miércoles, 26 de octubre de 2016

El fusilado lo cuenta

(De Soldados de Salaminas, de Javier Cercas (España, Cáceres))

Aquello fue un tira y afloja agotador, y no fue hasta la última cerveza de aquella tarde cuando Ferlosio contó la historia del fusilamiento de su padre, la historia que me ha tenido en vilo durante los dos últimos años. No recuerdo quién ni cómo sacó a colación el nombre de Rafael Sánchez Mazas (Quizás fue uno de los amigos de Ferlosio, quizás el propio Ferlosio). Recuerdo que Ferlosio contó:
-Lo fusilaron muy cerca de aquí, en el santuario del Collel. –Me miró-. ¿Ha estado usted allí alguna vez? Yo tampoco, pero sé que está junto a Banyoles. Fue al final de la guerra. El 18 de julio le había sorprendido en Madrid, y tuvo que refugiarse en la embajada de Chile, donde pasó más de un año. Hacia finales del treinta y siete escapó de la embajada y salió de Madrid camuflado en un camión, quizá con el propósito de llegar hasta Francia. Sin embargo, lo detuvieron en Barcelona, y cuando las tropas de Franco llegaban a la ciudad se lo llevaron al Collel, muy cerca de la frontera. Allí lo fusilaron, fue un fusilamiento en masa, probablemente caótico, porque la guerra ya estaba perdida y los republicanos huían en desbandada por los Pirineos, así que no creo que supieran que estaban fusilando a uno de los fundadores de Falange, amigo personal de José Antonio Primo de Rivera por más señas.

Mi padre conservaba en casa la zamarra y el pantalón con que lo fusilaron, me los enseñó muchas veces, a lo mejor todavía andan por ahí; el pantalón estaba agujereado, porque las balas solo lo rozaron y él aprovechó la confusión del momento para correr a esconderse en el bosque. De allí, refugiado en un agujero, oía los ladridos de los perros y los disparos y las voces de los milicianos, que lo buscaban sabiendo que no podían perder mucho tiempo buscándolo, porque los franquistas les pisaban los talones. En algún momento mi padre oyó un ruido de ramas a su espalda, se dio la vuelta y vio a un miliciano que le miraba. Entonces se oyó un grito: “¿Está por ahí?”. Mi padre contaba que el miliciano se quedó mirándole unos segundos y que luego, sin dejar de mirarle, gritó: “¡por aquí no hay nadie!”, dio media vuelta y se fue.

viernes, 21 de octubre de 2016

Nuevo director en el CICI


El jueves 20 de octubre se dio la transición de la dirección del Centro de Investigación de la Comunicación y la Información, CICI, de la Universidad del Zulia. En la fotografía estamos Fanny Ramírez, Angel Páez, nuevo director de la institución; y quien suscribe, Orlando Villalobos, director saliente -ejercí el cargo en el lapso 2008-2016-.
Desde el CICI hemos proclamado y defendido la bandera de que la investigación no es una actividad complementaria, es la función básica que justifica la existencia de la universidad, y define el resto de las funciones que cumple la institución.

La filosofía del centro entiende y asume que el aporte más significativo para el logro de este proyecto es la producción continua y coherente de conocimiento, como eje central de los cambios estructurales que es necesario provocar. Las demandas cada vez más puntuales que plantea el país nos obliga a cambiar los tradicionales códigos de interpretación de la realidad social, revisar críticamente los paradigmas de investigación científica, y todo eso pasa por modificar no sólo los métodos y metodologías, sino también la actitud y el compromiso de la comunidad de investigadores frente al proceso del conocimiento. Estos postulados forman parte de las definiciones, postulados y anhelos del CICI.

lunes, 17 de octubre de 2016

Periodismo y cinismo



Dice Andrea… Estoy esperando al próximo muerto para escribir sobre él. Mi trabajo diario depende de las tragedias que otros padecen. Un asaltado el martes, un narco el miércoles, una violada el jueves, dos calcinados el sábado. De las víctimas del domingo y el lunes se ocupan otros. Los viernes hay paz. De mis coberturas cotidianas he podido deducir algunas reglas. La principal: los ricos prefieren no involucrarse. Aún así, lo que les pase a ellos siempre estará por encima de lo que les ocurra a los demás. Ryszard Kapuscinski dijo que los cínicos no sirven para este oficio. Creo que se equivocó. Hace falta un alto grado de cinismo para ajustarse a la ley de una sala de redacción.

