Nos acompaña este músico y militante. Nació en
Barquisimeto; hizo de Maracaibo su casa. Fue el director
técnico y luego director, desde de la década de los 70 hasta 2015, de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, ayudando a convertirla en una
referencia nacional e internacional. Fue un violinista excepcional. También
fundó el Festival Maracaibo en Guitarra y el Festival de Música
Latinoamericana Contemporánea. Tuvo la oportunidad de dirigir al maestro Alirio
Díaz, así como a otros guitarristas que pasaron por Maracaibo. También tuvo un
programa de música en LUZ FM. Se despidió el 8 de octubre de 2015.
domingo, 13 de noviembre de 2016
viernes, 4 de noviembre de 2016
El nuevo comunicador
Autor:
Alfonso Gumucio Dagron [1]
Las
siguientes están llamadas a ser las principales premisas del nuevo comunicador:
1. El nuevo comunicador debe comprender que la tecnología es
una herramienta y nada más que una herramienta. La tecnología puede apoyar el
proceso de comunicación, pero este no puede depender totalmente de ella.
También, es importante comprender que la tecnología no sólo implica
computadores, satélites e Internet. Un lápiz es un maravilloso producto de la
tecnología y técnicas de comunicación que han demostrado su eficacia van desde
el teatro popular hasta los murales comunitarios.
2. El nuevo comunicador debe entender profundamente que la
comunicación para el cambio social trabaja esencialmente con culturas y que se
necesita una sensibilidad muy especial para apoyar el proceso de cambio social
en el mundo en desarrollo, que no tiene nada más a que aferrarse que a su
identidad cultural. Desarrollo y cambio social deben ser posibles dentro de un
proceso de intercambios culturales horizontales y respetuosos.
3. El nuevo comunicador debe estar familiarizado con el
siguiente concepto: en comunicación para el cambio social el proceso es más
importante que el producto. En periodismo, los artículos, los documentales de
video o los programas de radio son resultados valiosos para un profesional
experimentado. Pero en el cambio social y desarrollo, el proceso de
comunicación con la gente y dentro de las comunidades es más importante que las
ayudas impresas o audio-visuales que puedan surgir de esa dinámica. Es en el
proceso de comunicación y participación que se inicia el cambio social.
[1]
Boliviano.
Es escritor, cineasta, periodista,
fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha publicado más
de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio y estudios sobre literatura,
cine y comunicación, entre ellos: Haciendo olas: Comunicación participativa para el
cambio social (2001)
y Antología
de Comunicación para el Cambio Social (2008).
domingo, 30 de octubre de 2016
Volvamos al campo
(Autor:
Mario Fernández)
Tenemos
muchos años proponiendo el uso de nuestros patios y solares para la siembra,
mucho antes que en nuestro país se hablara de agricultura urbana y periurbana.
Claro está, también es cierto que no he sido el único, no se trata de competir
entre quiénes serían los pioneros, pero en esto he sido persistente incluso
necio.
Muy
pocos han atendido el llamado que hemos hecho, tal vez por no haber encontrado
una didáctica convincente y adecuada de nuestra parte.
A
ver si los convenzo esta vez: la agricultura no solo sirve –sobre todo la que
podemos realizar en nuestras casas- para producir alimentos para nuestra
bioquímica humana, reponiendo las proteínas, vitaminas, minerales, etc., que
hemos consumido, sino y también, para nuestro estado de ánimo y nuestro espíritu
provocando un necesario equilibrio dentro del agite citadino y cotidiano. La
llamada agricultura familiar lo es porque participan todos los moradores de la
casa, entonces aumenta el calor afectivo de sus miembros adquiriendo la
categoría de hogar.
A
través de la agricultura podemos revisar la historia de la humanidad en
términos globales, civilizatorios, locales, comunales, entre otros. Recordemos
que cultivo es cultura, por lo tanto la escritura que el ser humano ha impreso
sobre la tierra para producir sus necesidades primarias es una enorme
enciclopedia con datos acerca de nuestro pasado en espera que la revisemos una
y mil veces.
La
práctica agrícola funciona como un ejercicio físico con doble resultado: nos
libramos de toxinas y generamos alimentos. Ambas derivaciones son frutos en el
sentido estricto del término, ya que fruto es equivalente a producto (del latín
productus) como aquello que proviene del trabajo y el esfuerzo.
