domingo, 29 de marzo de 2009

Las tensiones siguen vivas


(Orlando Villalobos) 1. Es importante la victoria del movimiento bolivariano. Gana un nuevo round y se proyecta con fuerza hacia adelante.

La victoria significa un respaldo al liderazgo de Chávez y el reconocimiento al esfuerzo transformador de la última década, que se expresa en resultados tangibles. Puestos en la balanza, resalta el afán por ganar inclusión social y superar la pobreza que se fue extendiendo en el país. La revolución bolivariana no es perfecta, pero exhibe a su favor el éxito de Barrio Adentro y los CDI multiplicados en las comunidades pobres, el crecimiento de la tasa de escolaridad, la equidad de género, la política cultural que hace posible el sistema nacional de coros y orquestas infantiles y juveniles, y tantos logros más.

No siempre el gobierno sabe explicar esto y algunos de sus voceros se contentan con nombrar datos fríos e insípidos, que cansan al auditorio, que somos todos.

2. El proceso de cambios revolucionarios que se adelanta en el país requiere de la victoria electoral para retroalimentarse. Pero éstas son apenas una parte… no el todo. En el movimiento popular es constante la lucha por producir cambios efectivos y verdaderos. Demasiadas veces esas pretensiones de cambio tropiezan con el Estado de siempre, burocrático y derrotado por la corrupción. No se puede pasar por alto que está en juego cambiar los viejos procedimientos del Estado, cambiar la cultura y los valores, para que se haga justicia. Como todavía falta mucho, vemos cómo los indígenas de Perijá siguen acorralados por ganaderos y terratenientes, cómo asesinan a su gente; cómo han asesinado a más de 200 dirigentes campesinos; cómo fueron asesinados dos trabajadores en la Mitsubishi, en Puerto la Cruz, con la actuación deshonrosa y criminal de cuerpos policiales.

3. La correlación de fuerzas se mantiene con ventaja para los bolivarianos (54 vs. 47). En ese sentido, hay una leve recuperación. Pero, atención, la oposición sumó en esta jornada cinco millones de votos y repitió las victorias regionales de noviembre-2008. Ganó Zulia, Mérida, Táchira, Miranda y Nueva Esparta. Solo se revirtieron los números en Carabobo.

4. Lo de Maracaibo no tiene nombre. La oposición gana con casi 20 puntos de ventaja. Este es un caso atípico en el país. En Zulia la oposición gana por cinco puntos, porque las victorias en la mayoría de los municipios le permite al chavismo recuperarse. Pero se repite el fenómeno de noviembre: es demasiada la ventaja en Maracaibo.
En San Francisco, “justo al lado” como dice la canción, el Sí ganó la consulta. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué allá sí y aquí no? Saquemos la cuenta. San Francisco muestra un movimiento de redes de organizaciones sociales y populares. El domingo ocho emisoras comunitarias se convirtieron en una red que cubrió buena parte de ese municipio y puso en movimiento el poder movilizador de las ideas. Moraleja: no resulta suficiente con invertir sumas millonarias en los medios masivos. Otro dato es que el alcalde recién electo genera expectativas favorables por sus primeras actuaciones. Maracaibo, en cambio, viene de la gestión aplazada, ineficiente, del alcalde bolivariano anterior.
5. Las tensiones en la sociedad venezolana siguen vivas. Nada queda definitivamente zanjado. La enmienda amplía los derechos políticos de los dirigentes que acceden a cargos públicos, por elección popular. La enmienda no amplía los derechos del ciudadano promedio.
Continúan en pie dos tensiones cruciales. La primera, las tendencias que reclaman y luchan por el cambio, que encuentran el rechazo y la oposición de las elites conservadores y burguesas. Esos grupos de poder tienen el enorme poder de persuasión que les permite disponer de un influyente aparato mediático. La segunda tensión, está dada por el crecimiento de la iniciativa de organizaciones sociales y populares, que navegan en la onda de la participación protagónica y ya saben que no todo lo que venga desde “la dirección del proceso” es necesariamente válido o acertado.

Uno mismo

En homenaje a Cássia Eller, una de las mejores exponentes de la canción brasileña. La letra es un alegato en favor de ser uno mismo.