martes, 6 de septiembre de 2016

Un blog

(Orlando Villalobos)

Hasta hace poco el periódico reinaba con el papel. Con la transición tecnológica actual la comunicación tomó otros rumbos y las plataformas son múltiples. Un medio tiene múltiples ventanas para difundir su mensaje: la versión web, el teléfono móvil, las redes sociales y otras. Es el momento de la multimedialidad que se registra en textos, videos, audios, fotografías, gráficos y animaciones.
Una de esas opciones es el blog o diario personal, que se expresa como un espacio para la confesión íntima y la difusión de opiniones.
Al principio, cuando surgió como modalidad, tuvo un impacto grande. Ahora debe compartir protagonismo con las redes sociales, y no falta quien piensa que será barrido por éstas. Pero allí conviene detenerse. El blog mantiene sus ventajas. Es un espacio para lo permanente; para que lo que se publique o muestre quede, a diferencia de la red social que está hecha para deslumbrar, conseguir un impacto inmediato pero al mismo tiempo efímero.
A manera de resumen anotaré las siguientes ideas tomadas de un trabajo periodístico de Natalia Páez y Andrés Hax, en el diario Clarín de Argentina:
-Son espacios personales de escritura, sitios que una persona usa en Internet para escribir periódicamente artículos (llamados posts) que se van ordenando cronológicamente y al que cualquier visitante puede sumar opiniones.
-Una de sus aristas más interesantes es que en la monarquía de la imagen los blogs vuelven a poner en relieve a la palabra.
-En inglés el vocablo log significa registro. Es pues, un registro personal. Por esto en España se conocen popularmente como bitácoras o diarios personales digitales.
-Por estas comunidades virtuales circulan ciertas experiencias culturales. Ensayos, prueba y error, entre los que luego comienzan a surgir nuevas estéticas.
-El hecho de que cualquier persona con acceso a Internet se pueda convertir en el editor y redactor de su propio medio claramente no garantiza una audiencia. Pero abre la posibilidad de un espacio para compartir y sugerir.
-El hecho de que los blogs admitan que sus lectores escriban comentarios crea otro fenómeno que se ha dado en llamar "periodismo participativo". Esto hace virar el esquema tradicional del flujo de información. De un modelo jerárquico a uno horizontal, donde en un proceso circular un informador hace público un dato u opinión y los otros lo realimentan.
-Para Julián Gallo, profesor de Nuevos Medios de la Universidad de San Andrés: "No importa qué forma adquieran en el futuro ni cómo se los llame, el 'paradigma blog' se sostendrá". Y profundiza: "los weblogs hacen estallar el concepto tradicional de audiencias coordinadas en espacio y tiempo. La fragmentación que producen vuelve al tradicional universo de lectores en 'microsistemas de lectores'. Y los blogs son el principio.


sábado, 27 de agosto de 2016

La propuesta de Francisco Delgado

Tenía una propuesta de ciudad ecológica y ciudadana para que Maracaibo dejara de ser “olvidada y sin un real”. Sumó su discurso teórico y práctico en favor de la transformación de Maracaibo. En la Universidad del Zulia fue profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Criminológicas. En este programa Francisco Delgado asoma y resume las claves de su ideal de cambio. Fue sembrado en enero de 2012. Desde entonces su palabra germina y crece la leyenda.

domingo, 3 de julio de 2016

El periodismo necesario

I
(Orlando Villalobos Finol)