Atender
los cultivos en forma grupal nos lleva a tertulias y conversas no solo sobre lo
agrícola sino sobre cualquier otro tema, así que una buena excusa para la
reflexión colectiva puede ser aprovechar este tipo de labores. En solitario,
nos abre enormes posibilidades para disquisiciones filosóficas y
trascendentales.
La
paciencia como uno de los valores humanos, bien puede desarrollarse a través de
la práctica agrícola, entendiendo que ésta se da por etapa: siembra de la
semilla y espera de su germinación; crecimiento de la planta y expectación por
las primeras flores; gestación de las flores y surgimiento de los frutos;
aguardar por la cosecha.
Los
colores y olores que surgen de todas las partes de las plantas; las mariposas y
otros insectos que atrae; las aves que se acercan con su trinar; la
satisfacción por consumir alimentos producidos por uno mismo; la frescura y
estética de nuestros patios agrícolas; entre otras miradas, crean un verdadero
marco terapéutico tan necesario para los seres humanos, sobre todo quienes
vivimos en las urbes bombardeadas por todo tipo de contaminación.
¡Alguien
me escuchó! Gratamente debo resaltar que un buen amigo decidió emprender la
agricultura en su solar, atendiendo todo lo anteriormente expuesto. Se trata
del profesor José Larez joselarezve@hotmail.com que junto a su esposa y sus
tres hijos menores (un niño y dos niñas) están viviendo la experiencia de la
horticultura.
Sigamos
el ejemplo del amigo citado y hagamos palpable aquellos versos de Rafael
Rodríguez: “Volvamos al campo amigo mío/volvamos a su esplendor/vamos a beber
agua del río/y a ver como sale el sol/olvidemos el petróleo/que es un mundo de
ilusión/de a poco se va gastando/como un viejo corazón/volvamos al campo amigo
mío/volvamos a su esplendor…” (Rodríguez Rafael. Compositor zuliano, autor de
gaitas como “Orinoco”, “Alguien Canta”, “Gaita Entre Ruinas”, etc.)
Más
abajo, una imagen donde estamos en casa de José Larez, ubicada en el barrio
“Brisas del Sur” de la parroquia Manuel Dagnino en el municipio Maracaibo
(estado Zulia, Venezuela -para quienes no conozcan al país-):
sábado, 29 de octubre de 2016
A vos, varón
Autora: Mariana Carbajal
/Diario Página 12 25.10.2016
No digas “te hago la cama”,
cuando tendés la cama en la que dormís con tu pareja; ni “te ayudo” a la
hora de cocinar o asumir ocasionalmente alguna de las tareas domésticas.
Compartí diariamente ese trabajo invisible y no remunerado del hogar, sobre el
cual se sostiene la economía del país.
Regalale a tu hija también una pelota y
jugá con ella al fútbol. Y a tu hijo, comprale una muñeca y un juego de cocina,
con escoba y palita incluida.
No
hagas chistes machistas con tus compañeros de oficina.
No me apoyes en el subte ni me susurres
frases con connotaciones sexuales al oído cuando paso por esa vereda angosta.
No
cosifiques a las mujeres en los medios de comunicación.
No rechaces a esa joven que se presenta
por la oferta laboral que estás ofreciendo en tu negocio o tu empresa porque
imaginas que puede quedar embarazada en poco tiempo y supones que va a faltar
más que un hombre cuando se enfermen sus hijos.
No le pagues menos a tu empleada porque
sabés que tiene cuatro pibes a cargo y no se queja por temor a perder ese
salario.
No te opongas a que ellas ocupen
lugares de decisión en el sindicato o encabecen listas en los partidos
políticos.
No
pagues por el cuerpo de una chica esclavizada por redes de trata.
Apoyá que apruebe en el Congreso la
interrupción legal de embarazo. La criminalización del aborto pone en riesgo
nuestras vidas.
Aceptá
que tu novia maneja las riendas de su vida.
No abuses sexualmente de alguna de las
niñas (ni de los niños) de tu familia.
No pienses que un “no” es un “sí”.
