lunes, 11 de agosto de 2008

El socialismo del siglo veintiuno: notas para su discusión

(Atilio A. Boron / Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales / PLED Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, Argentina) www.centrocultural.coop/pled

El propósito de esta ponencia es aportar algunos elementos para la discusión sobre el socialismo del siglo veintiuno. El tema, no por casualidad, está siendo objeto de una intensa y creciente
discusión. Si hacemos una rápida consulta al Google y miramos el número de páginas existentes, a finales de Julio de 2008 sobre el "Socialismo del siglo XXI" veremos que aparecen listadas aproximadamente más de 1.200.000 páginas que responden a dicho título. Dado el volumen de la bibliografía existente nos limitaremos a examinar algunas ideas que nos parecen centrales y que quisiéramos dejar como aporte para un futuro trabajo de elaboración colectiva. No tienen pretensión alguna de exhaustividad sino que, por el contrario, deben ser comprendidas como una parcial contribución a un debate en curso tendiente a lograr una definición cada vez más precisa del horizonte socialista de las luchas emancipatorias de nuestra época.
Abordaremos esta reflexión a partir de una distinción tripartita entre: 1. los valores y principios medulares, que deben vertebrar un proyecto que se reclame como genuinamente socialista. 2. El programa de ese proyecto, es decir, el tránsito desde el universo de los valores a la agenda concreta de la construcción del socialismo y las políticas públicas requeridas para su implementación. 3. Finalmente, el tema del "sujeto histórico" (o los sujetos) de ese proyecto, y sus características distintivas.

Valores. Se trata de un tema clave, porque un proyecto socialista no puede manifestar la menor ambigüedad axiológica en relación a su crítica intransigente y radical a la sociedad burguesa. A la luz de las experiencias que tuvieron lugar durante la fase "keynesiana" del capitalismo no se puede alimentar la menor ilusión acerca de la capacidad de lograr reformas profundas y sobre todo duraderas en la estructura de este tipo de sociedad. La involución que sufrió a consecuencia de la contrarrevolución neoliberal a partir de los años 1980s demuestra, más allá de toda duda, que los avances que se habían producido en los años de la posguerra -y que dieran lugar a múltiples teorizaciones sobre "el fin de las ideologías", el agotamiento de la lucha de clases, las virtudes de la irrestricta movilidad social ascendente, el triunfo de la democracia liberal, etcétera- estuvieron muy lejos de ser irreversibles. Esta reversión ha confirmado, una vez más, la extraordinaria resiliencia del capitalismo y su capacidad para retornar a la "normalidad" de su funcionamiento explotador, expoliador y opresivo una vez que se disipan las coyunturas amenazantes que, en los años de la posguerra, le obligaron a hacer pasajeras concesiones a las clases subalternas. Componente estratégico de esa coyuntura fue la amenazante presencia de la Unión Soviética. Y es que a pesar de su doctrina oficial de la "coexistencia pacífica", justamente criticada por el Che en numerosas intervenciones orales y escritas, la sola existencia del ejemplo soviético y posteriormente de la revolución china obligó a las burguesías metropolitanas a aceptar reivindicaciones que antes de 1917 hubieran sido respondidas apelando a los servicios de la gendarmería.
Dicho lo anterior es preciso subrayar que un socialismo renovado de cara al siglo veintiuno no puede quedar reducido a la construcción de una nueva fórmula económica, por más
resueltamente anti-capitalista que ésta sea. El Che tenía toda la razón cuando dijo que "el socialismo como fórmula de redistribución de bienes materiales no me interesa." 3 De lo que se trata es de la creación de un hombre y una mujer nuevos, de una nueva cultura y un nuevo tipo de sociedad, caracterizado por la abolición de toda forma de opresión y explotación, el primado de la solidaridad, el fin de la separación entre gobernantes y gobernados y la reconciliación del hombre con la naturaleza.