No parece que el periodismo vaya a desaparecer. Hay que decirlo porque no faltan voces agoreras y pesimistas. Pero hay que registrar los cambios en desarrollo. Ya experimentamos un cambio de soporte. Poco a poco se va perdiendo el hábito de salir a comprar el periódico. Los periódicos que fueron imprescindibles y parte del desayuno cotidiano de generaciones anteriores le ceden el paso a los medios digitales.
Los periódicos van desapareciendo porque los insumos para su producción son cada vez más costosos, en especial el papel, pero sobre todo porque no se han adaptado a las transformaciones en marcha. Han seguido su camino como si nada y con Internet ya el lector sabe lo que está pasando, en tiempo real. ¿Para qué comprar un periódico que nos diga las noticias de ayer, si ya eso lo sabemos a través de los medios digitales y de las redes sociales?
Los periódicos siguen la ruta del declive, sin embargo, el periodismo sigue siendo necesario como el oxígeno. Sigue pero con nuevo soporte y con tinta digital. El olor a la tinta impresa se va evaporando.
Saber lo que ocurre, estar informado es una necesidad social. Además, el periodismo es necesario e insustituible en la inmensa tarea de crear o construir puentes para el acuerdo, la convivencia y el encuentro ciudadano y comunitario; para construir el tejido social que nos coloca a distancia prudente de la barbarie.
En sociedades tan desiguales y en medio de conflictos, como las nuestras, el periodismo es necesario si actúa con autenticidad y equilibrio; si se deja guiar por la buena fe y propicia el fair play; si renuncia a esos atavismos de objetividad que lo hacen parcial y acomodaticio; si renuncia al relato que favorece a los poderosos.

II
Tendría yo 16 o 17 años y estaba participando en un programa de radio, en Radio Mara, una emisora que en aquella época sobresalía por sus programas de opinión y de participación. Era de los hermanos Govea, vinculados a AD y uno de ellos al MIR en una etapa anterior. De pronto el entrevistador suspendió la entrevista y en off, fuera del aire, me dijo: “Vete rápido de la emisora no vaya a ser que la Disip te venga a buscar”. La Disip era un temible cuerpo represivo que detenía primero y averiguaba después. El entrevistador estaba asustado.
Qué había hecho para merecerme esa interrupción y ese trato. Yo en mi efervescencia juvenil me había referido a la Disip como un cuerpo formado por “esbirros”. Usé esa palabra. Ese era el pecado cometido. Las palabras eran sospechosas.
La referencia viene a cuento para ilustrar la larga etapa que experimentó el país, una vez concluido el periodo de la nefasta dictadura encabezada por Pérez Jiménez, que termina en 1958.
Si en la etapa de la dictadura los derechos sociales, políticos y económicos fueron literalmente prohibidos, en la época en la dominan los gobiernos de AD y Copei estaban francamente disminuidos y limitados. El pensamiento crítico y disidente tenía muy pocas posibilidades de expresarse abiertamente. Necesariamente debemos situarnos en el contexto de entonces para aproximarnos a su comprensión.
Con el llamado acuerdo de las élites que gobiernan después de 1958, el llamado Pacto de Punto Fijo, una parte sustancial política y cultural había sido excluida. En la década de los años 60 el Partido Comunista y el MIR estaban ilegalizados, varios diputados de izquierda fueron encarcelados y desde la segunda mitad de esa década varios movimientos participaron de la lucha armada. Según investigaciones recientes de la Fiscalía General de la República en aquellos años en Venezuela se incurrió en detenciones arbitrarias, se desapareció y asesinó a militantes políticos.
