valiente Luis Augusto Malavé, se hacen sentir y presentan un pliego de peticiones que incluye viviendas dignas, asistencia médica y aumento salarial. La Caribbean Petroleum Corporation se negó a escucharlos y echó mano de la represión militar y policial, muy de la época gomecista. “El conflicto concluyó con un aumento salarial de 2 bolívares diarios, la promesa de la Shell en el sentido de estudiar las otras demandas formalizadas por los huelguistas y la desaparición del valeroso líder Malavé”. (Manuel Alfredo Rodríguez, SF).

En 1936 se lleva a cabo la gran huelga petrolera, todavía mencionada, valorada y estudiada. Los trabajadores tenían en mente lo del Barroso e iniciaron el conflicto el 14 de diciembre. Se mantuvo hasta el 22 de enero del año siguiente, 1937. Miremos al país de entonces. Ya había pasado la dictadura de Juan Vicente Gómez y estaba comenzando Eleazar López Contreras. El movimiento obrero buscaba abrirse paso, con reivindicaciones laborales pero también políticas. Se exigía el cumplimiento de las ocho horas laborales establecidas en la ley, que las empresas reconocieran a los sindicatos, la reincorporación de los obreros despedidos, un salario mínimo de 10 bolívares. Se reclamaba seguridad industrial y viviendas dignas para los obreros.

La acción puso de manifiesto, además, la identidad, la presencia de la clase trabajadora y fue el rescate de la soberanía nacional.

Un poco más, un poco menos es por lo que se sigue luchando en este momento del capitalismo: mejores salarios, viviendas dignas, derecho a la salud y a la educación, libertades y derechos ciudadanos. Con el neoliberalismo y el avance del conservadurismo muchos de los derechos conquistados están en riesgo. En Argentina, el gobierno introdujo en estos días una ley que elimina los contratos colectivos, las 8 horas de trabajo, las vacaciones, todo. Es la derecha regresiva, que quiere acabar con la educación pública, la salud pública.

El lunes 14 de diciembre 1936 estalló la huelga y más de 20 mil obreros se atrevieron a mirar más allá del horizonte. Buscaron salir de la sobrevivencia y dejar atrás los trabajos forzados, las condiciones de casi esclavitud, los continuos accidentes y muertes en las labores. No lo consiguieron todo pero mostraron la fuerza y el espíritu del que se atreve a más y quiere un mejor destino.

Esta fue la principal huelga venezolana que puso a la clase trabajadora en contra de las transnacionales imperialistas.

Para acabar con el conflicto, López Contreras firmó un decreto el 22 de enero de 1937, en medio de una violenta represión militar y policial. A los trabajadores se les dio un aumento salarial de un bolívar.

La huelga culminó de forma abrupta, después de 45 días como sabemos. Pero Venezuela se había conmocionado; estaba de pie. Fue una jornada heroica, de esas que se hacen imborrables.

Para exhaltar a los héroes y heroínas de aquella lucha nombro a Olga Luzardo, Manuel Taborda, Rodolfo Quintero, Luis Emiro Arrieta y tantos y tantas que pusieron su pecho, su talento y su capacidad.

Es necesario detenerse en la literatura y en la producción audiovisual de esa época. Cabe citar y recomendar Mene, de 1936, de Ramón Díaz Sánchez; Oficina Número 1 de Miguel Otero Silva, de 1961, situada en el oriente del país; y Mancha de aceite, del escritor colombiano César Uribe Piedrahita. Se publicó en 1935. El autor se desempeñó como médico en campos petroleros de Zulia y Falcón.

Hay que ver, comentar y debatir sobre el documental Los rostros del petróleo, de la Universidad del Zulia, con la dirección de Ivork Cordido. Allí aparece el testimonio de Olga Luzardo, Manuel Taborda y Pantaleón García, genios y figuras, dirigentes comunistas. También el documental de Jesús Enrique Guedez, de 1978, Testimonio de un obrero petrolero.

En las escuelas, casas de cultura, bibliotecas y en las comunas hay que mantener vivos estos temas, libros, películas y documentales.

 

Las fronteras artificiales del petróleo

 

Con el petróleo llegó un modo de vida que atornilló la dependencia y el neocolonialismo. Las compañías petroleras impusieron una cultura y un modelo que se patentó en algunas de sus creaciones/”innovaciones”. Entre ellos los campos petroleros, el comisariato y una cultura extranjerizante, todo lo cual redunda en los cambios en los patrones de consumo que vive el venezolano.

 

Los campos petroleros formalizaron la segregación social. Dividían a la población entre los empleados y trabajadores de la industria petrolera, un pequeño segmento, y una amplia mayoría excluida. En una misma familia venezolana podía ocurrir que un niño asistía a una escuela estatal pobre, casi sin recursos escolares, y otro miembro de esa familia, que estaba empleado en una petrolera, iba a una escuela donde lo recibían con un morral, lápices, cuadernos y todo lo que necesitaba. En los campos petroleros había escuelas, maestros, médicos y servicios. Fuera había otro país que apenas recibía retazos de aquel oasis de abundancia. Nadábamos entre la abundancia y la escasez, según el verbo afilado de Domingo Alberto Rangel.

 

Era obvia la herida social. En un documento de la Creole de 1951 se anota: “Las comunidades modernas que creamos tras las cercas tipo ciclón, literalmente complejos habitacionales, presentan un contraste muy indeseable con los pueblos que invariablemente brotaban fuera de las cercas” (H.A. Grimes (1951).

Los campos petroleros ponían un punto y una raya; eran fronteras artificiales levantadas a la fuerza. “La raya dice no hay paso/ el punto vía cerrada (…) Con tantas rayas y puntos/ el mapa es un telegrama”, advierte Aníbal Nazoa.

 

Ya en esos años, década de los 50, las compañías buscaban ahorrarse los gastos crecientes que les generaban los campos. El tema giró y continuó, a veces como debate y controversia, hasta que en 1954 en Maracaibo, las autoridades municipales demolieron las cercas que separaban el campo Bella Vista del resto de la ciudad. No fue una decisión autónoma, era parte del pacto con las petroleras. En cualquier caso, así se comienza con la etapa de la llamada integración de los campos, que no se dio de manera simultánea en todas partes, pero que fue llegando lentamente.