Proyecto. El apartado anterior analizó, brevemente, la problemática de los valores y destacó la incuestionable superioridad ética del socialismo en relación al capitalismo, tema que no debe olvidarse pese a que muy a menudo se lo deja de lado. Veamos ahora el proyecto y un caso especial: "la planificación central" de la economía, que en el pasado fue interpretada como consustancial con el socialismo y que hoy aparece claramente como producto de una época no existiendo razones irrebatibles para que sea mantenida en el futuro. Si en el marco del desplome del estado zarista, la Primera Guerra Mundial y la salvaje agresión perpetrada en contra de la joven república soviética la socialización de la economía fue asimilada con la total estatización de las actividades económicas, en la actualidad esa receta no sólo es inadecuada sino, además, contraproducente para la consolidación de un proyecto socialista en las condiciones actuales de la economía mundial. Si el modelo de la estatización total de la economía fue una necesidad impuesta por determinadas circunstancias esto no significa que deba ser la única alternativa de un proyecto socialista. Y esta conclusión es válida aún si se tiene en cuenta que en su tiempo ese modelo fue altamente exitoso porque hizo posible un formidable desarrollo de las fuerzas productivas y convirtió al país más atrasado de Europa de comienzos del siglo veinte en una gran potencia industrial y militar. Sin embargo, sus logros en una fase de industrialización extensiva no fueron suficientes para responder eficazmente los nuevos desafíos planteados por la tercera revolución industrial, con el desarrollo de la microelectrónica, las telecomunicaciones, la informática y todas las aplicaciones industriales derivadas de estos adelantos científicos y, gradualmente fue perdiendo terreno ante sus rivales capitalistas hasta llegar a su inglorioso derrumbe final, cuando todo el edificio político construido por la primera revolución proletaria de la historia, un acontecimiento extraordinario en la vida de las naciones, se desplomó sin un solo disparo, y ante la increíble indiferencia de la población.
El tema de la magnitud e implicaciones de estos grandes cambios económicos mereció una aguda observación del Comandante Fidel Castro en su discurso del 17 de Noviembre del 2005 en la Universidad de La Habana conmemorando el sexagésimo aniversario de su ingreso a esa casa de estudios. Dijo en esa oportunidad que "somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía —y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país— es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva. Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin." 4 Fidel tiene razón: la economía de hoy no es la de hace cincuenta años atrás. No lo son ni el paradigma productivo, ni las modalidades de circulación de las mercancías, ni las características del sistema financiero ni el entrelazamiento mundial del capital y el de éste con los estados de los capitalismos metropolitanos. Por lo tanto, las políticas económicas del socialismo deben necesariamente partir del reconocimiento de esas nuevas realidades. Y, al mismo tiempo, tener la humildad y la sensatez necesarias como para desconfiar de fórmulas librescas, pret a porter, que se presentan como válidas para todo tiempo y lugar para la construcción del socialismo. En esa misma plática a los universitarios Fidel decía que "uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo." 5 Lección esta importantísima, no sólo por provenir de quien proviene sino porque desafía la tendencia pertinaz en la izquierda de reducir la construcción del socialismo a la aplicación de una receta, un modelo, una fórmula.

Sujetos. Claramente, en plural. No existe un único sujeto -y mucho menos un único sujeto preconstituido- de la transformación socialista. Si en el capitalismo del siglo diecinueve y comienzos del veinte podía postularse la centralidad excluyente del proletariado industrial, los datos del capitalismo contemporáneo y la historia de las luchas de clases sobre todo en la periferia del sistema demuestran el creciente protagonismo adquirido por masas populares que en el pasado eran tenidas como incapaces de colaborar en la instauración de un proyecto socialista. Campesinos, indígenas, sectores marginales urbanos eran, en el mejor de los casos, acompañantes en un discreto segundo plano de la presencia estelar de la clase obrera. La historia latinoamericana, desde la Revolución Cubana hasta aquí, ha demostrado que, al menos en los capitalismos periféricos el exclusivismo protagónico del proletariado industrial no fue confirmado por los hechos. Baste recordar la caracterización del "pueblo" hecha por Fidel Castro en La Historia me Absolverá, o el papel de esas masas populares urbanas y rurales en los levantamientos que tuvieron lugar en Bolivia y Ecuador (que se tradujeron posteriormente en las victorias electorales de Evo Morales y Rafael Correa), o el heroísmo de esas masas en la derrota del golpe de estado de Abril del 2002 en contra de la Revolución Bolivariana para apreciar, en toda su magnitud, la multiplicación de los sujetos de la resistencia y oposición al capitalismo. Para finalizar, no podríamos dejar de examinar esta problemática sin cuestionar la falsa oposición que suele plantearse entre partidos y movimientos sociales. Lamentablemente, en los últimos tiempos esta oposición radical se arraigó muy profundamente en el imaginario de numerosos actores sociales y políticos de América Latina y el Caribe. La consecuencia fue que mientras los partidos políticos de izquierda fueron todos ellos satanizados y considerados sin hacer distingo alguno -y por lo tanto cometiendo una enorme injusticia con algunos que lucharon ejemplarmente contra las dictaduras que asolaron a nuestros países en los años setentas y ochentas- como aparatos burocratizados, desmovilizadores y claudicantes, los movimientos sociales fueron exaltados como excelsas organizaciones inmunes a las deformaciones burocráticas, las ambiguedades, los personalismos y las mezquindades que según esta poco feliz interpretación caracterizarían a los partidos de izquierda de la región. Demás está decir que esta simplificación no resiste el menor análisis y que cualquiera mínimamente informado sobre la realidad sociopolítica de nuestros países sabe que los vicios que se achacan, muchas veces con justa razón, a los partidos también afectan, en mayor o menor medida, a los movimientos sociales. Sus proclamas a favor de la horizontalidad y el "basismo" no siempre encuentran una traducción real en la vida concreta de los mismos y no pocas veces son un discurso divorciado de los hechos. Y las "nuevas formas de hacer política" con que los movimientos sociales muchas veces se presentan en la escena pública para diferenciarse de la vieja politiquería partidaria suelen más pronto que tarde dar lugar a la resurrección de odiosas prácticas que se creían exclusivas de los partidos.