En aquellas condiciones, lo demás se daba por añadidura. La censura y la persecución política estaban racionalizadas y naturalizadas. Así como había movimientos políticos que no podían tener representación legislativa, así mismo se practicaba una idea precaria de las libertades.
En ese clima influyó de manera determinante la poca o nula tradición democrática del país.  En el siglo XX, Juan Vicente Gómez impuso una férrea y tenebrosa censura y prohibió las expresiones y organizaciones políticas. Con Medina en 1941 y con la presidencia de Rómulo Gallegos, en 1948, que apenas alcanzó los nueve meses, se conoció una cierta apertura, pero nada más. Desde 1948 hasta 1958 permanece la dictadura de Pérez Jiménez y en la década de los 60, Rómulo Betancourt se refugia en el subterfugio de la emergencia del país para limitar e impedir las manifestaciones democráticas. Así llegamos a las décadas de 1970, 1980 y 1990, con un país que tenía una Constitución nacional, aprobada en 1961, que garantizaba las libertades pero que en la práctica seguían suspendidas o conculcadas. La opinión era considerada un delito que te podía llevar a la privación de la libertad. Hubo periodistas a quienes se les abrió un expediente para un juicio militar por haber hecho una entrevista o firmar una nota que el gobierno de la ocasión considerada delito o asunto prohibido e ilegal. La noción de ciudadanía como ejercicio de deberes y derechos apenas estaba anotada en el papel.
Para cualquier duda estaba el propio ejercicio de los medios masivos. Las voces críticas al gobierno y al sistema no tenían espacio. No deja de ser admirable que periodistas como José Vicente Rangel se mantuviera en el periodismo de opinión, y que un luchador político como Domingo Alberto Rangel fuera una firma acostumbrada en el diario Panorama. Pero no había muchos. En la televisión, las voces antisistema no tenían presencia; y en la radio eran muy pocas las que se filtraban. Esos eran los medios, espacios cerrados para el debate, la denuncia y la presencia ciudadana. Un periodista que llegaba a trabajar en un medio sabía que tenía que apegarse a pie juntillas a líneas editoriales conservadoras y cómplices, sin otra opción. Las revistas alternativas e independientes eran ocasionales aunque algunas dejaran huella. Me refiero a Quincena de Domingo Alberto Rangel, Proceso Político, Al Margen de Simón Sáez Mérida, en los años 80, pero estos eran pequeños espacios de resistencia.
En aquellos medios masivos predominantes y hegemónicos prevalecía una élite que en términos intelectuales o académicos no lo era tal, pero se autoproclamaba. Desde la televisión personajes influyentes como Carlos Rangel, Sofía Imber y Renny Ottolina predicaban en favor del sentido común liberal y señalaban como sospechoso a quien osara proponer cambios sociales y económicos. El país tenía dueños y los derechos ciudadanos formaban parte de la ficciones de la época.
Para decirlo en palabras de Habermas, había una esfera pública limitada; en los hechos se produjo una refeudalización de la vida pública. Los medios se colocaron al servicio de los intereses creados por la dominación, para crear mentalidades sumisas y racionalizar y justificar la fábrica de pobreza en la que se convirtió Venezuela. 