Eu Queria Ser Cássia Eller
Cássia Eller
Composição: ( Péricles Cavalcante )
Eu poderia ser um padre ou um dentista. Um arquiteto, um deputado ou jornalista. Eu poderia ser ator e me dar bem. Ser um poeta que escreve versos como ninguém. Eu poderia ser um general da banda Uma modelo. um herói da propaganda. Eu poderia ser escravo do trabalho. Ser um banqueiro. um estilista do baralho. E não há nenhuma outra hipótese. Que eu não considere, mas O que eu queria mesmo, serÉ a Cássia Eller. Eu poderia ser um mágico ilusionista. Um domador, um gigolô, um psicanalista. Eu poderia ser um campeão de golfe, De luta-livre, de xadrez e do que quer que fosse. Eu poderia ser um escritor da moda, De quem se fala muito mal (e ele nem se incomoda). Eu poderia ser um alto funcionário, Um balconista ou um bandido sangüinário. E não há nenhuma outra hipótese, Que eu não considere, mas O que eu queria mesmo ser É a Cássia Eller
Eu poderia ser um físico nuclear, Um astronauta, um explorador do mar. Eu poderia ser um rei do futebol, Um vagabundo ou um professor de "scol". Eu poderia ser um grande cineasta, Um detetive e ter segredos numa pasta. Eu poderia ser um monge do Nepal, Um jardineiro, um marinheiro, etc e tal, E não há nenhuma outra hipótese, Que eu não considere, mas O que eu queria mesmo, serÉ a Cássia Eller

jueves, 18 de diciembre de 2008

Pinche gringo



(Orlando Villalobos)

I

En el taxi que me saca de la colonia Izcalli, en el Estado de México, una chava que lo había tomado primero, trata de convencerme de que a México no le convenía el triunfo probable, en ese momento, de Barak Obama.
Sus razones marchan de la mano de las falacias mediáticas. Repite que México necesita del Tratado de Libre Comercio (TLC) y que Obama lo va a eliminar, y en consecuencia, pobre de los mexicanos. Para ella Obama es “un pinche gringo”.
El suyo no es un caso insólito, ni mucho menos. Una parte de los mexicanos se acostumbró a cifrar su esperanza en USA, en su american way life, en sus hamburguesas, en sus cantos de sirena. Prefieren mirar y emprender la ruta hacia el norte. América Latina les suena como sinónimo de pobreza. Dios vive en el Norte, no en el Sur. La clase media se alista para acceder a los requerimientos de la inmigración norteamericana. Los estratos pobres intentan por miles cruzar la frontera, a cualquier precio y a cualquier riesgo. Son los espaldas mojadas. En fin de cuentas, México queda muy cerca de Estados Unidos y muy lejos de Dios.
El México de la épica de Pancho Villa y Emiliano Zapata, que nos acostumbró a ver el cine de Jorge Negrette, Pedro Almendáriz y Gabriel Figueroa se deshace, abandona su orgullo y se somete dócilmente a la pauta consumista trazada por la poderosa industria cultural que viene del otro lado.
La realidad es la verdad que acomodan los medios masivos. La historia, en cambio, suele ser terca. Desde 1994 está en vigencia el Tratado de Libre Comercio firmado entre México, Estados Unidos y Canadá. La experiencia para el agro es funesta. Los salarios reales son menores y ha crecido la pobreza rural. Se destruyeron empleos más rápido que los que se crearon. Los bancos, en manos del capital financiero extranjero, no están interesados en dar pequeños créditos a los pobres mexicanos, que son los agricultores del maíz y el frijol. Sin créditos, ni apoyo, no pueden competir con los maiceros de EEUU que reciben altas subvenciones estatales.
Cuando se firmó el TLC, México negoció conservar por 15 años los aranceles para el maíz, el frijol, la leche y el azúcar. Sin embargo, el período de protección expiró en 2008. También las frutas y vegetales mexicanos son vistos como probables focos de infección y por tanto saboteados. No hay equidad, ni reciprocidad. Los resultados son obvios: aumentan las importaciones y se pierden empleos en el campo.
La crisis del campo se refleja en esta noticia del periódico, de principios de diciembre. “Ahora comer frijoles resulta más caro que consumir pollo, y es que el kilogramo del primer producto básico llegó a 30 pesos (…), en cambio el pollo se mantiene a 22 pesos. Con esos ochos pesos de diferencia una ama de casa podría comprar un kilo de naranja o medio kilo de tortillas, según los precios actuales en los mercados de Mazatlán”.
Como consecuencia de la ruina del campo y del crecimiento de la pobreza, más mexicanos son empujados a buscar el sueño dorado norteamericano. En los hechos, México expulsa su mano de obra a USA. Cada año 600 mil mexicanos se exilian por necesidad en Estados Unidos. El dato es alarmante. Los espaldas mojadas se someten a riesgos y chantajes. Primero han sido los adultos, ahora no hay excepciones. Según datos oficiales, durante 2007 fueron repatriados desde Estados Unidos un total de 35.546 niños y adolescentes mexicanos, de los cuales 17.553 intentaron cruzar la frontera sin compañía alguna, mientras que los restantes (17.993) viajaron acompañados por familiares o personas cercanas. Para frenar la inmigración ilegal, USA levanta el muro de la vergüenza. George Bush anunció un presupuesto de más de mil ochocientos millones de dólares para construir ese muro fronterizo de más de 1.100 km2, que tiene el infame propósito de cerrar la frontera, tapiarla, para impedir el paso de ilegales mexicanos a Estados Unidos en busca de trabajo.