En otras palabras: partidos y movimientos representan dos modos de articular los intereses del campo popular, modos que no son contradictorios sino complementarios entre otras cosas porque juegan en distintos escenarios: los partidos en el marco de las instituciones políticas y los movimientos en el seno de la sociedad civil. Si estos demostraron poseer una potencial capacidad para establecer una conexión más estrecha con su propia base y representar de manera más inmediata sus intereses, adolecen en cambio de una enorme dificultad a la hora de sintetizar la multiplicidad de particularismos que ellos encarnan en una fórmula política y en una estrategia unificada que pueda enfrentar con éxito la estrategia unificada de la burguesía. Tanto los partidos como los movimientos parecen ignorar que ésta jamás apuesta todas sus cartas en un solo escenario sino que continuamente combina tácticas y estrategias que utilizan tanto los canales institucionales (las elecciones y todas las instituciones políticas del estado) como los canales extra-institucionales: la calle, las movilizaciones, la propaganda política, los medios de comunicación de masas, los sabotajes, lock-outs patronales, fuga de capitales, huelga de inversiones, chantajes sobre los gobernantes, etcétera. En una palabra, la burguesía no se enfrenta con los falsos problemas que suelen paralizar al campo popular, esterilizado y desmovilizado en improductivas discusiones acerca de si movimientos sí o movimientos no, o partidos sí o partidos no. Profunda conocedora del poder y sus secretos, la burguesía utiliza todas las armas disponibles en su arsenal haciendo caso omiso de sus características, mientras sus opositores se desangran dirimiendo primacías entre unas y otras y quedando por eso mismo a merced de sus enemigos de clase. La Reina Soja golpeó en Doha Nada será igual en el Mercosur Por Víctor Ego Ducrot Desde Buenos Aires La alineación de Brasil con EE.UU. y la UE es consecuencia del proyecto agrocombustibles. La maldición de la renta basada en “commodities”. Lula y Cristina Fernández se verán las caras. A las palabras se las lleva el viento. Ese parece ser el sino de la política internacional y doméstica de última generación. El canciller de Brasil, Celso Amorim, había comparado las actitudes de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) en las negociaciones sobre comercio mundial con el mismísimo Joseph Goebbels, pues para el alto funcionario de Brasilia, Bruselas y Washington aplicaban aquél principio del jerarca nazi que dice “si uno repite una mentira varias veces, se convierte en verdad". Sin embargo todo cambio, y muy rápido

domingo, 10 de agosto de 2008

"Leer no es un placer fácil"