 

Esa fractura social que trajeron las compañías transnacionales como modo de vida se materializaba en el comisariato. Las compañías crearon una red de establecimientos en los campos donde hubiese más de 250 empleados (Miguel Tinker Salas, 2014). Los empleados y trabajadores se beneficiaban, de manera directa, y compraban, a precios subsidiados, de modo abundante para la propia familia y hasta para los amigos.

 

De paso se quitaba presión a las demandas sindicales de los trabajadores, cierto, pero aquella fue una política de crear campamentos en los lugares donde el petróleo fluía, para provecho directo de las transnacionales.

El resto de la población estaba muy lejos de aquella mesa bien servida. No todos estaban invitados. No era La Fiesta de Babette –la película danesa ganadora de un Oscar en 1987-. Eran las políticas de las petroleras que modificaban los patrones de consumo y el estilo de vida. Los que estaban en los campos lo vivían de modo directo; la mayoría que estaba fuera lo sufría. No era obligado que un trabajador comprara en un comisariato, pero no estaba permitido que los andinos o campesinos llegaran cerca de los campos a vender sus productos. Tampoco estaba bien visto que un empleado petrolero acudiera a un mercado popular. El prejuicio y el temor encontraron caldo de cultivo;  “qué dirán mis amistades”.

 

Ese estilo de vida alejado de valores propios se fue reforzando con las costumbres de clase media estadounidense que proyectaba el personal staff; con los campos de golf que se construyeron en Maracaibo –el country club-, Tía Juana, El Menito, La Concepción y Lagunillas, para que los gringos se sintieran como en casa; con los pinos importados para la Navidad, con el día de acción de gracia y Halloween –o día de brujas- que se celebraba en los campos y que empezaron a sembrarse.

 

La mirada cultural neocolonial impone que aquellas otras tradiciones se vean con ojos de admiración, mientras se cultiva la vergüenza étnica por las fiestas populares, tradiciones, prácticas y costumbres de nuestros pueblos.

 

A partir de estos cambios se estableció un modelo de ciudad y un tipo de sociedad donde la desigualdad estaba ahí, para todo el que la quería ver y estudiar. Es lo que conocimos y padecimos como ciudad, un tipo de organización social que contó con la intervención del Estado, vía políticas públicas, para que hubiera transformaciones urbanas favorables para que unos acumularán ganancias, como por arte de magia, y el resto se refugiara en las periferias, en condiciones de vidas precarias y con penurias.

 

El Congreso Cultural de Cabimas

Como parte de este recuento y análisis, cabe la referencia del Congreso Cultural de Cabimas, que se celebró del 4 al 6 de diciembre de 1970. Hace 55 años.

Fue un encuentro que reunió a trabajadores intelectuales, obreros, militantes políticos, artistas y campesinos, inspirados “en la lucha por la emancipación que iniciaron nuestros grandes héroes y heroínas”.

Aquella fue una jornada sobresaliente que ha quedado en el imaginario político venezolano. Quizás por el simbolismo de haberse fraguado en Cabimas, tierra petrolera por excelencia. El evento comenzó con un acto simbólico en el renombrado Barroso II, en el que se proclamó la nacionalización del petróleo.

En este Congreso se conformó un equipo de trabajo, el Comité Contra la Dependencia y el Neocolonialismo que quedó integrado por Salvador Garmendia, Carlos Contramaestre, Ramón Palomares, Víctor Valera Mora, Héctor Malavé Mata, Juan Calzadilla, Pedro Duno, Angel Márquez, Luis Cipriano Rodríguez, Elí Saúl Puchi, José R. Núñez Tenorio y Edmundo Aray. Hubo ponencias de Luis Britto García, junto a Plinio Negrete; Camilo Arcaya, Silvio Villegas y Jesús Prieto Soto. También estuvieron otros que hicieron llegar cartas y documentos –ensayos políticos- pero que en ese momento eran víctimas de la persecución y la represión: Douglas Bravo, Alí Rodríguez Araque y Julio Escalona.

Cada uno de ellos, y muchos otros que no incluyo en esta lista limitada, dejaron su huella grabada en leyendas, luchas memorables, canciones, obras de arte, organizaciones sociales; publicaron libros, construyeron escuelas, sembraron el derecho a tener derechos. Menciono a algunos que quizás no estuvieron en Cabimas, en diciembre de 1970, pero son referencias infaltables de la Venezuela rebelde, insumisa, comunitaria, que ha buscado siempre caminos de dignidad, justicia, derechos y soberanía. Alí Primera, Jorge Antonio Rodríguez, Carmelo Laborit, José Vicente Rangel, Ludovico Silva, Gloria Martí, Héctor Mujica, Lilia Vera y Cecilia Todd. De Maracaibo, Enrique Arenas, Edgar Petit y José Rafael Zavala, que en ese momento estaba confinado en la cárcel de Sabaneta, junto a Jorge Antonio Rodríguez, Miguel Díaz Zárraga y otros.

Incluyo pocos nombres porque el espacio lo impone, pero sé –sabemos- que la lista se nos haría insuficiente para incluir a quienes con su ánimo, voluntad y capacidad sembraron una obra pública; una cultura diferente, que hizo que se pensara en la vida comunitaria, como una forma de trascender más allá de cualquier intento individual por labrarse un destino pequeño y mezquino.

Para situar el significado de este Congreso de Cabimas es preciso reponer que el mundo, de 1970, atravesaba por convulsiones, con ecos en nuestras costas. La revolución cubana era un hito, estaban encendidas las brasas del mayo francés, de la protesta por la invasión soviética a Checoeslovaquia y vivas las luchas populares, obreras, campesinas y estudiantiles en Venezuela; se venía de la derrota del movimiento guerrillero y de la lucha armada; en Bolivia, el Che Guevara había escrito con sangre su epopeya y se comenzaba a levantar esa leyenda inmensa que es hoy; las universidades viven un proceso de cuestionamiento con el proceso de renovación universitaria, que culmina con el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela, el 31 de octubre de 1969, en el primer año de gobierno del conservador Rafael Caldera.

Es en ese contexto crítico, convulso y conflictivo que diversas organizaciones y personalidades tienen el acierto de encontrarse para evaluar la coyuntura, examinar las luchas políticas recientes, en la década del 60, y relanzar al movimiento político y cultural, sustentado en el pensamiento crítico.