II
Frida Kahlo está de regreso, seguramente incluso en contra de su voluntad. Con motivo de los cien años de su nacimiento se ha desatado el fenómeno de la fridomanía. Su leyenda recorre películas, afiches, libros y tertulias. Los jóvenes recuperan su espíritu rebelde y exhiben su fotografía.
Convertida en símbolo de la contracultura, Frida crece junto al México que demanda explicaciones o que no se apega a las normas y convenciones. Por eso las tribus urbanas –emos, punk, dark- del Tianguis del Chopo reproducen sus imágenes y de muchas maneras muestran su identidad con ella.
Junto con su leyenda, crece el México inconforme que admira su pasado precolombino y se desconcierta ante la incertidumbre del drama actual. El incremento de la pobreza y de la desigualdad social, su conversión descarada en patio trasero de USA, el alejamiento de su gobierno del mapamundi latinoamericano.
Es el México de las culturas híbridas de García Canclini, el laberinto solitario de Octavio Paz, el Comala de Juan Rulfo, las canciones de Lila Downs, el regreso mítico del zapatismo. Es el México que obedece la voz de los aztecas y que a veces sin saberlo se resiste, con la magia de sus dioses, al avasallamiento de una industria de medios masivos que de tanto repetirlo cree que todo lo que toca puede convertirlo en mercancía.

III
Muy cerca del Zócalo, el ombligo de México, desde una carpa un grupo de militantes del PRD hace lo imposible por explicar cómo es que le robaron las elecciones a López Obrador, “El peje”. En México la historia es que la izquierda no ha podido ganar elecciones y unos tras otros se han sucedido gobernantes, cada cual más neoliberal que el anterior. El actual, Felipe Calderón, está intentando privatizar la industria petrolera, Pemex.
La izquierda electoral mexicana estuvo a punto de ganar las elecciones en julio de 2007. Perdió por menos de un punto porcentual. El candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, agrupación principal de la alianza de oposición, nunca reconoció esa victoria. La consideró resultado del fraude y de la acción de la mafia política. El candidato derrotado lleva a cabo una campaña que denomina del gobierno legítimo frente al gobierno usurpador y espurio.
Como muestra de su protesta, el 20 de noviembre, fecha aniversario de la revolución mexicana, porque el pueblo se sacudió la dictadura porfirista, López Obrador organizó un plantón multitudinario en el Zócalo y se proclamó como presidente legítimo. Ese día Silvio Rodríguez cantó “Rabo de nube” y “Ese hombre”. Con esta canción el cantautor cubano le recordó a López Obrador: “Ese hombre que por hechos o por dichos/es amado tanto/ese hombre que por hechos o por dichos/es alabado tanto/se cuide de sí, se cuide de él solo/porque hay un placer perverso en creer/merecerlo todo/se cuide de sí, se cuide de él solo/porque el mismo don que lo levantó/puede ahogarlo en lodo”. Así dice la letra.
En fin, a López Obrador le faltó un tilín para ganar. Por eso se ha debatido acerca de si lo que hizo el subcomandante Marcos fue acertado o justo. El desarrolló “la otra campaña”, proponiendo una noción diferente de la política. Su idea es que hay que existir para el bien de la humanidad, es decir, para la justicia. “Ojo: no dije “para tomar al poder”, ni “para llegar a un cargo público”, ni para “pasar a la historia”, ni “para desde arriba solucionar lo de abajo”. Digo, en cambio, nombrar y traer acá a esa otra gran ausente en el camino del de abajo: la justicia”, aclara.
Marcos es un símbolo de la resistencia indígena. No tiene un partido, ni va a la televisión. Pero su palabra es un documento. Por eso dolió que no apoyara a López Obrador. Durante esas presidenciales de 2007 mostró diferencias con la izquierda electoral. De allí no se movió.
Ahora el PRD vive una profunda fractura. En su interior las distintas corrientes pelean a cuchillo. López Obrador es una referencia, al igual que Cuatemoc Cárdenas y Marcelo Ebrard, pero son demasiadas las diferencias.
La situación mexicana es interesante, por lo difícil del momento, pero el liderazgo popular naufraga y por mucho que lo intenta todavía no da el salto cualitativo.