Por Silvina Friera (Página12/Argentina)
Cuando decidió estudiar bibliotecología en Bogotá, su padre, un médico que le contagió el gusto por los libros, le aconsejó que no siguiera esa carrera. “Te gusta mucho leer, sos buena lectora y un bibliotecario no es un buen lector”, le decía para desalentarla. Pero Silvia Castrillón, que no se amedrentó por la recomendación paterna, se recibió de bibliotecóloga y desde entonces es una de las especialistas en literatura infantil que sigue peleando para que los colombianos tengan más y mejor acceso a la cultura del libro a través de las distintas instituciones por las que pasó, como la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil, Fundalectura y Asolectura, entre otras. De visita en Buenos Aires, donde participó de la Conferencia Editorial, un ciclo de charlas organizado por Opción Libros en la librería El Ateneo, esta mujer orquesta, escritora, editora y librera, simpática y tan jovial que no parece que tuviera 65 años, plantea que la promoción de la lectura es un problema político. “Tengo la necesidad de trabajar contra la injusticia y la inequidad que implica la falta de acceso a la lectura y a la cultura escrita”, dice Castrillón a PáginaI12.
“La lectura ya no es una manera de mirar la realidad. Antes se creía mucho más que la realidad se narraba a través de los libros. Ahora la forma de mirar la realidad es a través de otros medios”, advierte la especialista colombiana. “Se lee más, pero el sentido de la lectura se ha transformado muchísimo.”
–¿Cuál es el sentido de la lectura que prevalece en la escuela?
–El problema de la escuela es que casi todos los aprendizajes han perdido el sentido, por lo menos en Colombia. El sentido ahora es la evaluación, los estándares educativos, las pruebas. Son políticas educativas impuestas por el Banco Mundial que responden a un modelo de educación donde lo que se quiere es que la escuela forme trabajadores que puedan tener un desempeño laboral con éxito individual. Pero la sociedad no le ofrece trabajo y el éxito de uno implica el fracaso de muchos otros. En las escuelas, los niños preguntan: ¿Por qué tengo que aprender a leer y escribir? ¿Eso para qué me sirve, profe? En este momento los países están muy interesados en ver cómo se ubican en el ranking internacional. Los colombianos estamos siempre fijándonos si estamos primero que Argentina, y todo el mundo está trabajando alrededor de la evaluación y los estándares educativos; estándares, que como bien lo dice Emilia Ferreiro, implican homogeneización.
–Ante la pregunta para qué leer, ¿qué responde la escuela como institución y qué respondería usted?
–La escuela dice que hay que leer para cumplir con las normas y para alcanzar un diploma, aunque no sea garantía de trabajo. Cuando la escuela admite que hay que pensar de otra manera, propone una lectura lúdica, que los niños se interesen por la lectura mediante la consigna del placer, pero este concepto está desnaturalizando las prácticas de lectura y quitándoles el sentido que tienen. Leer es un placer, uno no lo puede negar, pero no es un placer fácil de alcanzar. Es un placer que también hay que construir y hay que invertir mucho esfuerzo tanto por parte de la escuela como parte de quien está aprendiendo. Lo que la escuela ofrece es un placer intrascendente, un placer que se agota en una actividad llamada lúdica entre comillas. Lo lúdico también se ha convertido en un derecho que exigen los niños. “Profe, es que usted no enseña de manera lúdica, nosotros tenemos derecho al placer.” Si no es por el lado de la evaluación, nos vamos por la respuesta de lo lúdico, pero eso tampoco permite crear condiciones para que el niño descubra cuál sería el sentido que puede tener la lectura en su vida. Para mí la lectura está asociada con necesidades del ser humano, que no son todas iguales, porque somos diferentes, pero tenemos la necesidad de aprender, de tener una experiencia estética, de comprender el mundo y de transformarlo. La respuesta estaría en tratar de crear las condiciones que permitan que los niños y jóvenes asocien la lectura y la escritura con una necesidad interna de ellos, no con una necesidad externa, impuesta. La escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar. Lo que la escuela tiene que hacer es tratar de crear esas condiciones que permitan a los niños descubrir que leer es una necesidad. No es un lujo ni una obligación.
–¿La escuela está trabajando para crear esas condiciones?
–No, pero soy muy cauta porque la escuela es blanco de todos los problemas que tiene la sociedad. Si la sociedad pierde el sentido de la lectura, pues sí, a la escuela le toca recuperarlo, pero es una recuperación muy difícil porque a la escuela, que de por sí es una institución muy conservadora, le correspondería ir en contra de lo que la sociedad le está proponiendo. Ir contra la corriente es una pelea muy dura para la escuela. Pero hay muchos maestros lectores que tienen un compromiso ético con los niños. En este momento no creo que pueda haber grandes transformaciones educativas sino pequeños cambios impulsados por el maestro al interior de las aulas. Todavía creo en la utopía y me parece que los maestros están logrando pequeñas transformaciones.
–¿Por qué se promueve más la lectura y no tanto la escritura?
–Hablamos mucho de la lectura y poco de la escritura y eso también es una postura ideológica. La lectura también es producción, creación, pero está mucho más relacionada con el consumo de libros porque hay intereses económicos vinculados con un sector de la economía del mercado, que es el de la producción de libros. Además, se promueve más la lectura que la escritura porque la escritura es una forma de emancipación; la lectura también, pero la escritura más. Dar la palabra, expresarse a través de la escritura, es un paso más allá en la emancipación, es tener un pensamiento más libre. Muchas personas dicen que el maestro tiene que ser un ejemplo de escritor y de lector, pero esa idea de ser ejemplo estaría en desacuerdo con lo que pienso que es ser lector. El lector parte de la duda, de la ambigüedad, como dice Graciela Montes “parte del enigma y no de la consigna”, y si yo estoy mostrando como modelo y ejemplo al maestro no estoy creando las condiciones para que el niño dude también del maestro.
–Entregar libros es necesario, pero no suficiente; parece ingenuo pensar que los libros tienen alguna cualidad mágica que hace que sean leídos inmediatamente...
–Las escuelas tienen que estar bien dotadas de libros, es muy importante que los gobiernos adquieran y distribuyan libros, que haya bibliotecas al servicio de la comunidad, y que las bibliotecas se construyan como proyectos de la comunidad. El libro por sí solo no alcanza, pero es necesario. Ahora muchos de los discursos educativos plantean que ya no es necesario el libro, que está siendo sustituido por las nuevas tecnologías. Alguien en Bogotá, que tiene un cargo muy importante dentro de la administración pública en educación, dijo: “Ya no leemos libros, buscamos la información en computadoras”. Ahí es donde yo digo que es necesario que los libros estén en las escuelas. Lo que me preocupa es que cuando uno dice que el libro no basta, puede tener muy buenas intenciones en decirlo, pero también detrás de eso puede estar la idea de que el libro es sustituible.

martes, 5 de agosto de 2008

Los yukpas

(Julio Escalona) No hay grandes titulares. Debe ser porque hace más de 500 años que los están asesinando. La comunidad Chaktapa. Está por ahí, en Machiques. Dice la denuncia que a José Manuel Romero de 109 años lo apalearon y parece que junto con los golpes, la tristeza y la rabia lo mataron. A esta memoria cultural de un pueblo, que debería tener un reconocimiento nacional. Invadieron su comunidad atropellando mujeres y niños. A sus años no pudo proteger a su pueblo. Vomitando sangre estuvo. Seguramente como muriéndose con los sueños rotos, las tierras fértiles robadas, las antiguas costumbres mancilladas, la familia destrozada, la comunidad disolviéndose. Su hijo, Sabino Romero, el cacique de la tribu, está escondido, pues lo buscan para matarlo.
Dice la denuncia que los responsables directos de este crimen y de los atropellos cometidos son los ganaderos de la zona; y los alcahuetas son la guardia nacional, el ejército y la Fiscalía de Machiques.
Los Yukpas están en una zona geoestratégica clave: minas de carbón, tierras fértiles, caminos de toda clase de contrabando, cerca de la frontera con Colombia, del Golfo de Venezuela, del Lago de Maracaibo, del Petróleo, del separatismo transnacional y sus aliados regionales, de los paramilitares, los sicarios, los hacendados que extienden cada vez más los cercados, las empresas asociadas a CarboZulia y cierta ausencia (¿o complicidad?) de las instituciones venezolanas.
Los dioses de la razón, del desarrollismo, del racismo, del etnocidio, del geocidio han triunfado sobre los dioses del agua, de los bosques, de las estrellas, de la luna, de la luz, del amor. Es el triunfo del capital, del dios del dinero. Son los mismos que están triunfando en la amazonía, que pronto podría estar cruzada por carreteras; que pugnan por convertir el polo norte en campo petrolífero, que impulsan la guerra. Si los Yukpas y las civilizaciones primigenias continúan muriendo, seguramente no quedará planeta donde construir utopías. La palabra iría perdiendo su poder como fuerza creadora y los dioses del viento podrían enterrarla. No harían falta los misiles de la IV flota. Aún hay tiempo. Hay un pueblo que vibra con esperanza. Le toca a él decir basta y echarse a andar. Más fuerte es la luz de la esperanza. Un tiempo de pueblo nos aguarda. Amén.

