Por Orlando Villalobios Finol
“Sabido es cuánto tardan las naciones en reconocer los méritos de quienes combatieron en el bando de los derrotados. Sabido es que la historia la escriben los vencedores mientras conservan ese rango”. (Ángel Rama, diario El Nacional, 1977).
Se cumplen 50 años del asesinato de Jorge Antonio Rodríguez, dirigente emblemático del movimiento revolucionario venezolano y manantial subversivo, título de un documental sobre su trayectoria.
Fue un crimen salvaje que buscaba cortar la recuperación que comenzaban a experimentar las organizaciones populares. Venezuela venía de una dictadura como la de Pérez Jiménez y de la represión abierta en la década de los años 60, del siglo pasado, contra cualquier intento por alzar la voz, proclamar y defender derechos sociales y políticos. En el apogeo de aquello que se conoció como “la guerra fría” para resumir el ataque contra todo lo rebelde y antisistema, en América Latina y el Caribe, considerado como el patio trasero y toda esa jerigonza colonialista gringa.
Todavía el video permite observar el rictus hipócrita de Octavio Lepage, ministro de policía del expresidente Carlos Andrés Pérez, cuando nervioso mentía con descaro, diciendo que Jorge Rodríguez había fallecido de repente, cuando se encontraba detenido en los calabozos de la policía política, Disip. Nadie lo creyó. Ni ellos mismos lo creyeron.
En aquella década de la década de los años 70, en Venezuela se había configurado un sistema bipartidista (AD y Copei) que garantizaba que la dominación capitalista viera pasar los días sin sobresaltos. En medio de aquella supuesta normalidad, se mantenía una política de Estado de represión abierta, que se materializó en la persecusión, la tortura, el asesinato político y en los desaparecidos.
En el Zulia
En aquellos años 70, una vez que se funda la Liga Socialista, Jorge Rodríguez vino varias veces a Maracaibo y Cabimas. No sabría decir cuántas veces, pero fueron varias. Una fue cuando abrimos la casa de la LS, en Veritas, frente al Hospital de Niños. Hicimos un acto para inaugurar esa casa, el 12 de febrero de 1975.
Vino en otra ocasión a participar en un foro que se hizo en la Facultad de Ingeniería, de la Universidad del Zulia, para debatir sobre la nacionalización del petróleo. Allí estuvo junto a académicos y diputados. Estuvieron el diputado de Copei, Abdón Vivas Terán, y el profesor Gastón Parra Luzardo, entre otros. En junio de 1976, un mes antes de su asesinato volvió y de aquí se fue por tierra a un acto en Boconó. Un mes después lo asesinaron.
Una de las actividades centrales de Jorge en el Zulia fue la marcha anti-imperialista de 1975, que culminó con una concentración en Cabimas. Ese día Jorge Rodríguez expuso las limitaciones de la nacionalización del petróleo de ese momento... La nacionalización chucuta.
Obra pública
Pasa el tiempo y queda la obra. Continúa la cosecha. Por eso sigue vive la hazaña de muchos y muchas que lo dieron todo para construir horizontes para el sueño de patria, justicia y bienestar.
En esa obra pública coincidimos y nos reencontramos con Jorge Rodríguez y con quienes crearon y lo dieron todo por construir otro mundo posible y buenos vivires; con quienes fundaron sindicatos o los recuperaron para la lucha obrera; centros de estudiantes y organizaciones populares. Crearon y promovieron periódicos y revistas, editaron libros propios y ajenos. Formaron talleres literarios, círculos de lectura, equipos políticos, clubes juveniles. Promovieron la creación de escuelas, servicios de salud y centros culturales, siempre pisando el territorio del movimiento popular y contra la exclusión, la desigualdad y la represión. Nos enseñaron la solidaridad y el valor de la vida en comunidad.