IV
El poderoso dueño de Televisa, Emilio Azcárraga padre, decía: “La mayoría de los mexicanos llevan una vida muy jodida y la va a seguir llevando. Por eso, nosotros tenemos que endulzársela”. Esa filosofía de quincalla basta y sobra para que día a día se le recete a la audiencia mexicana una dosis adecuada de banalidad, consumismo y desinformación.
Cuando se hace referencia a Televisa uno no sabe si está ante la dictadura de la información o frente a una fábrica de mentiras. Desde esta planta se ha contribuido a darle forma y contenido a la hegemonía que perdura desde principios del siglo XX. La llamada dictadura perfecta mexicana se sustentó en dos pivotes. El PRI, el partido, y Televisa, el canal que garantizaba el contexto de la dominación. Lo demás se daba por añadidura.
En los tiempos que corren el paisaje experimenta cambios. El PRI se ha debilitado y se disputa con el PAN el espacio del conservadurismo. Soplan vientos diferentes pero el dinosaurio todavía muerde con rabia. Azteca TV es el otro canal con potencia, pero siete de cada diez televidentes se enganchan con Televisa.
Televisa es la república de la televisión, el monopolio o casi monopolio, el poder de facto. Influye en la campaña; promueve y desbarata candidatos. Como demostración de su poder se inventaron e hicieron aprobar en el Congreso la Ley Televisa, que modificó las reglas del juego y le regaló el espectro electromagnético, propiedad pública de la nación, a las televisoras privadas para la conversión a la televisión digital y para garantizarse la concentración de la propiedad de los medios. Con esa sola ley modificaron la Ley Federal de Telecomunicaciones y la Ley Federal de Radio y Televisión. Todo en un solo paquete.
En resumen, manda Televisa que impone sus telenovelas con el desfile de misses con pechos operados, que coloca a los indígenas en el papel de extraños por su tierra, que todavía quiere ocultar el volcán en erupción que se genera como resultado de la exclusión grosera, insólita e inaceptable.
No obstante, el México profundo ya está en movimiento y poco a poco nos irá dando sorpresas, porque como dice el poeta John Berger, “la resistencia comienza cuando dejamos de pensarnos como nos piensa el poder”. De algo así se trata.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Entre amigos dice lo que piensa

Entre amigos dice lo que piensa y ante el micrófono lo que resulta políticamente conveniente. Quien lo viera en la lucha contra la dictadura y el neoliberalismo, ahora defendiendo este último con eufemismos como "la entrada a la modernidad" y "la visión de futuro". Su rebeldía le duró hasta que descubrió que tener un puesto de gobierno le hacía sentir bien, y hasta poderoso. "Hay que ser realista", me dice cada tanto para desembarazarse de cualquier examen de consistencia. Y aunque no lo diga, entiende realismo como acomodo, complacencia o a la sumo como opción para introducir cambios mínimos en un orden estructuralmente injusto. De haberse visto como es hoy con sus ojos del pasado, habría dicho que su futuro sería el mejor ejemplo del viejo slogan que celebramos en una película de Scola: hay que hacer que las cosas cambien un poco para que nada cambie demasiado. Entre las nuevas formas de gestión y las tecnologías de la información, encuentra una nueva utopía y se la cree, o hace como que se la cree. No hay otro fundamento para su práctica que su rentabilidad. Podrá movilizar la batería metodológica que aprendió cuando era investigador social: encuestas, focus group, manejo de la opinión pública. Pero solo lo hace para competir en un juego que es propio de la publicidad: dar en el clavo no es plantear una hipótesis de discusión ni verificarla, sino tener una idea que "venda" o una estrategia que triunfe. Como el negociante calvinista, poco a poco el dinero que genera se le va convirtiendo en la evidencia de su buena práctica. Amarrado, como está, a no herir la susceptibilidad de nadie, se desplaza del pensamiento crítico a una tecnocracia ilustrada. Maneja bien los datos del subdesarrollo social, tiene acceso a la información que producen sus pares en otros organismos nacionales e internacionales y a los dudosos datos de gobiernos, y con esos insumos no hace más que escribir catálogos de propuestas sensatas que van a parar al cajón de un ministro o a la documentación de conferencias donde las conclusiones y recomendaciones son como la crónica de un corolario anunciado. Ya no escribe artículos sino documentos de trabajo. Lee cada vez menos teoría y cada vez más documentos oficiales. La cautela la disfraza de prudencia, y maquilla la crítica con apelaciones a la sensibilidad y las buenas intenciones. En los hechos, escribe por encargo: se le encargan los temas y en buena medida los enfoques. No produce conocimiento, sino que lo organiza en torno a propuestas que pasen sin asperezas por el paladar de sus interlocutores: organismos de gobierno, otros organismos internacionales y foros donde hay más protocolo que sustancia. Siempre parece tan razonable, y su elocuencia es capaz de desplegarse en lapsos cada vez más cortos. Ha comprimido el tiempo de la reflexión crítica en el tiempo de una opinión frente a las cámaras. Y así, casi sin darse cuenta, da opiniones sobre todo. Porque se lo consulta acerca de todo, incluso de aquello que probablemente él jamás ha investigado o pensado. Y es tal su hábito de responder, que siempre tiene alguna respuesta frente a cualquier pregunta, y siempre la presenta como si fuese el resultado de una reflexión previa. Y como el hábito hace al monje, él termina creyendo que sabe de todo, cuando en realidad opina de todo, que no es lo mismo. Cierto: son opiniones sensatas, algunas más imaginativas que otras, y que tienen la virtud de seducir al auditorio con brochazos de inteligencia retórica. La cuestión es si esa inteligencia retórica del intelectual de la televisión tiene como fin último la gratificación narcisista del emisor o el estímulo a la reflexión en el auditor.
(Líneas extraidas del artículo: "Los intelectuales latinoamericanos descritos por sus (im) pares, de Martín Hopenhayn. Revista Estudios Públicos Nº 82. 2001. Chile)

domingo, 5 de octubre de 2008

Mate amargo

(Orlando Villalobos)