Escribe Angel Rama que “sabido es que la historia la escriben los vencedores mientras conservan ese rango. Sabido es, sin embargo, que existe la eventualidad de una verdad que desdeña esos exclusivismos y tiende a la virtud y al valor e incluso a la autenticidad y la pasión que se ha puesto en el tablero de la vida”. He allí el reto y el valor de mostrar –impresa, en tinta digital, en piedras y en conversaciones- esa verdad que anda suelta en relatos, daguerrotipos y conversaciones y que revela una historia, grande y pequeña, personal y familiar, de lo que somos y seguimos siendo como patria.

 

Los desafíos actuales

Uno pudiera preguntarse ingenuamente, ¿por qué Venezuela está en el centro de la geopolítica internacional? ¿Por qué el expresidente Obama consideró a Venezuela una amenaza inusual extraordinaria? ¿por qué a lo largo de una década Estados Unidos ha impuesto leyes y medidas ejecutivas, para bloquear a Venezuela, con base en decisiones coercitivas y unilaterales?.

Cualquier respuesta inteligente nos remite a la importancia geoestratégica del petróleo. En toda esta centuria, Estados Unidos interviene y busca sacar provecho del petróleo venezolano.

A Rómulo Gallegos le dieron un golpe de Estado en noviembre de 1948, en una acción comandada por militares y políticos ligados a la embajada gringa, porque intentó ejecutar algunas políticas independientes. Por cierto, Gallegos, un personaje digno. En 1948 recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Columbia, pero en 1955 renunció a ese título, porque también se lo dieron al dictador de Guatemala, Carlos Castillo Armas.

En diciembre de 2002 se generó un paro petrolero patronal, con respaldo de una entregada central de trabajadores, para intentar frenar las políticas y medidas del presidente Hugo Chávez. El 21 de diciembre de 2002 sucedió la iniciativa que derrotó ese paro progringo. Con apoyo de los trabajadores, algunos ya estaban jubilados, se movió el buque Pilín León que tenía muchos días paralizado en el lago, frente a la Vereda del lago. Ese buque, que después fue bautizado como Negra Matea, se dirigió hacia el sur y llegó a la refinería de Bajo Grande, cargado de gasolina.  Los protagonistas de esa acción fueron el capitán Carlos López y el piloto maniobrista Ramón Dávila. En ese grupo también estaban Rómulo Contreras y el capitán Castellanos.

En los días que corren no cesa el asedio del imperialismo estadounidense. Están urgidos de petróleo, porque es un secreto a voces que sus reservas van en declive y son limitadas.

A lo largo de una década Estados Unidos ha impuesto leyes y medidas ejecutivas, para bloquear a Venezuela, apoyándose en decisiones coercitivas y unilaterales.

El Observatorio Venezolano Antibloqueo (2025) detalla que, además de las de diciembre de 2014 y marzo de 2015, han sido dictadas otras ocho medidas coercitivas unilaterales (MCU). El 27 de mayo de 2021 anunció una para paralizar las operaciones en el sector oro de la economía venezolana.

El 5 de agosto de 2019, Trump decidió el bloqueo sobre los activos de Venezuela en territorio estadounidense, para confiscar Citgo, las sedes diplomáticas y otros activos venezolanos.

Ese afán de agresión es en los hechos una política neocolonial de sometimiento y de intervención descarada, que se ha concretado, desde hace cinco años, en el embargo ilegal y el robo de Citgo Petroleum Corporation, empresa que reúne un grupo de refinadoras de petróleo y estaciones de gasolina, lubricantes y petroquímicos. Es una de las principales en su área, con 14,885 estaciones de servicio.

La intervención imperialista es grosera y está a la vista de cualquiera. El despliegue naval en el Caribe es ilegal, viola leyes internacionales.

A nosotros nos toca responder con aquella frase de Galileo, que pronunció frente al tribunal que lo amenazaba y juzgaba. El sostenía que la tierra era redonda y cuando tuvo negarse, a la fuerza para salvar la vida, dijo: Y sin embargo se mueve.

Hay un contexto internacional que juega en contra de Estados Unidos. Han surgidos otras potencias como Rusia y China, aparecen los Brics, desde Colombia, Brasil y México llegan mensajes de apoyo a Venezuela. Resulta emocionante todas esas manifestaciones de apoyo a nuestro país en ciudades estadounidenses, en México, Colombia. En Argentina muchos colectivos militan con la causa de la revolución bolivariana. Conozco de compañeros y compañeras de medios comunitarios de Argentina y Brasil que levantan la voz por Venezuela. Quiero mencionar a los compañeros de Radio Trinchera en La Plata, Argentina, por el acompañamiento diario de la situación nuestra. En las redes uno se tropieza con influencers internacionales que analizan, razonan y con mucha convicción hablan en favor de Venezuela. Qué arrechas y certeras son las explicaciones de Irene Montero, de la escritora chilena Isabel Allende, de Juan Carlos Monedero, del maestro Atilio Borón, y así de tantos y tantas.

Es un dato cierto que mister Trump no las tiene todas a su favor. Los resultados de elecciones recientes en Estados Unidos muestran un fenómeno nuevo. Los partidarios Maga, Make America Great Again, de Trump, han perdido en Nueva York, Miami, Nueva Jersey, Virginia e Indiana. Incluso, dentro del movimiento Maga hay una corriente que rechaza la intervención militar en Venezuela.

Lo más importante, lo sabemos, es la propia fortaleza de unidad nacional. Hay una campaña agresiva que se apoya en redes y en la inteligencia artificial para buscar quebrar psicológicamente a la población. Hasta ahora no lo han logrado. Ni lo lograrán, pero eso depende de todos nosotros y nosotras, más allá de si hacemos observaciones al gobierno en sus políticas y ejecuciones.

Ponen el cerco naval en el Caribe, pero atención esta es, principalmente, una guerra cognitiva,  es la disputa por el sentido común, por imponer la idea del mundo que prevalece. El discurso hegemónico está en los medios, en las redes, en los mensajes de texto y tiene el poder potencial de someter y manipular la vulnerabilidad de los seres humanos. Es guerra simbólica, psicológica, cultural, cógnitiva. Tiene esas denominaciones.

Su campo de batalla está en el cerebro, en la mente humana. Se sustenta en el uso de las tecnologías digitales, incluida la inteligencia artificial, para imponer puntos de vista y decidir sobre los acontecimientos actuales y futuros. Por eso encontramos a gente muy pobre que vota por los candidatos de los ricos y venezolanos, algunos en el exterior, que cegados por el odio piden la intervención militar extranjera, e invocan al colonizador y esclavista, llámese Trump o como se llame.