  III
Una nueva realidad sociopolítica se sigue asomando con fuerza en América Latina. Desde finales de la década de los 90 y desde comienzos del siglo XXI se hicieron visibles y manifiestos los cambios. Aquellas políticas agresivamente neoliberales de los 90 despertaron la furia popular y así poco a poco fueron emergiendo otros liderazgos.
El nuevo paisaje  repercutió en la comunicación y ganó fuerza la idea y la convicción de dar paso a una democratización de la palabra y de la imagen. Algo o mucho había cambiado y eso se fue manifestando en nuevas legislaciones, en nuevas reglas del juego, que buscaban frenar la concentración monopólica de la propiedad sobre los medios, actualizar las normas para la concesión y la fiscalización de las licencias de radio y televisión, y abrir nuevos espacios comunicacionales que incluyan a voceros y movimientos tradicionalmente relegados.
Dicho hasta acá aparece un primer nudo conflictivo en el debate. ¿Cómo es eso de que se van a expresar y desarrollar políticas públicas? ¿No se supone que estos asuntos de la propiedad, la economía y la comunicación, son asuntos de particulares? No es de extrañar que desde el principio haya quienes se declaren abiertamente contrarios de la insurgencia de estas políticas públicas.
Conviene traer a colación que las políticas públicas en materia de comunicación, educación y cultura aparecen en Europa después de la II Guerra Mundial, para buscar garantizar los derechos esenciales de los ciudadanos.
La prueba de la intervención del Estado, en el pasado reciente, está en el conjunto de leyes que ha habido para proteger y regular el cine, la radio, la televisión y el ejercicio del periodismo. Cuando se habla de normas, leyes y regulaciones no se parte de cero, ni se descubren las políticas comunicacionales.
De esa intervención reciente del Estado encontramos, en Venezuela, el surgimiento de nuevas leyes, más canales y medios públicos, una modificación del espectro radioeléctrico generando una mayor diversidad, un campo propicio para la comunicación comunitaria, que se concreta en la aprobación reciente de una Ley de la Comunicación Popular. ¿Esto es mucho o poco? Depende.
Quizás el imponderable más apreciable de esta etapa reciente, que en Venezuela lleva el sello de la revolución bolivariana, es el de una mayor participación ciudadana; más opinión y debate político. El venezolano no solo habla de política, sino que toma partido, vive intensamente lo que sucede en el espacio público. Los gobiernos neoliberales prefieren que el ciudadano mire para otro lado y se conforme con los asuntos de farándula y de los deportes. La fórmula de los gobiernos neoliberales es más banalidad del mal.
Pero falta mucho por ocurrir para que haya cambios verdaderos. Hemos llegado hasta aquí con unos medios públicos que confunden política con propaganda; que muchas veces se extralimitan y se conforman con el rol de cuidar la imagen de ministros y funcionarios públicos. Esos medios públicos desatentos, o deliberadamente desatentos, han mirado para otro lado cuando determinados funcionarios han amasado verdaderas fortunas y luego, tal como lo indica el guion del inconsecuente, se han ido con su morral de bienes mal habidos.
La gracia está en hacer las denuncias a tiempo, no ocultarlas, ni ningunearlas.
Eso ocurre, es probable, porque se tiende a confundir lo público con lo estatal y lo gubernamental. Se deja de lado la acción comunitaria y popular. Se mira con desconfianza la crítica y se desconoce que el mensaje que viene de las comunidades es urgente y necesario, para que haya correcciones oportunas.
Estamos en un momento de crisis abierta y desenfrenada que pone en riesgo todo, lo mucho y lo poco, que se ha podido construir.
¿Desde el punto de vista de la comunicación, qué ha sucedido o ha dejado de suceder para que estemos en este punto de quiebre? ¿Es válido que un medio público se siga comportando como si esta crisis no se hubiera instalado en nuestras costas, calles Y casas?
Detengámonos un instante para mirar lo que hace VTV que no considera noticia que la fiscalía haya desechado el juicio contra los asesinos intelectuales del líder indígena Sabino Romero. O que se vanagloria de cualquier declaración que dé un dirigente del gobierno, como si aquello fuera inevitablemente verdad. Detengámonos en lo que hace TVES, que tiene espacios que se refugian en los antivalores de siempre con el pretexto de conseguir rating.
Pudiéramos hacer muchas consideraciones sobre el papel que corresponde a un medio público, y a un canal que se considere de todos los venezolanos. Pero hay un asunto central y crucial, la comunicación, el periodismo y un medio público, están para hacer lo que tienen que hacer, desde el punto de vista revolucionario. Es muy fácil de saberlo: crear conciencia. Para conseguir ese ideal se requieren acciones e iniciativas, pero también un discurso que lo explique, porque como lo han explicado Paulo Freire, Leonardo Boff, Frei Betto, y tantos otros, crear conciencia significa conjugar, en la actividad social y política, los principios éticos y el compromiso con “la causa liberadora de los pobres (…) Concientizar es propiciar que los oprimidos y los militantes políticos logren un distanciamiento crítico frente a esa ideología dominante, de modo que asuman prácticas innovadoras y renovadoras, rechazando –en la medida de lo posible- influencias que puedan inducirlo a adoptar –en nombre de una nueva sociedad– prácticas típicas de los opresores” (Betto, Elogio de la concientización), como es el caso del corrupto, o del que tortura.
Cuenta García Márquez que en una ocasión le preguntaron a Oscar Wilde cuál es el papel que corresponde a un escritor revolucionario, y su respuesta fue: “Escribir bien”. En ese mensaje está señalado el rol que le corresponde ejercer al periodismo, asumir con pasión, ética y responsabilidad un ejercicio que contribuya a la creación de un tejido social solidario y una sociedad con justicia social y que materialice el buen vivir.