I
La presidenta Cristina Kirchner consiguió una amplia victoria parlamentaria con su propuesta de reestatizar Aerolíneas Argentinas, empresa aérea bandera. Sumó a pequeños grupos parlamentarios que se habían distanciado, entre ellos Proyecto Sur en el que participa el cineasta Fernando “Pino” Solanas.
Con este paso, de alguna manera recupera la iniciativa política, que había resultado aporreada con aquella derrota, también en el Congreso, de fijar un incremento de los impuestos a los empresarios del campo. En Argentina la concentración de la tierra es brutal. Hay 4000 propietarios dueños de 84 millones de hectáreas, niveles similares a los que había a principios del siglo pasado. El gobierno de Cristina intentó mover algo de ese entramado agrícola pero no supo, ni pudo.
Lo de Aerolíneas fue una movida que le permite a Cristina recuperar el espíritu justiciero de su gobierno. En los 90 del arrase neoliberal había sido privatizada y 16 años después constituye una evidencia del monumental fracaso de las privatizaciones. La empresa está literalmente quebrada, con una deuda que fue acumulando después de haber pasado por varias manos: primero Iberia, luego American Airlines y por último el grupo Marsans. Moraleja a la carta: es rotundamente falso que la empresa privada sale siempre victoriosa, y que por tanto, es mejor siempre que cualquier empresa esté en manos de privados que del Estado.
El gobierno de los Kichner tiene otro mérito: apoya la revisión de la historia reciente argentina y propone el enjuiciamiento de torturadores y sátrapas, que pisotearon los derechos humanos en los tiempos no muy lejanos de la dictadura militar de los 70. Varios ya han sido enjuiciados.
Visto desde la distancia venezolana, lo que de verdad levanta sus puntos políticos es haberle devuelto aires de confianza a la ciudadanía argentina, después de la quiebra económica, política y ética que había resultado de los tiempos de los desmanes de los militares y del neoliberalismo salvaje de Menem en los 90.
¿Es este un gobierno reformista? Acudo en auxilio de la mirada de Atilio Borón[1] para anotar que “bajo ningún criterio mínimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno “democrático burgués” (con todas las salvedades que suscita esta engañosa expresión), pero donde el componente “burgués” gravita mucho más que el “democrático” y en donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en los hechos”.
Dice el profesor Borón que “es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los últimos años, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan?”.
Hay un dato que para Venezuela resulta de interés. Néstor Kirchner acompañó al presidente Chávez en su crítica contra el ALCA y luego Cristina se mantiene en la onda del acercamiento con los gobiernos de Lula, Evo y Chávez y de participación del esfuerzo por la integración suramericana, expresada en la Unión Suramericana y en un Mercosur corregido y mejorado.
Hay avances, pero mucho falta para levantar a una Argentina con justicia, con ciudadanía plena, con equilibrio social.


II
Si este país llamado Argentina se hubiera propuesto construir un perfil propio, que resaltara su personalidad, quizás no lo hubiera logrado tanto. Es demasiado el arrebato particular, típico, independiente, para pasar inadvertido.
El tango es una danza sensual, difícil, que no admite intentos noveles. El atrevimiento se paga con el ridículo. También es el relato dramático que se expone a los cuatro vientos. El mate es el sorbo preferido de cualquier hora. La milonga es la crónica que registra la vida dura, fiera, con su tragedia escondida en cada esquina. El gaucho es el emblema del afán permanente, que ha echado las bases de la patria, con un empuje sorprendente. El gaucho es trabajo de la tierra, siembra fértil y un salvador asado.
La afición por el fútbol es incomparable, tanto como la de los brasileños. Los equipos tienen historia de barrio. Los hinchas se desbordan por una pasión que tiene una raíz popular y genuina. Boca Junior es el ejemplo más vivo, aunque el negocio mercantil lo haya despegado de la gente. Es el equipo de los predios de Caminito, Caballito y de los vecinos del puerto. San Lorenzo es de Almagro. Arsenal de Sarandí. Lanús del sur de Buenos Aires. Estudiantes y Gimnasia y Esgrima vienen de La Plata, Rosario Central y Newell’s Old Boys de Rosario. River Plate e Independiente son parte de la leyenda y por tanto no admiten explicaciones simples.
En el siglo XXI la argentinidad se define a partir del fútbol, aunque suene extraño. Los pibes en las villas se parten el pecho desde temprano para ganarse un espacio en ese mundo de pequeños dioses. La creación de valores y símbolos ciudadanos desde la escuela ahora tiene una competencia inesperada. El ascenso social pasa por El Monumental de Núñez o por la Bombonera y no por la escuela. Cecilia Tosoni[2] recuerda que las banderas se multiplican después de un partido de la selección, pero no en las fechas patrias.