lunes, 4 de agosto de 2008

La batalla de la letra Ñ

UNA AVENTURA QUIJOTESCA

Gabriel Rubio, AFP
MADRID, España. A principios de los años noventa, los 400 millones de personas que hablan español salieron a partir lanzas en defensa de una letra. A simple vista, nada parecía más quijosteco que la denominada "batalla de la eñe". Fuera del idioma español, era difícil comprender esa campaña universal, que estaba destinada -en el fondo- a preservar nada menos que el alma y la identidad de la lengua: la letra eñe, que se utiliza de manera constante desde el siglo XV, aparece en palabras esenciales del idioma como "español" y "niño".
Esa auténtica guerra cultural estalló cuando la Unión Europea (UE) impulsó en forma imprudente el proyecto de algunos fabricantes de ordenadores, que pretendían comercializar teclados sin Ñ.
Hasta ese momento, existía una reglamentación que impedía comercializar en España productos informáticos que no tuvieran en cuenta "todas las características del sistema gráfico del español".
La UE estimó que esa disposición equivalía a una medida proteccionista que violaba el principio de libre circulación de mercancías. Como era previsible, la primera en reaccionar fue la Real Academia Española (RAE). La desaparición de la Ñ de los teclados, proclamó en un informe divulgado en 1991, representaría "un atentado grave contra la lengua oficial". "Es escandaloso que la CE (Comunidad Europea) se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la eñe ( ... ) sólo por razones de comodidad comercial", afirmó entonces el premio Nobel de Literatura 1982, el colombiano Gabriel García Márquez. "Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas sigue expresándose con dos", argumentó. También la poetisa argentina María Elena Walsh reaccionó, a través de texto de enorme ternura publicado por el diario La Nación, de Buenos Aires: "¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope (...) Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece (...) La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software (...) Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo (...) La eñe es gente".

LA Ñ NO EXISTÍA EN EL GRIEGO Y EL LATÍN

La Ñ no existía en el griego y el latín, origen de las lenguas romances actuales, una de las cuales es el castellano. Sólo existía la N, que a comienzos de la Edad Media se reforzó con otros signos, especialmente la I, la Y, la G, e incluso la N duplicada. Al aparecer las lenguas romances vulgares, la duplicidad (por ejemplo en "anno") se empezó a transcribir con un guión encima, que indicaba que se repetía la letra. Este rasgo caracterizó al español frente a otras lenguas, que acabaron aceptando la n con otra letra para imitar el sonido: ny en provenzal y catalán; nh en portugués; gn en francés e italiano. Esta peculiaridad se usa como símbolo ante otras culturas. Como prueba de ese fenómeno, una casa discográfica edita todos los años un recopilatorio de música en español titulado "Ñ". En una reciente edición sobre la influencia de la cultura latina en Estados Unidos, el semanario norteamericano Newsweek consagró su portada a lo que denominó la "generación Ñ". En todo caso, para consolidar la protección de la letra el gobierno español respondió en 1993 con una ley que salvaba a la Ñ, acogiéndose al Tratado de Maastricht, que admite excepciones de carácter cultural. A pesar de su enérgica reacción inicial, la Real Academia minimiza ahora el caso. El repentino problema con la Ñ "fue un asunto movido para tener algo de qué hablar", asegura el secretario general de la RAE, Guillermo Rojo, para quien se trató de un "problema que tiene que ver con la generalización de procedimientos informáticos y con la homologación".
En el mismo sentido se expresa el vicepresidente de la RAE, Gregorio Salvador, para quien la supervivencia de la Ñ nunca corrió peligro y la polémica sobre su desaparición o no fue puramente artificial. "Aquello fue un asunto puramente comercial. Había unos señores que de pronto se dieron cuenta de que no la habían incluido en sus teclados y querían vender sus stocks", insistió.
(Publicado en el diario El País, 01.10.07)

lunes, 28 de julio de 2008

Serrat: "La libertad es el camino”

Joan Manuel Serrat recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Complutense de Madrid, el 15 de marzo de 2006. Aquí va este fragmento de su discurso.
“Yo aprendí el oficio de hacer canciones y cantar de otros que antes lo aprendieron de otros, y me hace feliz pensar que tal vez con mi trabajo he podido ayudar al aprendizaje de los que siguen. Si he contribuido poética y musicalmente a dignificar la canción, me parece fantástico que ustedes, contemporáneos míos, me lo hagan saber y me siento muy halagado de que me lo agradezcan”.
“La gratitud no es una virtud frecuente; más bien lo contrario. La historia está llena de hombres que mucho han contribuido en éste u otro aspecto de la vida y que no han recibido a cambio más que el desprecio y la ingratitud de sus contemporáneos…”