viernes, 10 de junio de 2016

La Pinta, la Niña y la Santa María

(Orlando Villalobos Finol)

El maestro Prieto Figueroa defendía la educación pública, gratuita, y hacía la exigencia de una intervención más decidida del Estado en defensa de lo público. En una ocasión participaba en un foro y una estudiante de la Universidad Santa María, institución privada y prejuiciosa, le salió con el cuento de siempre en su contra, que lo acusaba de ser populista y hasta comunista. Prieto Figueroa, veterano de mil debates, la dejó sin aliento: “Por la pinta, la niña, es de la Santa María”.

La mujer que le rezaba a la virgen

Una mujer muy creyente le rezaba a la virgen, todos los días, y le pedía trabajo, comida para sus hijos y una casa. Era persistente en sus oraciones.
Un día, al fin, la virgen escuchó sus ruegos, se le apareció y le habló. Le dijo una sola palabra: “Organízate”.

Marx en la UCAB

Un profesor hace su ponencia en la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, institución donde el neopositivismo es una religión; y donde se pregona la restauración conservadora como otra religión. En su disertación, sin más, hace una cita de Carlos Marx.
Un estudiante lo refuta y le pregunta qué tiene que ver Marx con el tema de su ponencia. El profesor le dice: la cita no tiene ninguna relación con el tema pero no me iba a perder esta oportunidad de nombrar a Marx acá en la UCAB.

Los medios son menos importantes de lo que parecen

Durante el primer gobierno de Perón había una censura férrea. Se apoderó de casi todos los medios. Cuando regresó después de aquella larga estancia en España, cuando las circunstancias –correlación de fuerzas- se lo permitieron, dijo Perón que los medios son menos importantes de lo que parecen. “En 1946, cuando gané las primeras elecciones teníamos todos los medios en contra y ganamos; en 1955, teníamos todos los medios a favor y nos sacaron. En 1973, teníamos todos los medios en contra y ganamos de nuevo las elecciones”, declaró.
La de Perón no es una teoría científica pero lo que dijo ayuda a relativizar el valor de los medios masivos.

El muerto que vivió un día más por decisión de un diario

Hará unos 20 años, un periodista prestigioso de uno de los dos diarios hegemónicos de la Argentina (hoy en aprietos) está por dar la orden de cerrar la edición del día. Se le acerca corriendo un colaborador. Le informa que se acaba de morir un famoso, querido cantante de tangos.
—¿Qué hacemos? —le pregunta preocupado—. No podemos salir sin dar
la noticia.
El jefe de redacción se recuesta en su silla, se hamaca un poco mientras
lo piensa. Súbito y contrariado, dice:
—Pero, che, carajo, tengo la edición casi lista. Ya cerraba.
—Pero se trata de «Fulano» —le insiste el otro—. Hay que decir algo.
El jefe de redacción sonríe casi piadosamente. Dice:
—Mirá, hagamos algo. Cerrá la edición como está. Lo anunciamos en la
de mañana. Dejémoslo vivir un día más.
Tan profunda es esta pequeña historia, tanto dice del poder de los
medios, que (cuando me la contó un amigo al que se la agradezco) quedé
atónito. «Dejémoslo vivir un día más». ¿Y si decide no dar nunca la noticia?
Podría decir: «Aquí, en este diario, Fulano nunca murió». Si no salís
en los diarios, ni morirte podés. Pero hay otro toque, además del poder del
medio, y es el toque de la ternura, de la generosidad: «Dejá, no te apurés.
Cerrá tranquilo la edición de hoy. Todavía no se murió. Por la magia de
este arte que manejamos, lo bendecimos con un día más de vida. Además,
se lo merecía. Era un buen tipo» (Extraído de José Pablo Feinman, Filosofía política del poder mediático, Ciudad autónoma de Buenos Aires, edit. Planeta, 2013, p. 218)


Algo tiene que costarle a uno

En una época se criticaba permanentemente a Rómulo Gallegos, después del golpe de Estado en su contra. Cuando le preguntaron sobre el asunto, Gallegos declaró: “Naturalmente eso lo tomo como se lo merece, pues algo tiene que costarle a uno el aprecio de la gente verdaderamente estimable” (Extraído de Elena Poniatowska, Utopías en movimiento, Caracas, Colección Argumentos, p. 221).