III
Desde la distancia Europa aparece como un nombre sólido, muy potente. Si nos dicen Europa pensamos en un mundo, en una historia, en una manera de ser. En cambio, cuando nos dicen que algo es latinoamericano probablemente nos venga a la mente una imagen imprecisa.
Ocurre de ese modo porque cuesta definir un techo común para designar o definir al vasto subcontinente que nos cobija. No es casual que nos asalte la duda y la contradicción. ¿Qué nos aproxima a un gaucho sureño, argentino o brasileño? ¿Qué tenemos de común con un mexicano que prefiere tequila o mezcal y adereza la mesa con chiles y nopales?
Para empezar hay que establecer un presupuesto básico: pertenecemos a una historia inconclusa en la que se suman negros, indígenas, criollos, mestizos, migraciones europeas, africanas y asiáticas. Para colmo más allá de lo que cita el lugar común, muchas veces cuesta conseguir afinidades. Desde Venezuela, el cono sur queda lejos. En Argentina y Brasil el fútbol tiene color de religión. Aquí la pasión se llama béisbol. Los sureños toman mate y aquí café. Allá dicen: “vos tenés”, aquí el pronombre es otro, con excepción de Maracaibo que utiliza la voz diptongada: “vos tenéis”.
Eso explica que haya costado ponerle nombre a este cadáver exquisito. Necesitados de una forma precisa, en España se usa el despectivo “sudaca” o el genérico “latinoamericano”.
Para incluir las raíces indígenas e intentar validar los antecedentes se menciona una “América profunda”. Pedro Henríquez Ureña usó la expresión “América hispánica”. Germán Arciniegas dijo que era una “América indoespañola”. Mariátegui añadió que era “indoamérica”. En Estados Unidos se denomina hispanos o latinos a los 37 millones de hablantes del castellano procedentes de estos pagos.
García Canclini[3] se hace la pregunta de si somos ¿Iberoamericanos, latinoamericanos o panamericanos? Pero estas denominaciones son insuficientes porque se conforman con el criterio geográfico. Iberoamérica se refiere a España, Portugal y América Latina. Lo panamericano incluye a países desde Canadá la Argentina.
Definirnos como América del Sur, de la que deriva Suramérica, tampoco luce apropiada, porque incluye sólo a una parte. En ese caso, ¿cómo queda América del norte?
La expresión América Latina, usada por los franceses, es quizás la que más se ha quedado y más sea válida. La razón es ésa: la más usada. Desde luego, también es insuficiente y se prestaría para un interminable debate. Cuesta conseguir una expresión que sea representativa y nos aleje de las confusiones.

IV
Lo dice la milonga que canta Lidia Borda: “San Telmo es garúa de un tiempo viejo” y no sólo es metáfora. En sus calles son exageradas las manifestaciones de antigüedades. Las hay para todos los gustos, sublimes y ridículas.
Corrientes es, como se sabe, la calle de los teatros. Son tantos que en una noche estelar Buenos Aires puede ofrecer más opciones que París o Nueva Cork. Lo dicen la leyenda y las carteleras. Los hay para el drama, para la comedia y para el humor barato.
En Corrientes están los libros, los cafés, los teatros y la tertulia. Cualquier búsqueda de novedades tiene allí su epicentro. La curiosidad por conocer la ciudad sigue su huella. Paso a paso nos lleva a Florida, un verdadero río humano que ofrece la magia de la calle.
La tradición tiene su refugio en Caminito y Caballito, en el barrio de La Boca, emblemas de la identidad porteña. El dato no es gratuito y no debería pasar inadvertido. Su fuerza está en el encanto de lo sencillo y lo verdadero, en la muestra viva de la arquitectura popular. Su magia convive con la amenaza de la especulación turística, que quiere cobrar por todo, hasta por el saludo.
Puerto Madero es un enclave turístico, para el que tiene y puede. Es un canto a cierta clase media mayamera, que puede pagar y no quiere saber de porteños, ni de la puta calle.
El contraste del paisaje urbano es diverso. Se mueve entre el sabor añejo de San Telmo y la suntuosidad de Puerto Madero. Cabalga entre la estabilidad de la clase media de Recoleta y Palermo Soho y la precisión con lo que los cartoneros salen a “morder” la sobrevivencia.
El reclamo reciente contra la política agrícola de la Presidenta, Cristina Kichner, dejó ver el comportamiento visceral de una clase media, algo fashion y bastante fascista, que cree que se puede defender el éxito individual viviendo en una burbuja y los demás “que se jodan”. Para defender el estado de gracia del que todo o casi todo lo tiene sacaron las cacerolas, como en los viejos tiempos de los militares gorilas.
Los cartoneros son una herida abierta. Al caer la noche salen a buscar el sustento en la basura. Son la herencia nefasta de aquel colapso de 2001, cuando Argentina se vino abajo y el neoliberalismo mostró de manera furiosa su cara miserable. Después, aunque el país se ha recuperado todavía los cartoneros salen por miles a exponer el lado injusto y cabrón de las políticas económicas que no son pensadas, ni ensayadas para la mayoría.