“Aunque coincidirán conmigo en que un hombre que disfruta del privilegio de dedicarse a una profesión que le hace feliz, que hace lo que le gusta hacer, que le pagan por hacerlo y que además constantemente percibe que la gente le quiere, más que un mérito, tiene una bendición. Y éste es mi caso”.
“También me alegra que conste entre los méritos que se me atribuyen el de haber contribuido a la difusión de la obra de grandes poetas españoles, pero les confieso que, al musicar poemas de Antonio Machado, de Miguel Hernández y de otros maestros, no era exactamente esa mi intención. Lo hice porque sus poemas me conmovieron”.
“Lo hice siguiendo el camino de otros que lo hicieron, como Paco Ibáñez, como Raimón, como Alberto Cortez y algún otro más.
Lo hice porque los versos sonaban a canciones. Canciones bellas e inteligentes que a mi me hubiese gustado escribir.
No se si ellos, los grandes músicos, estarán de acuerdo con lo que se ha hecho con su obra, ni con lo que se ha dicho aquí al respecto. Realmente sería interesante conocer su opinión.”
“En mi defensa les diré que una de las mayores satisfacciones que tuve cuando grabé aquellas canciones con versos de Antonio Machado fue una carta del gremio de libreros de Madrid en la que se me agradecía, después del éxito del disco, mi contribución a que las ventas de los libros del poeta se multiplicaran (...)
La carta del gremio de libreros tranquilizó mi conciencia, en el sentido de que mi trabajo tal vez sirvió para algo más que para darle una capa de pintura a la ignorancia”.
“También me gusta la idea de haber contribuido a normalizar el catalán o, mejor dicho a devolver la normalidad al catalán.
Aunque en mi caso no hay que darle mucha importancia porque, aparte de ser catalán, ejerzo de tal, y para mí expresarme en catalán ha sido algo tan natural como que crezcan las uñas.
Si hay que agradecer a alguien su contribución a la normalización del catalán, hagámoslo por quienes han peleado por defender el derecho propio o ajeno, por devolver la normalidad a una lengua y una cultura que sólo la intolerancia, la ignorancia y el rencor marginaron”.
“(...) Tal vez ustedes, al premiarme con este doctorado, han querido contribuir al esclarecimiento de uno de los misterios de la metafísica patriótica o, en términos de Antonio Machín, a resolver el dilema de cómo se puede tener dos idiomas a la vez y no estar loco".
"Seguro que en esto habrá otro punto de vista, tan legítimo como el mío.
Pero en lo que supongo que estarán de acuerdo conmigo es que el hombre, al defender los valores democráticos, al enfrentarse a la discriminación y la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural, no hace otra cosa que actuar en defensa propia”.
"Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único pues no hay libertad sin justicia, ni justicia sin libertad.
Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor promedio por el que se miden y se valoran las cosas y las gentes.
Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida
Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio.
Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte”.
“Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas, más ricas y positivas, y siempre en paz.
Y sobre todo, como un derecho que todo lo condiciona, reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos sustenta y que nos caracteriza positivamente como especie.
Que esto sea digno de reconocimiento es algo que debería hacernos reflexionar acerca del mundo en que vivimos y de los valores que lo mueven”.
“Como decía el profesor Casares, cuando hablamos del canto y de quien lo practica, hablamos de un arte que ha vertebrado la sociedad.
Yo escribo canciones para expresarme, pero también para comunicarme.
Los argumentos de mis canciones están en mí, pero también están alrededor de mí.
Son lo que yo siento, pero también son lo que me cuentan los demás
Son lo que yo soy, pero también lo que me gustaría ser. Son mi realidad, pero también mi fantasía”.
"Las canciones viven en la memoria personal y colectiva de las gentes. Las canciones viajan y nos transportan a tiempos y lugares donde tal vez fuimos felices.
Todo momento tiene una banda sonora! Y todos tenemos nuestra canción, esa canción que se hilvana en la entrada del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo
Tal vez alguno de ustedes ahora esté pensando: 'Por su cu1pa, Serrat, me casé con el que hoy es mi esposo -o mi señora-; estábamos un atardecer de verano en la playa, cuando empezó a sonar su canción; etc, etc.
Por favor: eso no es culpa de mis canciones, sino de sus atardeceres de verano y de sus ímpetus juveniles.
Así son algunas canciones. Personales e intransferibles. Otras aglutinan, un sentimiento común y se convierten en himnos. Entonces dejan de pertenecer al autor para ser de todos”.
“Me complace que hayan valorado ustedes esta parcela de la poesía que es la canción popular, que, además de algunas otras cosas, es una forma de acceder al conocimiento del mundo.
Les puedo jurar que en la composición y en la ejecución de algunas canciones populares hay hallazgos tan definitivos como el teorema de Pitágoras o las virtudes del ácido acetilsalicílico para combatir la cefalea.
Dice el refrán que “quien canta, su mal espanta”. Y es cierto. Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda. Conjuras los demonios y conviertes sueños en modestas realidades.
Yo canto por el gusto de cantar. Cantar me da placer. Por eso para mí, tener el oficio de cantar es un privilegio. Aparte, siempre te dan mesa en los restaurantes”.