Hoy honramos a Jorge Rodríguez, como una manera de exhaltar a quienes nos legaron aportes y sabiduría, y escribieron la historia reciente con pasión y sangre. Este relato se completa cuando sumamos en este homenaje a Fabricio Ojeda, al comandante Hugo Chávez, Carmelo Laborit, la canción urgente y necesaria de Alí Primera, Julio Escalona, Livia Gouvernier, José Vicente Rangel, Olga Luzardo, Alberto Lovera, Orlando Yajure, Alí Rodríguez Araque, Douglas Bravo, Esther Añez, David Nieves, José Rafael Zabala, Chema Saer, Francisco Prada, Carlos Betancourt, Cheo Parra, Eduardo Ríos, Eddy López, Héctor Mujica… La lista es muy larga y no terminaríamos de citarlos a todos y todas. Uno hace memoria y encuentra en cada uno de ellos y ellas a maestros y maestras de la vida. Gente que no reparó en limitaciones y dificultades. Siempre fueron al frente y mantuvieron encendida la llama de la rebelión. Era gente de pelea, como decíamos en la Liga Socialista.
El maestro
Jorge Antonio Rodríguez nace en Carora el 16 de febrero de 1942. Allí estudia la primaria y un tiempo después se gradúa de maestro en la Escuela Normal de Rubio, estado Táchira.
En aquellos años era común que los muchachos y muchachas de los liceos hicieran de la participación política un ejercicio común. Había mucha inquietud en las escuelas normales, en los liceos y en las universidades. Se vivía el tiempo de la dictadura de Pérez Jiménez y la opinión era un delito. Hablar de política era un delito. Jorge Rodríguez se vinculó con AD, en la segunda mitad de los años 50, para ese momento un partido semiclandestino y perseguido. Cuando cae esa dictadura es un muchacho de 16 años que militaba, y conocía del riesgo de escribir, distribuir y repartir propaganda.
Es conocido que en AD de esos años de lucha clandestina se formó y creció una fuerte corriente de izquierda, que da el salto hacia la creación del MIR, con un mitin en la Plaza Baralt de Maracaibo, el 8 de abril de 1960. Jorge está entre los fundadores de esa izquierda revolucionaria, siendo un joven de 18 años. A partir de ese momento se incorpora a la juventud de ese movimiento. Actúa en el epicentro de los movimientos políticos en Caracas, la Universidad Central de Venezuela, donde estudia Economía, y llega a ser un conocido dirigente estudiantil. Fue delegado por los estudiantes al Consejo Universitario. Allí junto al rector Jesús María Bianco vive y sufre las consecuencias del allanamiento y cierre de la UCV, el 31 de octubre de 1969, por órdenes expresas del presidente Rafael Caldera.
A través del recorrido de las andanzas de Jorge, uno se consigue con la historia política reciente. 1968 y 1969 son años de redefiniciones para el movimiento revolucionario. El Che Guevara acaba de dar su último combate en Bolivia. Hay ebullición y conflicto. En agosto de 1968 la Unión Soviética invade Checoslovaquia, acción que genera fuertes controversias, y también ese año se produce el mayo francés, que sacude mitos y conceptos. La revolución cubana impacta en toda la región.
La izquierda venezolana se revisa después del periodo intenso y épico de las guerrillas de esa década del 60. Así llegamos a la división del MIR. Jorge Rodríguez, Julio Escalona, Marcos Gómez y Fernando Soto Rojas, y otros, originan una nueva corriente crítica, y señalan un nuevo horizonte político, sin claudicaciones, ni derrotismo. No todo estaba perdido.
Cuando en diciembre de 1970 se lleva a cabo el Congreso Cultural de Cabimas, los organizadores reciben una carta del núcleo fundador de la Organización de Revolucionarios, OR, que se proponía diversas formas de lucha y organización.
En 1972 Jorge es detenido por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), con la acusación predilecta de los cuerpos de represión: rebelión militar. Fue recluido en la Cárcel de Sabaneta de Maracaibo donde comparte esos días de prisión con José Rafael Zabala y Miguel Díaz Zárraga, y un grupo de campesinos de Lara y Trujillo. Muchos de ellos fueron alfabetizados por el maestro Jorge y sus compañeros.