[1] Borón, Atilio (2008). “Burgués sí, pero, ¿reformista?”. Disponible en página 12.com.ar (consulta: 2008, mayo, 2)
[2] Tosoni, María Cecilia. “Entre la escarapela y la camiseta”. Disponible en http://debate-educacion.educ.ar/ley/Tosoni.pdf. (Consulta: 2008, marzo)
[3] García Canclini, Néstor (1995) Consumidores y ciudadanos. México: Edit. Grijalbo

lunes, 11 de agosto de 2008

El socialismo del siglo veintiuno: notas para su discusión

(Atilio A. Boron / Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales / PLED Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, Argentina) www.centrocultural.coop/pled

El propósito de esta ponencia es aportar algunos elementos para la discusión sobre el socialismo del siglo veintiuno. El tema, no por casualidad, está siendo objeto de una intensa y creciente
discusión. Si hacemos una rápida consulta al Google y miramos el número de páginas existentes, a finales de Julio de 2008 sobre el "Socialismo del siglo XXI" veremos que aparecen listadas aproximadamente más de 1.200.000 páginas que responden a dicho título. Dado el volumen de la bibliografía existente nos limitaremos a examinar algunas ideas que nos parecen centrales y que quisiéramos dejar como aporte para un futuro trabajo de elaboración colectiva. No tienen pretensión alguna de exhaustividad sino que, por el contrario, deben ser comprendidas como una parcial contribución a un debate en curso tendiente a lograr una definición cada vez más precisa del horizonte socialista de las luchas emancipatorias de nuestra época.
Abordaremos esta reflexión a partir de una distinción tripartita entre: 1. los valores y principios medulares, que deben vertebrar un proyecto que se reclame como genuinamente socialista. 2. El programa de ese proyecto, es decir, el tránsito desde el universo de los valores a la agenda concreta de la construcción del socialismo y las políticas públicas requeridas para su implementación. 3. Finalmente, el tema del "sujeto histórico" (o los sujetos) de ese proyecto, y sus características distintivas.

Valores. Se trata de un tema clave, porque un proyecto socialista no puede manifestar la menor ambigüedad axiológica en relación a su crítica intransigente y radical a la sociedad burguesa. A la luz de las experiencias que tuvieron lugar durante la fase "keynesiana" del capitalismo no se puede alimentar la menor ilusión acerca de la capacidad de lograr reformas profundas y sobre todo duraderas en la estructura de este tipo de sociedad. La involución que sufrió a consecuencia de la contrarrevolución neoliberal a partir de los años 1980s demuestra, más allá de toda duda, que los avances que se habían producido en los años de la posguerra -y que dieran lugar a múltiples teorizaciones sobre "el fin de las ideologías", el agotamiento de la lucha de clases, las virtudes de la irrestricta movilidad social ascendente, el triunfo de la democracia liberal, etcétera- estuvieron muy lejos de ser irreversibles. Esta reversión ha confirmado, una vez más, la extraordinaria resiliencia del capitalismo y su capacidad para retornar a la "normalidad" de su funcionamiento explotador, expoliador y opresivo una vez que se disipan las coyunturas amenazantes que, en los años de la posguerra, le obligaron a hacer pasajeras concesiones a las clases subalternas. Componente estratégico de esa coyuntura fue la amenazante presencia de la Unión Soviética. Y es que a pesar de su doctrina oficial de la "coexistencia pacífica", justamente criticada por el Che en numerosas intervenciones orales y escritas, la sola existencia del ejemplo soviético y posteriormente de la revolución china obligó a las burguesías metropolitanas a aceptar reivindicaciones que antes de 1917 hubieran sido respondidas apelando a los servicios de la gendarmería.
Dicho lo anterior es preciso subrayar que un socialismo renovado de cara al siglo veintiuno no puede quedar reducido a la construcción de una nueva fórmula económica, por más
resueltamente anti-capitalista que ésta sea. El Che tenía toda la razón cuando dijo que "el socialismo como fórmula de redistribución de bienes materiales no me interesa." 3 De lo que se trata es de la creación de un hombre y una mujer nuevos, de una nueva cultura y un nuevo tipo de sociedad, caracterizado por la abolición de toda forma de opresión y explotación, el primado de la solidaridad, el fin de la separación entre gobernantes y gobernados y la reconciliación del hombre con la naturaleza.