Nosotros y nosotras, con nuestra fuerza, espíritu, con nuestros dioses, con San Benito y Maria Lionza, con José Gregorio Hernández, con nuestra IA saldremos adelante en bien de la patria. Tenemos inteligencia artesanal y ancestral. Imagínate.

 

Decir Cabimas

La primera vez que escuché la palabra Cabimas fue por el equipo que jugaba en la Liga de Beisbol Profesional Occidental, en la primera parte de la década del 60. Era un nombre sonoro y preciso. Yo era apenas un muchacho rebelde y no tenía mucha idea del mundo. En mi casa se escuchaban los partidos de beisbol y allí aparecía Cabimas, algunas veces.

Viene a cuento referir que en década del 50 y principios del 60 en Venezuela había dos ligas de beisbol profesional. Una occidental que reunía a equipos tradicionales de Maracaibo como Gavilanes, Rapiños y Pastora, y también a Cardenales de Lara, y en algún momento participo Cabimas. La otra liga era la central del país, donde estaban Caracas, Magallanes, La Guaira y otros equipos.

Después en los tiempos de mi militancia en la Liga Socialista estuve muchas veces en Cabimas, la tierra prometida, como socarronamente dice la periodista Mariela Rojas. En la década del 70, si en algún lugar había peligro y riesgo era en Cabimas. Desde que llegabas sentías la amenaza de la Disip que se exhibía desde sus carros y tenía la labor oprobiosa de perseguir y detener a militantes y simpatizantes de las organizaciones revolucionarias, con cualquier pretexto.

Decir Cabimas es decir petróleo, lago, corporaciones transnacionales, explotación, dependencia y neocolonialismo, pero también lucha de gente que no se rinde. Todas esas son palabras con implicaciones gruesas.

El petróleo conmocionó Cabimas, la Costa Oriental del Lago, al Zulia, en fin, pero no pudo acabar con tesoros valiosos: la identidad; no pudo con San Benito, ni con los gaiteros de Cabimas, ni con la arepa cabimera.

La historia siguió y aquí estamos hoy en plena lucha, con ideas y proyectos, con esta Venezuela bolivariana que insurge en este siglo XXI, cambalache, problemático y febril, según el tango de Enrique Santos Discépolo.

Feliz año nuevo. Muchas gracias.

Referencias

Grimes, H.A. (1951). Creole Coordination Group Meeting, Caracas, p. 3.

Observatorio Venezolano Antibloqueo (2025, diciembre 1). Recuperado de: https://observatorio.gob.ve/leyes-y-ordenes-ejecutivas/

Oil Ventures in Venezuela, lamp, abril 1922, p. 19.

Osorio Alvarez (31 de  marzo de 1928). Geografía de la población de Venezuela, Tropical Sun. p. 46-47.

Primera, Alí (1981). Tía Juana. Sello Cigarrón.

Rodríguez, Manuel Alfredo (SF). La revista Oriflama y el espíritu del 28. Recuperado de https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/2000/vol82/no331/23.pdf

Tinker Salas, Miguel (2014) Una herencia que perdura. Petróleo, cultura y sociedad en Venezuela, Caracas, Editorial Galac.

domingo, 6 de julio de 2025

NOS TRAJO LA PASIÓN POR EL DISCURSO




(Discurso Consejo Legislativo 2025. Por Orlando Villalobos Finol.

4 de julio de 2025. Sede del Consejo Legislativo del estado Zulia).

Saludos a todas y todos. A quienes consiguieron tiempo para venir. La presencia es preferencia. A quienes hicieron posible este encuentro. A los legisladores y legisladoras. En especial a Magdelis Valbuena, profesora, amiga, compañera de causas comunes. Mi abrazo fraterno a los y las colegas, y a los compañeros y compañeras que con quienes compartimos esta mañana.

Buenas noches, buena suerte

Yo que me emociono con películas que muestran lo útil y valioso del periodismo, no deja de sorprenderme que el nombre sencillo y modesto de periodismo sigue vigente e imborrable. El 27 de junio se celebra el Día del Periodista y se premia a los y las periodistas.

En la película Buenas noches, buena suerte, ambientada en 1953, en la época del macartismo en Estados Unidos, en plena guerra fría, cuando veían a comunistas por todas partes, un presentador de televisión Edward Murrow ocupa el rol del periodismo que desafía y acorrala al poderoso senador anticomunista Joseph McCarthy.

El macartismo puso en tela de juicio a los actores, actrices, guionistas, nadie se salvó. A los académicos y universitarios, al teatro y al cine, a los escritores. Sin ir muy lejos es lo que actualmente hacen Donald Trump, Elon Musk, Marcos Rubio y otros agentes imperiales y retrógrad

 

 

Periodismo: se hace camino al andar

Cuando el periodismo, después de muchas luchas, alcanzó el rango de carrera universitaria, cuando venció los pronósticos negativos y tristes, que decían que no llegaría a ninguna parte, lo hizo como escuela de periodismo.

El 27 de abril de 1934, la Asociación de Periodistas de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, comenzó a impartir cursos, que un año después encontraron cobijo en la Universidad Nacional de La Plata, dando paso a la conformación de la Escuela de Periodismo. Así fue también en Venezuela, donde la primera escuela surgió en la Universidad Central de Venezuela, en 1948, y después en la Universidad del Zulia, en 1959.

Lo que comenzó llamándose periodismo. En la década de los años 60 cambia de nombre por comunicación.

En 1965, un organismo, Ciespal, promovió y orientó la creación de una licenciatura en comunicación social, que reuniera distintas vertientes; tanto que pasa a ser una carrera omnipotente, que cobija a nociones diversas como producción audiovisual, marketing, publicidad, propaganda, relaciones públicas, comunicación y organizaciones, comunicación mercadológica, diseño, investigación de la comunicación y también periodismo o periodismo impreso, que pasa a ser su denominación común.

La mudanza se fue fraguando y en la primera parte de los años 70 se produjo el cambio de denominación, de periodismo a comunicación. Fue un giro tan determinante que se hizo efectivo en toda América Latina, con pocas excepciones, entre ellas la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, que mantuvo la Facultad de Periodismo y Comunicación Social.

La denominación que se impuso es comunicación social. O comunicación y cualquier otro adjetivo con cualquier otro adjetivo.