En 1973, cuando Jorge sale de la cárcel, recorre el país como parte del esfuerzo por reorganizar y relanzar el campo popular. En condiciones muy adversas, de amenazas y derechos políticos precarios, casi inexistentes, se suma al movimiento por el voto nulo, que le permite ir juntando vínculos, cicatrizando heridas y recomponer las fuerzas. Como resultado de aquella jornada, en noviembre de 1973 se anuncia la creación de la Liga Socialista, que en los primeros días apareció con un nombre largo y nada recomendable, para quien piensa en comunicación: Liga por los Derechos del Pueblo y el Socialismo.
A este movimiento, Jorge se dedica en cuerpo y alma. Sobresale por sus dones culturales, su calidad como orador y por supuesto por su condición humana, de alguien que sabe crear comunidad. Una mañana en la casa de la Liga de Maracaibo, en la avenida La Limpia, con agilidad de redactor de los antiguos diarios impresos, lo vi escribir un documento o texto, que luego corrigió con máxima exigencia de afinada sintaxis, signos de puntuación, giros semánticos y calidad narrativa.
En esa aventura vital y ciclópea recibe el golpe fatal, primero con su detención, por la Disip, policía de represión política, saliendo de un local de la Liga en Catia, Caracas, y a los pocos días su asesinato, víctima de la tortura feroz a la que es sometido, el 25 de julio de 1976. Ese día matan al dirigente político y popular de 34 años, al muchacho rebelde que vino de una familia pobre de Carora, y nace la leyenda que no termina de crecer. Han pasado 50 años y aquí estamos conversando sobre su hazaña y su épica.
Las palabras clave
El tiempo que deja una huella imperecedera o derrumba la obra mal hecha, deja constancia de que estamos conversando sobre un liderazgo político verdadero, que sigue vivo.
En Jorge Rodríguez encontramos un legado que se puede resumir en cuatro palabras clave: perseverancia, organización, difusión y formación.
La consigna o contraseña de la Organización de Revolucionarios era: Perseveraremos, no nos derrotarán, triunfaremos. Allí está la primera clave. Perseverar porque el cambio revolucionario es un horizonte de vida siempre. No una fiebre pasajera.
Organizarse para adelantar el proyecto revolucionario, ahora y después. A corto, mediano y largo plazo. Organizarse para luchar por la victoria. Esa es la segunda clave. Organizarse en lo personal y en colectivo. Participar de la organización popular, sea comunal, cultural, deportiva, sindical. Cultivar los vínculos con la familia, con los panas, y en la comunidad para tejer lazos y vínculos indestructibles. Jorge Rodríguez decía: organizarse allí donde están las masas, lo cual orienta sobre la urgencia de juntarse con pueblos y comunidades. Una de las prioridades fue promover la organización obrera en los centros fabriles del país, tal es el caso de los trabajadores siderúrgicos, del aluminio, de las empresas eléctricas y textiles, y en entre los trabajadores petroleros. Muchos testimonios quedan de aquellas jornadas que se hicieron contra la corriente y venciendo limitaciones.
La tercera clave es la difusión del proyecto que somos y de lo que hacemos para darle vida. Es la comunicación para enseñar todo lo que tenemos en común y en un mundo de noticias falsas y de algoritmos desbocados también para defendernos. Lo remarco de esta manera porque no es solo hacer propaganda. El que se queda en eso le habla solo a los convencidos. Quienes militamos en la justicia social, la igualdad y los derechos, tenemos que seguir enamorando a nuestro pueblo para construir humanismo y trascender al mundo desigual e injusto del capitalismo.
La cuarta clave es la formación, promoviendo la lectura, el estudio y la importancia del conocimiento. No quedarnos en la información. Ir más allá y reunir conocimiento y sabiduría.