Invocando al espíritu
Una vez, caminando por Tacuarembó –en el centro de mi país, Uruguay–
me encontré con un maravilloso pensador que me invitó a su casa.
Era una casa de barro, un quincho que él mismo había levantado.
Por supuesto, inmediatamente se puso a preparar el mate. Yo me
senté en un banco que había al lado de una mesita y seguimos conversando.
Él puso, como diríamos en la ciudad, a hinchar la yerba,
en esa mesita al lado mío, con la bombilla y todo. Yo creí que me estaba
cebando el primer mate, por lo que hice el gesto de agarrarlo.
Ahí, por primera vez en toda aquella mañana, el señor se dio vuelta
y me dijo: “¡Chist!... El primero es para el espíritu”.
Yo le agradezco a aquel señor, porque me enseñó que lo que yo
preparo cada mañana no es meramente una infusión que me levanta
el ánimo para encarar el día. Es una invocación a un espíritu.
Aunque no tenga convicciones religiosas, yo sí conozco a ese espíritu,
porque lo he visto toda mi vida: es el espíritu de esa cosa ávida
y chiquita que se da porque sí. Es una forma de relacionarse. Es un
juego en el que damos algo sin esperar nada a cambio, porque es el
derecho del otro que yo se lo dé. Nada más que eso.
(Extraído de Néstor Ganduglia (2009). “La comunicación comunitaria: proceso cultural, social y político”. En Area de Comunicación Comunitaria (compiladores), Construyendo comunidades. Reflexiones actuales sobre comunicación comunitaria, (pp. 91-121), Argentina, La Crujía Ediciones.


Se fue con un marciano
Es Woody Allen, cuya filmografía es desbordante y la mayoría de
sus títulos excepcionales. En Días de radio (en la que narra su infancia) se detiene —en uno de los tantos relatos diseminados en el film— en contar la historia de su tía Bea y sus frustrados amores. Bea es la gran Dianne Wiest. Cierta noche, la encontramos dentro de un automóvil con un ocasional amigo. Vienen de tomarse unas cuantas cervezas. El tipo finge que el auto se descompone y frena. El lugar es solitario, la neblina impide ver nada. Pero Manilus (así se llama el tipo) sabe lo que hace. «Bea, qué desgracia. Me quedé sin gasolina». «¿Y ahora qué hacemos?». «¿Qué tal si charlamos un ratito?». La empieza a besar. «Pero, Manilus», dice Bea, «es la primera vez que salimos». «Mejor, así no perdemos tiempo». De pronto, la dulce, romántica
música que emitía la radio se corta bruscamente:
—¡Señoras y señores, una noticia arrasa todas las emisoras! Es terrible,
pero no la podemos ocultar. ¡Los marcianos han invadido el planeta! Se
han adueñado de Nueva York y están tomando posesión del resto del país.
Manilus, aterrorizado, se baja del auto y empieza a correr como un loco.
Bea se queda sola, en medio de un camino terroso, con una neblina que no
le permite ver nada y la radio anunciando catástrofes. De un modo u otro,
consigue regresar a su casa. A la semana suena el teléfono. Es Manilus.
Pregunta por Bea. La madre del niño Woody —la también gran Julie
Kavner— le dice:
—Bea no está. Se fue de esta casa.
—¿Se fue?
—Sí, se casó.
—¿Se casó?
—¿No lo sabías, Manilus? Con un marciano.
(Extraído de José Pablo Feinman, Filosofía política del poder mediático, Ciudad autónoma de Buenos Aires, edit. Planeta, 2013, p. 218)

Lo que está en el inconsciente

Un tipo cree ser un grano de maíz y, por tanto, le llevan al psicólogo. Tras una terapia titánica, los médicos le convencen de que no es un grano de maíz, sino un hombre, y le dan el alta, pero el fulano regresa aterrorizado a los tres minutos: se ha encontrado una gallina en la puerta del psiquiátrico y tiene miedo de ser engullido. Su médico le tranquiliza: “No se preocupe, amigo, usted no es un grano de maíz, sino un hombre”. “Ya lo sé”, responde el paciente, “pero ¿lo sabe la gallina?”. (Tomado de: Slavoj Žižek (Liubliana, Eslovenia).
He aquí el análisis del doctor Slavoj Zizek sobre este chiste:
“Ése es el auténtico meollo del tratamiento psicoanalítico: no basta con convencer al paciente de la verdad inconsciente de sus síntomas; también hay que conseguir que el propio inconsciente asuma esa verdad”.