Uno se puede preguntar con sospecha por qué ese cambio de nombre. A la dominación o status quo el periodismo se les antojaba crítico y rebelde, excesivamente independiente quizás. Insumiso. Retrechero.

Periodismo queda definido como una opción, segmento, orientación o mención, dentro de un abanico más amplio de comunicación social. En algunos casos su campo de acción profesional queda delimitado al mundo del periodismo impreso. En la década del 70 eso se veía como un hecho lógico y natural.

El cambio de nombre fue muy promovido desde Ciespal y se terminó imponiendo. No fue por tanto, un movimiento inocente y casual.

Cuando hablamos de comunicación cabe hacer la observación que siempre hizo el profesor Antonio Pasquali en sus libros, y en sus clases. Hay  que distinguir entre comunicación y medios o aparatos masivos. La comunicación es un asunto de seres humanos y no de aparatos. El medio en cambio es el “canal artificial”, “artefacto transportador de mensajes especialmente codificados”. El medio puede ser un canal de TV, de You Tube, una emisora de radio o una red virtual.

Eso vale también para el periodismo. No es igual periodismo o comunicación que medios. El medio obedece a la lógica e intereses de la empresa mercantil. Vende noticias, sentido común, potes de humo. Eso cada vez queda más demostrado con el crecimiento de las corporaciones mediáticas, que se convierten en un poder hiper concentrado. Hace 50 años los medios eran dominados por algunas familias. Es el caso de El Nacional, El Universal, Panorama… Ahora ese poder lo tienen las súper corporaciones o big tech:  Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta (Facebook) y Microsoft. 

El caso es que al periodismo se le puede exigir una ética, a los medios también pero en su caso es un debate con empresas y corporaciones, muchas veces transnacionales, foráneas y enemigas.

Todo eso hay que actualizarlo ahora en esta era de cambios tecnológicos acelerados. Hay quienes muestran el fantasma del periodismo artificial y de un modelo de periodismo sin humanos, dominado por algoritmos.

Ese periodismo sin humanos ya existe, con noticias redactadas y leidas, para la televisión, por robots. Si como no, existe, pero no es igual. 

Los algoritmos no analizan, ni interpretan, solo ordenan datos. No le ponen sabor a las horas. No hablan con fuentes, ni buscan testimonios, ni se asustan, ni se conmueven. Hacen lo que alguien programa.

Ese periodismo artificial está hecho a la carta, produce las noticias que el sistema, la matrix y el big data permiten, pero no aquellas que hacen tambalear o pongan en tela de juicio a los poderes de facto, como el de las corporaciones transnacionales.

El periodismo bien hecho se nutre de testimonios y convicciones; con pasión y sin perder la brújula, como lo cuenta la escritora chilena Isabel Allende: “Esto es lo que necesito para los personajes de mis libros: un corazón apasionado. Necesito inconformistas, disidentes, aventureros, forasteros y rebeldes, que hacen preguntas, tuercen las reglas y toman riesgos”.

 

Periodismo como independencia

Es necesario decir que el 27 de junio, Día del Periodista, tiene una carga histórica porque es la fecha de la primera edición del Correo del Orinoco, pero también por lo que simboliza el periodismo como independencia, soberanía y libertad. Es verdad, también, que es una celebración de los profesionales de la comunicación y el periodismo, egresados de universidades, que tienen medios propios, aunque pequeños, o que trabajan para diversos medios e instituciones.

Hago esta salvedad necesaria. Como sabemos la comunicación en Venezuela es mucho más amplia, y debemos incluir el campo de la comunicación popular, para mencionar a las y los comunicadores populares, alternativos y/o comunitarios. Hay otra fecha. El 12 de abril se celebra el Día de la Comunicación Popular. Fue fijada por la Asamblea Nacional en 2015. Se busca resaltar la importancia de los medios comunitarios, en la respuesta popular al golpe de Estado de 2002. Sobre ese tema podemos profundizar en otro momento.

 

Contar historias

En esta época vivimos un proceso acelerado de digitalización, con profundas repercusiones en la vida cotidiana. Hay un cambio vertiginoso que nos lleva a nuevos medios, modifica las prácticas comunicacionales y relanza, redefine, la forma cómo se genera la dominación cultural y política.

Hasta hace poco, leíamos noticias en papel y tinta. Así fue, durante cinco siglos, después de la creación de la imprenta en el siglo XV. Desde el siglo XX llegaron el cine, la radio y la televisión, el auge de la fotografía, y todavía el impreso siguió siendo fascinante. Este medio jugó un rol inmenso en los cambios ocurridos después de la revolución francesa, en 1789, porque facilitó que las narrativas impresas generaran expectativas transformadoras. Leer, escribir y estar informado se convirtieron en una de las principales necesidades. El texto impreso fue el principal productor de conocimiento y cultura.

Pero ya sabemos que lo único permanente es el cambio. Todo cambia. La web 2.0 y las redes virtuales hicieron desaparecer al modelo de periodismo conocido. Se pronostica una transición total al mundo digital que lleva a la revisión exhaustiva sobre los rumbos actuales del periodismo.

Lo vivimos en Venezuela con la desaparición de la versión impresa de medios que formaron parte de nuestras lecturas y fueron ventanas a las que nos asomamos para mirar el mundo. Eso sucede aquí y más allá. Por razones de costos, y en razón de la transición tecnológica, cada vez hay menos impresos. Hay un cambio de soporte. El ser humano dejó su huella en piedras, papiros, pergaminos; llegó la imprenta y seguimos. Ahora conocemos los medios digitales que se mueven con rapidez. Hace poco la gran novedad era enviar un correo electrónico o tener un blog; ahora las redes virtuales y la inteligencia artificial imponen su ritmo.

Muchas interrogantes se nos asoman. Cómo hacer con esa deidad que se llama internet que nos trae oportunidades pero de manera simultánea amenazas e incertidumbre. Para muchos esa es la última maravilla pero una rápida revisión nos devuelve a la realidad.

Dice Roberto Savio (2019) que “internet ha seguido un curso equivocado. En lugar de ser el nuevo instrumento para la comunicación horizontal y el intercambio, se ha convertido en un creador de mundos virtuales y fragmentados”; las personas se agrupan en sus propias burbujas y ya no intercambian puntos de vista e ideas. Expone Savio que es “un escenario de insultos y odio, manejado por identidades falsas con noticias falsas, donde los ciudadanos son vendidos como consumidores por una serie de logaritmos basados en la maximización de las ganancias”.