"Estoy seguro de que por encima de todos los considerandos que se enumeran, esta distinción es el fruto de algo tan simple y preciado como el cariño. Así lo entiendo y lo agradezco. Si para algo vale la pena vivir es para querer y ser querido, Es lo que mueve mis pasos. Probablemente, a lo largo de mi vida no haya hecho otra cosa que lo que estoy tratando de hacer ahora mismo: que me quieran mis amigos. Y tener cada vez más. Que es la única acumulación que merece la pena en la vida y por la que no se pagan impuestos. Muchas gracias".
(Cortesía de Carlos Rangel/Santiago de Querétaro, Mex. Abr. 2008) carlitosrangel@hotmail.com

sábado, 26 de julio de 2008

Suecia al revés

(Por Martín Becerra *)

El enigma que intenta resolver el “decano de Sociales de Estocolmo”, personaje de las crónicas de Mario Wainfeld, anida en las sinrazones de la convulsión argentina. El revés del enigma también aporta lecciones: para un argentino, Suecia es bien extraña.
En Suecia viven, desde hace ocho años, María y Gastón, cuyas preguntas sobre la crisis del primer año de gobierno de Cristina Fernández son tan racionales que es complejo responderlas para un visitante contaminado por el conflicto agropecuario.
Los dos hijos de la pareja radicada en Estocolmo, Bjorn y Leo, nacieron en hospitales que prestan excelente atención y cobertura universal. María y Gastón gozaron de 14 meses de licencia por maternidad/paternidad, en los que fueron a pre-jardines de infantes gratuitos (como toda la educación), compartiendo juegos y aprendizajes con los chicos.
Como sus padres son inmigrantes, Bjorn y Leo tienen derecho a preservar su lengua materna; además de la escolaridad sueca, reciben clases semanales de castellano. A su vez, cuando María y Gastón llegaron a Suecia, donde él se insertó como neurocirujano en el prestigioso Instituto Karolinska, el Estado sueco les proveyó cursos de idioma de forma gratuita.
Las calles de Estocolmo son calmas para tratarse de una capital: el respeto por el prójimo, la preservación de lugares peatonales y verdes y el cuidado del espacio público producen una ciudad amable, sin intrusión de carteles ni ocupación de la vía pública con fines comerciales. El peaje para ingresar y salir de Estocolmo es caro; pero antes de subir las tarifas el Estado garantizó una red de transportes públicos (subtes, trenes, o colectivos) que funciona en excelente estado, en horarios amplios y en la que jubilados y estudiantes tienen importantes descuentos (menores de 7 años no pagan).
Comparado con la Argentina, en Suecia hay pocas farmacias. El Estado tiene el monopolio de la venta de drogas legales, lo que no es del agrado de los grandes laboratorios. Por razones similares, el Estado sueco es monopólico en la comercialización de bebidas alcohólicas de alta graduación.
Una vez por año, todos los políticos de Suecia dialogan con la sociedad durante una semana estival, en una vieja isla vikinga. Pero amén de la apertura de espacios deliberativos, los políticos, comenzando por los gobernantes, responden usualmente las preguntas de los periodistas. Y los periodistas, comenzando por los de los medios más grandes, cultivan un profesionalismo que separa opinión de información y procuran sostener un equilibrio entre tendencias de las fuentes consultadas.
En Suecia los canales de televisión son públicos y se financian mediante un impuesto que paga la población, para reducir el impacto de una publicidad que suele interpelar a la audiencia más como consumidora que como ciudadana. Irónicos con el consumismo afiebrado de buena parte del continente americano (lo que incluye al Cono Sur), los suecos respaldan una televisión tan alejada del sacro rating como del usufructo gubernamental. Es decir: ni manipulación comercial privada (con sus intereses políticos) ni manipulación política gubernamental (con sus intereses económicos).
En los medios de comunicación y en muchos otros ámbitos existen ombudsman. Este ombudsman es mucho más que un “observatorio”: puesto que su función es defender los derechos de los destinatarios del servicio, monitorea constantemente las prestaciones que debe garantizar. También la sociedad opina sobre los medios. Ni los dueños de los medios privados, ni los directivos de los medios públicos, ni los periodistas, creen que ello amenaza la libertad de expresión. Además, en Suecia una cuota de las licencias de radio y televisión se reserva para emisores no comerciales, para que la sociedad acceda a contenidos diversos.
Suecia cuenta con los índices de lectoría de diarios más elevados del mundo. La libertad de expresión en la que asienta su buena salud el mercado editorial requiere de la activa intervención del Estado. Por ejemplo, se otorgan subsidios a la prensa para alentar la publicación de un segundo diario en localidades donde existe monopolio. En televisión no hay publicidad dirigida a los niños. La preservación de la infancia como un espacio lúdico, de aprendizajes y de socialización, resulta central para un país que hace de su elevada calidad de vida un culto.
Hace cien años, Suecia tenía una importante deuda social y una economía relativamente atrasada. La estabilidad de políticas inclusivas orientadas por la equidad, con criterio público, transformó aquel reino. Aquí María y Gastón eligieron radicarse en una travesía en la que sacrificaron afectos, para criar sus hijos en condiciones impensadas para la Argentina de los últimos 34 años. Gastón paga el 50 por ciento de su salario en impuestos. De su sueldo mensual, el Estado sueco le descuenta la mitad. Los mejores sueldos sufren mayores descuentos. Gastón preferiría tributar menos al fisco, pero comprende que hay un principio elemental de solidaridad cuando uno decide vivir en comunidad. El bienestar social no es una entelequia. Y aunque al “decano de Estocolmo” le asombre, Suecia queda en el mismo planeta que la Argentina.
* Conicet y Universidad Nacional de Quilmes.