Una escuela permanente
En buena parte esa fue La Liga Socialista que nos conmovió de jóvenes y no tan jóvenes. Fue un movimiento político, con sus aciertos y limitaciones, claro está. No hay obra humana perfecta, y menos en política. Pero cumplió con una serie de líneas centrales que justificaron su creación.
Defendió el socialismo como proyecto y proclamó que para alcanzar esa meta suprema hace falta coraje, voluntad, inteligencia y disposición para el combate. Eso se resume en su mensaje central : el socialismo se conquista peleando.
Fue, sobretodo, una escuela que le dio vida al pensamiento crítico. Allí aprendimos que había que leer de verdad y conocer a diversos autores comenzando por el marxismo. Conocer y leer sin prejuicio el socialismo chino, revisar la experiencia soviética, sobre la que se debatía y no solo se admiraba. Aproximarse a otros movimientos y experiencias latinoamericanas. Decirlo ahora es casi obvio, pero tomemos en cuenta que hace 40 o 45 años la izquierda no ganaba elecciones y en demasiados casos no podía participar, o estaba prohibida, acosada y perseguida.
Esa Liga Socialista trabajó desde el principio por la unidad de la izquierda y de quienes pensaban parecido. La línea era: unir a todo el que pueda ser unido contra el enemigo principal. Tómese en cuenta que veníamos de una etapa larga de divisiones y subdivisiones.
Y sobretodo, se combinaron formas de lucha y organización. Se corrieron riesgos y se pagaron costos muy dolorosos, con detenciones y asesinatos, sin embargo, aquel movimiento no se dejó acorralar, supo salir del ostracismo, no se quedó en las catacumbas a las que quisieron mandarnos.
En medio de una época tan difícil, con la represión y la persecución como una política de Estado, la Liga Socialista supo ser un lugar de encuentro y un espacio para la alegría. No consiguió todo lo que se propuso pero si lo más importante, mantuvo viva la idea del cambio social revolucionario, demostró que los venezolanos teníamos derecho a tener derechos sociales, económicos, culturales y políticos; reitero, lo más importante cultivó la esperanza por la vida digna. En un discurso, Jorge cita a Julius Fucik, cuando dice: "He vivido por la alegría. Por la alegría he ido al combate y por la alegría muero". Esta frase célebre de este periodista checoeslovaco aparece en el libro Reportaje al pie del patíbulo, publicado como un testamento de valentía y amor.
En los actos y actividades cotidianas de la Liga se juntaron artesanos, teatreros, poetas, músicos y artistas. Es de recordar tantas veces que Gloria Martín, Lilia Vera y Alí Primera le pusieron emoción a aquellas reuniones; Miguel Ordóñez y Marline, María Rodríguez, la cantante de Cumaná, el grupo Ahora, y muchos otros.
Los desafíos de este momento
Es inmenso el legado que nos deja un luchador como Jorge Rodríguez y es mucho lo que tenemos que seguir aprendiendo y haciendo para no dejarnos intimidar por los desafíos actuales, para cada uno de nosotros y para el pueblo que somos.
Después del golpe de Estado contra el presidente Chávez, en febrero de 2002, una amplia corriente de simpatía se levantó en el continente en favor de Venezuela. Habían ocurrido hechos extraordinarios: la victoria de Chávez en diciembre de 1998 y luego la derrota del intento por acabar con el gobierno popular bolivariano. El comandante Chávez era una referencia indiscutible, dentro y fuera del país. Llegabas a otro país y el taxista te preguntaba por Chávez, como si fuera un familiar de uno.
La tierra gira y todo cambia. En este momento muchos ponen en duda al gobierno bolivariano actual, después de la invasión estadounidense del 3 de enero de este año y el consiguiente secuestro del presidente Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Al día de hoy tamaña violación de las leyes internacionales se mantiene.
En estos meses de 2026, hay una narrativa que se disemina desde el algoritmo enemigo: en Venezuela el Estado y el gobierno están ausentes. Todo está perdido y ya nada se puede hacer. Eso se repite hasta el cansancio. Es inevitable lo que Trump y sus secuaces llaman “el cambio de régimen”. Los dos terremotos recientes se han utilizado como pretexto para insistir en estas consejas.