El dilema del periodismo en este momento es cómo contar las historias, ahora que hay más opciones y espacios narrativos. Cómo hace para crear y mantener audiencias más fluidas y diversas, pero al mismo tiempo más fugaces y huidizas. Cómo hace para ofrecer la información que la comunidad necesita, como el pan nuestro de cada día, de manera responsable, ética, suficiente y equilibrada.

Con todo, el reto mayor para el periodismo no está en el impacto de la tecnología digital, sino principalmente su razón de ser, propósitos y filosofía; volver a las antiguas preguntas, para qué sirve, cuáles son las causas, cuáles son las fuentes, cómo puede favorecer que haya igualdad, fraternidad y más humanismo, en un momento de desarrollo del capitalismo, que se caracteriza por la concentración de la propiedad de los medios masivos; que nos presenta a unos medios cartelizados que ofrecen relatos que muestran como hechos naturales que el imperialismo estadounidense decida sanciones unilaterales y criminales, someta mediante el bloqueo económico a países que considera adversarios, e imponga una globalización indolente y criminal que se expresa en una guerra de baja intensidad contra los derechos ciudadanos, la destrucción del tejido social solidario, el destierro de los pueblos de sus comunidades y la destrucción de la sustentabilidad del planeta. Todo eso se presenta como lo natural y razonable, como lo que corresponde, supuestamente, según el designio divino.

Hoy las tecnologías nos permiten ser cultos, pero se requiere de otros atributos relevantes: la ética, la disposición para investigar, la sensibilidad para salir al encuentro del otro o la otra.

Es mucho lo que tenemos por hacer para que el periodismo se sacuda los mitos, mire el con-texto y no solo para un lado. Para que deje ser un intermediario vinculado con los intereses de la dominación –sea Trump, la guerra o el capitalismo depredador- y lo más relevante, para que sea un agente de las transformaciones sociales y políticas urgentes y necesarias para tener vida, que es lo mismo que decir, agua, salud, educación, alimentos, cultura y bastante más.

Dice Jorge Hidalgo Toledo que el comunicador verdadero “es una llama que arde, una mano extendida, una mirada que abriga (…) porque no fue hecho para acumular likes, sino para multiplicar vínculos”. Y también que hay que curarse del narcisismo digital que “nos vuelve fragmentos sin comunidad”, de la tentación selfie y del relato reducido a propaganda.

Muchos llegamos al periodismo porque nos asomamos a un aula de clases o a una sala de redacción, y nos fuimos quedando en ese territorio, atrapados por el vértigo informativo, para descubrir otros mundos comunes, tender puentes: Para decir aquí estamos para ayudar. Por supuesto, nunca falta el que se deslumbra por el brillo de cámaras, luces y acceso a gente de poder.

Cuando otros y otras se sientan a esperar que le vayan a pedir por sus servicios, el o la periodista sale a la puta calle a conocer de alegrías y tristezas, a saber qué celebran aquellos y por qué estos “miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte”, según la palabra de Gabriel Celaya.

 

 

Fundadores y clásicos

El periodismo siempre hizo aportes y estuvo atento al tic tac de los cambios. Resulta indispensable que nombre a figuras del periodismo, de distintas épocas, que fueron más allá de la rutina e interpretaron el sentimiento ciudadano. Son muchos. José Vicente Rangel, Eleazar Díaz Rangel, Fabricio Ojeda, Olga Luzardo, la profesora Migdalia Pineda, Xiomira Villasmil, Earle Herrera. De Maracaibo, dos clásicos. Eduardo López Rivas, fundador y director del diario El Fonógrafo, también creador y editor de la mítica revista El Zulia Ilustrado, e Ignacio de la Cruz, maestro de la honestidad, la ética y el periodismo crítico. El 12 de marzo de 2026 se cumple el centenario de su nacimiento. El CLEZ debería hacer una sesión por Ignacio de la Cruz, porque esas figuras son fundadoras, creadoras y transformadoras de esta patria.

 

Instituciones y retos

Finalmente, porque necesitamos tiempo para tomarnos un café, juntemos periodismo y vida.

Cuando hubo las elecciones para elegir este Consejo Legislativo uno se hacía una serie de preguntas inevitables: ¿Para qué sirve ese Consejo? ¿Acaso allí se aprueban leyes en beneficio de la comunidad? ¿Se ejerce una labor de contraloría de la gestión pública de gobierno, aunque sea redundante?

Hay quienes ni se hacen esas interrogantes. Y se conforman con ocupar los cargos. Las instituciones se hicieron para reforzar la dominación de los poderosos y no para lo que son necesarias, para que haya transformaciones verdaderas.

El debate que quiere hacer visible la lucha de clases y pide cambios no es nuevo. En la Constituyente que concluyó con la aprobación de la Constitución de 1999, se creó una Asamblea Nacional unicameral. Se borró y se demostró que no hacía falta el Senado. Eso nos da una idea.

El consejo legislativo quedó. Se le cambió el nombre de Asamblea a Consejo, un cambio irrelevante. Si se hubiera seguido llamando Asamblea, su nombre anterior, no pasaba nada.

Estamos en un proceso de cambios revolucionarios y es inevitable que las instituciones se revisen y hagan correcciones. Eso es imprescindible, porque hace falta que el ánimo y la fuerza de los representantes del pueblo se sumen al liderazgo que se tiene que generar, para transformar al Zulia, y superar tantas limitaciones de salario, salud, de servicios públicos y muchas otras que nos acechan.

Desde el periodismo que somos, sugerimos que el Consejo Legislativo haga algo que puede hacer: convertirse en un foro social y político. Que haga una

contribución efectiva para el diálogo y el debate ciudadano. Para revisar lo que pasa en la educación, la salud; lo que pasa en el servicio eléctrico; para que podamos conocer cuáles son esos planes de explotación del carbón y por qué representan una amenaza para nuestras fuentes de agua; para que puedan venir a esta casa los yukpas y los otros pueblos originarios; los cultores y cultoras a crear las leyes que necesitan; para que vengan los trabajadores y trabónajadoras a este recito que está llamado a convertirse en otra casa del pueblo. En fin. Es mucho lo que se puede hacer.