No me mates.
miércoles, 26 de octubre de 2016
El fusilado lo cuenta
(De Soldados de
Salaminas, de Javier Cercas (España, Cáceres))
Aquello fue un tira
y afloja agotador, y no fue hasta la última cerveza de aquella tarde cuando
Ferlosio contó la historia del fusilamiento de su padre, la historia que me ha
tenido en vilo durante los dos últimos años. No recuerdo quién ni cómo sacó a
colación el nombre de Rafael Sánchez Mazas (Quizás fue uno de los amigos de
Ferlosio, quizás el propio Ferlosio). Recuerdo que Ferlosio contó:
-Lo fusilaron muy
cerca de aquí, en el santuario del Collel. –Me miró-. ¿Ha estado usted allí
alguna vez? Yo tampoco, pero sé que está junto a Banyoles. Fue al final de la
guerra. El 18 de julio le había sorprendido en Madrid, y tuvo que refugiarse en
la embajada de Chile, donde pasó más de un año. Hacia finales del treinta y
siete escapó de la embajada y salió de Madrid camuflado en un camión, quizá con
el propósito de llegar hasta Francia. Sin embargo, lo detuvieron en Barcelona,
y cuando las tropas de Franco llegaban a la ciudad se lo llevaron al Collel,
muy cerca de la frontera. Allí lo fusilaron, fue un fusilamiento en masa,
probablemente caótico, porque la guerra ya estaba perdida y los republicanos
huían en desbandada por los Pirineos, así que no creo que supieran que estaban
fusilando a uno de los fundadores de Falange, amigo personal de José Antonio
Primo de Rivera por más señas.
Mi padre conservaba
en casa la zamarra y el pantalón con que lo fusilaron, me los enseñó muchas
veces, a lo mejor todavía andan por ahí; el pantalón estaba agujereado, porque
las balas solo lo rozaron y él aprovechó la confusión del momento para correr a
esconderse en el bosque. De allí, refugiado en un agujero, oía los ladridos de
los perros y los disparos y las voces de los milicianos, que lo buscaban
sabiendo que no podían perder mucho tiempo buscándolo, porque los franquistas
les pisaban los talones. En
algún momento mi padre oyó un ruido de ramas a su espalda, se dio la vuelta y
vio a un miliciano que le miraba. Entonces se oyó un grito: “¿Está por ahí?”.
Mi padre contaba que el miliciano se quedó mirándole unos segundos y que luego,
sin dejar de mirarle, gritó: “¡por aquí no hay nadie!”, dio media vuelta y se
fue.
viernes, 21 de octubre de 2016
Nuevo director en el CICI
El jueves 20 de octubre se dio la transición
de la dirección del Centro de Investigación de la Comunicación y la Información,
CICI, de la Universidad del Zulia. En la fotografía estamos Fanny Ramírez,
Angel Páez, nuevo director de la institución; y quien suscribe, Orlando
Villalobos, director saliente -ejercí el cargo en el lapso 2008-2016-.
Desde el CICI hemos proclamado y
defendido la bandera de que la investigación no es una actividad complementaria, es la función
básica que justifica la existencia de la universidad, y define el resto de las
funciones que cumple la institución.
La filosofía del centro entiende y asume que el aporte más
significativo para el logro de este proyecto es la producción continua y coherente
de conocimiento, como eje central de los cambios estructurales que es necesario
provocar. Las demandas cada vez más puntuales que plantea el país nos obliga a
cambiar los tradicionales códigos de interpretación de la realidad social,
revisar críticamente los paradigmas de investigación científica, y todo eso
pasa por modificar no sólo los métodos y metodologías, sino también la actitud
y el compromiso de la comunidad de investigadores frente al proceso del
conocimiento. Estos postulados forman parte de las definiciones, postulados y
anhelos del CICI.
lunes, 17 de octubre de 2016
Periodismo y cinismo
Dice
Andrea… Estoy esperando al próximo muerto para escribir sobre él. Mi trabajo
diario depende de las tragedias que otros padecen. Un asaltado el martes, un
narco el miércoles, una violada el jueves, dos calcinados el sábado. De las
víctimas del domingo y el lunes se ocupan otros. Los viernes hay paz. De mis
coberturas cotidianas he podido deducir algunas reglas. La principal: los ricos
prefieren no involucrarse. Aún así, lo que les pase a ellos siempre estará por
encima de lo que les ocurra a los demás. Ryszard Kapuscinski dijo que los
cínicos no sirven para este oficio. Creo que se equivocó. Hace falta un alto
grado de cinismo para ajustarse a la ley de una sala de redacción.
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