No falta quien descree e incluso actuando de buena fe se deja confundir. Alí Primera nos dejó dicho, en Coquivacoa, un tema que dedicó al Zulia: La inocencia no mata al pueblo/ pero tampoco lo salva/ lo salvará su conciencia/ y en eso me apuesto el alma.
La verdad verdadera es diferente. El gobierno bolivariano, con sus defectos y errores, sigue al mando con Delcy Rodríguez, como presidente encargada. El movimiento bolivariano está sembrado como un árbol junto a una fuente. Tiene reservas para la lucha.
Es evidente la presión el imperialismo contra lo bolivariano, en un momento en el ha sido derrotado por Irán, quien al día de hoy ejerce plena soberanía sobre el estrecho de Ormuz. Por eso busca asegurar lo que de manera abusiva califica como su patio trasero. De allí que intervenga en las elecciones recientes de Colombia y Perú, apoya a gobiernos entreguistas como el de Bolivia, el Salvador de Bukele, Ecuador, y la Argentina de Milei que les está cediendo el territorio. Hará todo lo posible para impedir la reelección de Lula en Brasil.
Ese es el tamaño del reto. Defender la soberanía y la independencia, y también defender el derecho a elegir y mantener el gobierno democrático y popular que nos dé la gana.
Hay experiencias que sería imperdonable olvidar. Cito cuatro de ellas. El ataque feroz contra el presidente Allende en Chile, quien decide pelear desde el palacio de La Moneda, con desventaja y sin posibilidades. Otra, la decisión de Getulio Vargas de no ceder ante las presiones y paga con su vida por defender el petróleo brasileño, en 1954. Se suicida y deja una carta-testamento. Otra, cuando Chávez se presenta ante los militares golpistas en 2002, es detenido y dos días después rescatado por la movilización popular. La experiencia de Francisco Caamaño en República dominicana, cuando intenta ingresar desde Cuba y lo estaban esperando. Hay mucho por revisar.
En el combate por la vida hay derrotas, como la del secuestro del presidente Maduro el 3 de enero. Pero aquí vamos... con nuestra utopía.
Hoy nos corresponde ser apasionados por el discurso. Construir nuevos relatos emancipatorios. Venimos de pelear por el derecho al voto. Apenas en 1946 por primera vez los venezolanos y venezolanas, mayores de 18 años, pudieron votar en Venezuela. Hace 50 años luchábamos para que se nos permitiera participar en las elecciones, es decir por el derecho a tener partidos legales. En 1968 el Partido Comunista y el MIR eran ilegales, por tanto el PCV se presentó en las presidenciales de ese año con otro nombre: Unión para Avanzar, UPA. Así pudo elegir a algunos diputados. Venimos de las luchas por ampliar la educación y la salud pública. En la década del 80 se formaban comités por el derecho al cupo en las universidades. Así pudiéramos seguir.
En este momento, levantamos las banderas por el derecho de Palestina a existir, contra el colonialismo y el neocolonialismo. Peleamos contra el bloqueo y las sanciones criminales que le roban a Venezuela su petróleo y su recurso. Reclamamos el derecho a hacer elecciones libres sin injerencia de Estados Unidos. Estamos en resistencia contra los megaproyectos mineros que amenazan las cuencas hídricas. Acompañamos a los pueblos originarios en sus luchas. Luchamos contra el algoritmo que está al servicio de la desinformación y de la propagación del odio y la discriminación.
Con Alvaro García Linera uno puede decir: "Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles son su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales?.
En estas luchas, los antecedentes y legados de luchadores, independentistas, socialistas y revolucionarios como Jorge Rodríguez sigue vivo y vigente, porque es una antorcha que nadie podrá quitar ni apagar.
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Concejo Municipal de San Francisco, 23 de julio de 2026.
Orlando Villalobios Finol. Periodista, profesor universitario, escritor y militante de medios comunitarios.