Todo esto hay que decirlo, también, porque está en desarrollo una reforma constitucional, convocada por el presidente de la República, Nicolás Maduro, para revisar, dialogar y debatir sobre la idea de un gobierno popular, cuyo centro esté en las comunidades.

 

Seguir coqueteando con la intuición

Hasta aquí nos trajo la pasión por el discurso. Hagamos un brindis (con café o agua) por el periodismo y la comunicación, para seguir siguiendo al corazón y coqueteando con la intuición y para que se nos enderece de un tirón, la puntería (parafrásis de Brindis, canción de Soledad Pastorutti).

Salud y vida para cada uno de nosotros y nosotras. Hasta la victoria siempre.

FIN.

viernes, 30 de mayo de 2025

TERRITORIO ESEQUIBANO


Cuando la política flaqueó, la cultura mantuvo viva la bandera del Esequibo. Una gaita interpretada por Ricardo Aguirre, de Jesús Reyes Reyito y Luis Guillermo Govea, dice que ese territorio es nuestro “mientras Venezuela viva”. Guaco, Paul Gillman y otros, también cantaron y musicaron esa defensa.

El tema ahora de manera nítida está en la agenda política venezolana, una vez que por primera vez fueron electas las autoridades del estado Guayana Esequiva: un gobernador, 8 diputados a la Asamblea Nacional y 7 diputados a la Asamblea Legislativa. Estamos ante una iniciativa en marcha, que deja atrás la pasividad.

El nuevo estado venezolano de la república, está en periodo de fundación, y tiene como capital temporal a Tumeremo, una población que pertenecía al municipio Sifontes del estado Bolívar. Desde ese punto de apoyo se espera se irradian las acciones y tareas para que la presencia en el territorio sea real y efectiva, y se traduzca en escuelas, centros de salud, grupos culturales y movimientos sociales. Es indispensable que se materialicen respuestas en distintas dimensiones: social y cultural, económica, la seguridad…

Ahora bien, lo crucial de esta iniciativa es avanzar en la recuperación de este territorio que fue usurpado a Venezuela por la potencia británica, generando desde entonces el legítimo reclamo. El laudo arbitral de París, de 1899, fue un arreglo entre las potencias en contra de nuestro país. Supuestamente Estados Unidos representaba a Venezuela y ya sabemos…

Fueron tantas las manipulaciones que el acto fue considerado írrito y llevó al Acuerdo de Ginebra, de 1966, un tratado internacional entre Venezuela, el Reino Unido y Guyana (entonces Guayana Británica) para resolver la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba. Guyana lo firmó y reconoció lo necesario y válido de una vía de diálogo y negociación, para llegar a una solución pacífica.

Las noticias de los tiempos recientes muestran como el gobierno de Guyana quiere seguir ganando tiempo, para de facto seguir entregando concesiones a la Exxon Mobil y permitir las operaciones de corporaciones de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia y otros países. Hay un dato escandaloso: dirigentes políticos corruptos de Guyana se entregan a las corporaciones y firman contratos que reportan un bajo porcentaje de regalías por la explotación del petróleo, que está en aguas de la zona de reclamación. Exxon Mobil los somete a la servidumbre, se lleva superganancias y genera amplios daños ambientales.

La contracara de la propaganda, que exhibe los ingresos que proporciona la Exxon Mobil, está en el estimado de que el 41% de la población de Guyana sobrevive por debajo del umbral de pobreza. Eso impulsa la migración de población guyanesa hacia Canadá, Estados Unidos e Inglaterra, estimulados por el uso del idioma común, el inglés. La población de Guyana, en su territorio, es solo de 600 mil personas aproximadamente. (Orlando Villalobos Finol).

 

 

 

martes, 29 de octubre de 2024

CARMELO LABORIT, EL SIETE LEGUAS

 

(Juan Medina Figueredo)

El siete leguas le llamaron por los zapatones que recorrían al país, sin nunca parar, ni descanso alguno. De extremo a extremo, de oriente a centro y occidente de Venezuela y en todo lugar donde hubiese no sólo militantes revolucionarios sino dirigentes políticos, sindicales y estudiantiles, que había conocido en la cárcel de Ciudad Bolívar, durante la dictadura Pérezjimenista, y después en las décadas de la democracia representativa del Pacto de Punto Fijo, durante su confinamiento en el penal de la isla del Burro, en la entonces llamada Laguna de Valencia y la huelga de hambre en ese penal; su destierro y viajes de salud a Italia y en su condición de presidente de la Liga Socialista (LS).

Marxista leninista se definió durante todo el tiempo de mis contactos y reuniones con él y en sus cartas con los estudiantes y todo militante revolucionario, con los cuales sostuvo comunicación. A propósito de definiciones ideológicas, recuerdo «los marxismos» de la nueva izquierda, Dussel y su lectura marxista desde América Latina (montaña textual para mí edad muy difícil de escalar), pienso en el fenómeno actual de los Brics, confluencia de países del llamado Sur Global, del este y del oeste, de comunistas, cristianos ortodoxos y católicos, islamistas, hinduistas y su común acuerdo en el propósito de seguridad global, coexistencia pacífica de diferentes civilizaciones y culturas, libre de pretensiones hegemónicas.

Recuerdo también el discurso de Fidel en la Cumbre de Río: la contradicción principal hoy no es entre capital y trabajo, sino entre capital y vida (lo que hoy Gustavo Petro recoge en su particular discurso). Asimismo, en vuelta a Fidel, en una de sus últimas entrevistas sentenció: la causa principal de la derrota de la revolución en América Latina fue la división del campo socialista internacional, entre la URSS y China, y la división de las izquierdas en esta región del mundo, con tantas condiciones objetivas para la revolución.

La barba novecentista, ajena a toda hojilla y navaja de barbero, era el singular espejo de Carmelo Laborit, su carta de presentación y habla misma. En oriente y en Caracas, particularmente, tenía sus propios seguidores, admiradores, fieles discípulos y amigos. «Libertador de Oriente» le llamó David Nieves Banch, en comunes andanzas clandestinas, con mucho cariño de bromista y quien, al parecer, fuera de su esposa, con la cual concibió una hija y de Flor, compañera de sus últimos tiempos, fue quien más le conoció, entre tantos viajes por ciudades y carreteras, contactos y reuniones clandestinas. A sabiendas de su seriedad proverbial, David no perdía tiempo en aguijonearle con sus salidas. En una carretera, por ejemplo, le dijo una vez: detrás de aquella curva, al voltear, vamos a encontrar un caballo blanco. Así provocaba su sorpresa y a veces su sonrisa detrás de su santa barba. Carmelo Laborit procuraba siempre estar cerca de toda literatura. En una oportunidad llegó a mi refugio, en un apartamento de San Agustín, comentando el primer premio del concurso anual de cuentos del diario El Nacional, otorgado en esa oportunidad a La Luna no es pan de horno, de Laura Antillano.