viernes, 25 de julio de 2008

La cultura del engaño

(Por Boaventura de Sousa Santos*)

El ex secretario de prensa del presidente Bush, Scott McClellan, acabade publicar un libro titulado "Lo que pasó: dentro de la Casa Blancade Bush y la cultura del engaño en Washington". El furor político ymediático que causó proviene de dos revelaciones: cuando ordenó lainvasión de Irak, la administración Bush sabía que Irak no tenía armasde destrucción masiva y montó una poderosa ―campaña de propaganda‖para llevar a la opinión pública norteamericana y mundial a aceptaruna ―guerra innecesaria‖; los grandes medios de comunicación fueron―cómplices activo de esa campaña, no sólo porque no cuestionaron a lasfuentes gubernamentales, sino también porque encendieron el fervorpatriótico y censuraron las posiciones escépticas contrarias a laguerra.Estas revelaciones y las reacciones que causaron tienen implicacionesque las trascienden. Ante todo, es sorprendente todo este escándalo,pues tales revelaciones no traen nada nuevo. Las informaciones en quese basan eran conocidas al momento de la invasión, a partir de fuentesindependientes. En ellas me basé en aquel momento para justificar envarios artículos mi total oposición a una guerra que, además de―innecesaria‖, era injusta e ilegal. Esto significa que las vocesindependientes fueron estigmatizadas como ideológicas yantipatrióticas, tal como hoy criticar a Israel equivale a serconsiderado antisemita. En 2001, en Egipto, antes de que la máquina depropaganda comenzara a devorar la verdad, el propio secretario deEstado Colin Powell decía que no había ninguna información sólida deque Irak tuviese armas de destrucción masiva.Esto me lleva a la segunda implicación de estas revelaciones: elfuturo del periodismo. La máquina propagandística del Departamento deDefensa se asentó en tres tácticas: imponer la presencia de generalesde reserva en todos los noticieros de televisión, con el objetivo dedemostrar la existencia de armas de destrucción masiva; tener a todoslos medios bajo observación y llamar a sus directores o propietariosante la mínima señal de escepticismo u oposición a la guerra; invitara periodistas de confianza de todo el mundo para convencerlos de laexistencia de las armas y luego enviarlos de regreso a sus paísesposeídos de la misma convicción belicista. Vimos esto, trágica ygrotescamente, en muchos países de Europa y América latina.La verdad es que en Washington y en todo el país circulaban por losmedios independientes informaciones que contradecían ese ―lavado decerebro, muchas provenientes de generales y de antiguos funcionariosde la Casa Blanca. ¿Por qué no se les ocurrió a esos periodistas ―deconfianza verificar en forma cruzada las fuentes, como les exigía sucódigo deontológico? Para bien del periodismo, algunos de ellosprocuraron resistir la presión y sufrieron las consecuencias. JessicaYellin, hoy en la CNN, en aquel momento en el canal ABC, confesópúblicamente que los directores y dueños del canal la presionaron paraque escribiera notas a favor de la guerra y censuraron todas las queeran más críticas. Un productor fue despedido por proponer unprograma con la mitad de las posiciones a favor de la guerra y la otramitad de las posiciones en contra. Quien resistió fue consideradoantipatriota y amigo de los terroristas. Esto mismo ocurrió ennuestros países. ¿Cuántos periodistas fueron sujetos a la mismaintimidación? ¿Cuántos artículos de opinión contrarios a la guerrafueron rechazados? Y los que escribieron propaganda e intimidaron asus subordinados, ¿alguna vez se retractarán, pedirán disculpas,presentarán su renuncia? Es que ellos colaboraron con un crimen: unmillón de iraquíes muertos, decenas de miles de soldadosnorteamericanos heridos y muertos y un país totalmente destruido.Todo esto habrá sido el precio no de la democracia –ridículo concebircomo democrático a este Estado colonial y más fracturado que Somalia–,sino del control de las reservas de petróleo en el Golfo y de lapromoción de los intereses petroleros, de la industria militar y de lareconstrucción, en la que los dueños de los medios tienen fuertesinversiones.Para disfrazar el problema moral de los cómplices de la guerra y ladestrucción, algunos comentadores de derecha han recurrido a la másdesconcertante y desesperada justificación de la guerra: si no estabanlas armas de destrucción masiva, por lo menos estaba la convicción deque ellas existían. Ahora, el libro de McClellan acaba de eliminar eseargumento. ¿A qué recurrirán ahora? Lo trágico es que la máquina depropaganda continúa montada y ahora está dirigida a Irán. Sufuncionamiento será tanto más difícil cuanto mejores condicionestengan los periodistas para cumplir con su código deontológico.* Doctor en Sociología del Derecho; catedrático de las universidadesde Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.).Traducción: Javier Lorca.