Revolucionario profesional toda su vida, no tenía sentido de la propiedad privada, aunque la respetaba, al fin de cuentas era socialista y comunista. Si encontraba unos juguetes en una casa o apartamento de clase media, podía llevárselos para regalarlos a los niños de una familia de camaradas con precariedad económica. En contactos y reuniones podía tomar un libro y otro de la biblioteca del hogar que servía de sede, llevarlo consigo y regalarlo a un camarada. En una cita conmigo en Caracas, en La Pastora, en el hogar de la familia del economista Roberto Gómez, funcionario del Banco Central de Venezuela, al terminar nuestro diálogo tomó de la biblioteca un libro y un diccionario de economía, el primero para él y el otro me lo entregó y dijo: este es para ti. Yo, contentísimo por contar, a partir de ese momento, con un manual auxiliar en esa disciplina tan desconocida para mí. Pasaron décadas, Roberto Gómez se mudó a Barquisimeto con su familia, siguió trabajando allí en el citado banco y el libro siempre conmigo. Murió Roberto, en unas vacaciones con su familia, ahogado en extrañas circunstancias que hicieron temer y pensar a su esposa en un atentado criminal. Mi amigo y camarada Dafnis Domínguez tenía relación con esa familia, le entregué dicho diccionario de economía, junto con una carta de condolencias a la familia de Roberto, pidiendo también disculpas por apropiarme de tal libro y rogando aceptasen su devolución. Dafnis cumplió fielmente su encomienda.

Bastaba verlo de frente, tener breves noticias biográficas suyas y escucharlo para reconocer la grandeza de su integridad ética y política, su solidaridad con los trabajadores y los pobres de la tierra, con sus camaradas y familiares, su circunspección, su ausencia marcada de egocentrismo y egoísmo, su discreta presencia, su distancia frente a un mal crónico de la izquierda, que hizo decir a Moisés Moleiro que el corrillo tenía un gustico. Carmelo, como a secas y cariñosamente le llamábamos, fue incapaz de incurrir en maledicencias y chismes o chísmenes, mucho menos mentiras. Nunca escurrió el bulto en su compromiso político, siempre echao palante, jamás y nunca dejó de estar presente donde debía estar y decir lo que comprometía su vida e integridad física y su honor. Leal y solidario siempre. A raíz de mi detención y torturas en Petare, el martes 13 de junio de 1972, en horas de la mañana, por el gang de la muerte”, adscrito a la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), su continuidad posterior en el quinto piso de esta organización de espionaje, contraespionaje y seguridad estatal, y mi incomunicación de esos días, siempre estuvo en contacto y con orientación permanente a mi familia, hasta lograr que la movilización comunicacional y política, en medio de la censura y la estrechez del campo de acción política de entonces, lograran ordenar mi visita familiar, el cese de la mayor intensidad de las torturas y mi pase a la prisión del Cuartel San Carlos. En compañía de Carmelo, siempre aduvieron, firmes e indeclinables, Agustín Calzadilla y Norelky Meza del Comité de Defensa de los Derechos Humanos y todos los integrantes del comité nacional de la Liga Socialista. El momento más duro de la vida de Carmelo Laborit fue cuando por intermediación del diputado José Vicente Rangel alcanzó a saber, en compañía de Félix Roque, que Jorge Rodríguez había sido asesinado. Su rostro no pudo ocultar la turbulencia interior y se tornó oscuro como invadido por la noche, herido por la punta y el filo de un relámpago y su espada de fuego invisible. Toda la vorágine del dolor creció en él, en la morgue, en compañía de Agustín Calzadilla, frente al cadáver de Jorge Rodríguez, desnudo, con sus vísceras, costillas y testículos estrangulados. Carmelo no se amedrentó y dirigió junto a la clandestina dirección de la OR, el comité nacional de la LS y el Comité de Defensa de los Derechos Humanos un despliegue inusitado de propaganda y movilización por la libertad de David Nieves, hasta entonces desaparecido por la DISIP y de quienes habíamos sido detenidos junto a Jorge Rodríguez, por ese mismo cuerpo policial al atardecer y anochecer del viernes 23 de julio de 1976.

Carmelo tuvo asimismo una milagrosa salvación de emboscadas y persecuciones durante su clandestinidad, a la vuelta de su destierro en Italia y su integración en la OR. Cuando la emboscada guerrillera al ejército en el crucero de Aragua de Barcelona, Anaco y Barcelona y la detención, asesinato y desaparición forzada del estudiante universitario Luis Alberto Hernández, detenido por el gang de la muerte en el pueblo de Aragua de Barcelona, Carmelo había recorrido antes esos predios, en actividades clandestinas de apoyo político y logístico a las fuerzas revolucionarias y logró salir ileso del cerco policial y militar. No en vano era El libertador de oriente. En occidente, hacia 1970 y 1971 se desató una feroz persecución, detención y torturas contra la dirección de la OR, sus militantes y amigos en el campo y la ciudad. Contra Carmelo armaron una emboscada en Los Humocaros, pero él no asistió a la cita prevista, con quien se convirtió en delator de sus camaradas y llevó hasta allí a sus captores. Carmelo se salvó milagrosamente de la muerte.  Durante el gobierno de Luis Herrera Campins, gracias a sus relaciones políticas fungió activa y positivamente de enlace para el retorno a la actividad política abierta y legal de los dirigentes de la OR Julio Escalona, Marcos Gómez y Fernando Soto Rojas. Finalmente, después de tantas batallas, el cáncer lo hirió de muerte y como los alcatraces fue a morirse en la misma casa de bahareque donde había nacido, frente al mar de Río Caribe, en silencio, sin quejas e inculpaciones. En santa paz con su santa barba y sus mismos zapatones de siete leguas. Murió lejos y tan cerca aquél a quién había conocido en Anaco, con su eterna barba profética, en un pleno sindical, cuando yo era un adolescente descalzo y sin camisa.