Proyecto. El apartado anterior analizó, brevemente, la problemática de los valores y destacó la incuestionable superioridad ética del socialismo en relación al capitalismo, tema que no debe olvidarse pese a que muy a menudo se lo deja de lado. Veamos ahora el proyecto y un caso especial: "la planificación central" de la economía, que en el pasado fue interpretada como consustancial con el socialismo y que hoy aparece claramente como producto de una época no existiendo razones irrebatibles para que sea mantenida en el futuro. Si en el marco del desplome del estado zarista, la Primera Guerra Mundial y la salvaje agresión perpetrada en contra de la joven república soviética la socialización de la economía fue asimilada con la total estatización de las actividades económicas, en la actualidad esa receta no sólo es inadecuada sino, además, contraproducente para la consolidación de un proyecto socialista en las condiciones actuales de la economía mundial. Si el modelo de la estatización total de la economía fue una necesidad impuesta por determinadas circunstancias esto no significa que deba ser la única alternativa de un proyecto socialista. Y esta conclusión es válida aún si se tiene en cuenta que en su tiempo ese modelo fue altamente exitoso porque hizo posible un formidable desarrollo de las fuerzas productivas y convirtió al país más atrasado de Europa de comienzos del siglo veinte en una gran potencia industrial y militar. Sin embargo, sus logros en una fase de industrialización extensiva no fueron suficientes para responder eficazmente los nuevos desafíos planteados por la tercera revolución industrial, con el desarrollo de la microelectrónica, las telecomunicaciones, la informática y todas las aplicaciones industriales derivadas de estos adelantos científicos y, gradualmente fue perdiendo terreno ante sus rivales capitalistas hasta llegar a su inglorioso derrumbe final, cuando todo el edificio político construido por la primera revolución proletaria de la historia, un acontecimiento extraordinario en la vida de las naciones, se desplomó sin un solo disparo, y ante la increíble indiferencia de la población.
El tema de la magnitud e implicaciones de estos grandes cambios económicos mereció una aguda observación del Comandante Fidel Castro en su discurso del 17 de Noviembre del 2005 en la Universidad de La Habana conmemorando el sexagésimo aniversario de su ingreso a esa casa de estudios. Dijo en esa oportunidad que "somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía —y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país— es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva. Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin." 4 Fidel tiene razón: la economía de hoy no es la de hace cincuenta años atrás. No lo son ni el paradigma productivo, ni las modalidades de circulación de las mercancías, ni las características del sistema financiero ni el entrelazamiento mundial del capital y el de éste con los estados de los capitalismos metropolitanos. Por lo tanto, las políticas económicas del socialismo deben necesariamente partir del reconocimiento de esas nuevas realidades. Y, al mismo tiempo, tener la humildad y la sensatez necesarias como para desconfiar de fórmulas librescas, pret a porter, que se presentan como válidas para todo tiempo y lugar para la construcción del socialismo. En esa misma plática a los universitarios Fidel decía que "uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo." 5 Lección esta importantísima, no sólo por provenir de quien proviene sino porque desafía la tendencia pertinaz en la izquierda de reducir la construcción del socialismo a la aplicación de una receta, un modelo, una fórmula.

Sujetos. Claramente, en plural. No existe un único sujeto -y mucho menos un único sujeto preconstituido- de la transformación socialista. Si en el capitalismo del siglo diecinueve y comienzos del veinte podía postularse la centralidad excluyente del proletariado industrial, los datos del capitalismo contemporáneo y la historia de las luchas de clases sobre todo en la periferia del sistema demuestran el creciente protagonismo adquirido por masas populares que en el pasado eran tenidas como incapaces de colaborar en la instauración de un proyecto socialista. Campesinos, indígenas, sectores marginales urbanos eran, en el mejor de los casos, acompañantes en un discreto segundo plano de la presencia estelar de la clase obrera. La historia latinoamericana, desde la Revolución Cubana hasta aquí, ha demostrado que, al menos en los capitalismos periféricos el exclusivismo protagónico del proletariado industrial no fue confirmado por los hechos. Baste recordar la caracterización del "pueblo" hecha por Fidel Castro en La Historia me Absolverá, o el papel de esas masas populares urbanas y rurales en los levantamientos que tuvieron lugar en Bolivia y Ecuador (que se tradujeron posteriormente en las victorias electorales de Evo Morales y Rafael Correa), o el heroísmo de esas masas en la derrota del golpe de estado de Abril del 2002 en contra de la Revolución Bolivariana para apreciar, en toda su magnitud, la multiplicación de los sujetos de la resistencia y oposición al capitalismo. Para finalizar, no podríamos dejar de examinar esta problemática sin cuestionar la falsa oposición que suele plantearse entre partidos y movimientos sociales. Lamentablemente, en los últimos tiempos esta oposición radical se arraigó muy profundamente en el imaginario de numerosos actores sociales y políticos de América Latina y el Caribe. La consecuencia fue que mientras los partidos políticos de izquierda fueron todos ellos satanizados y considerados sin hacer distingo alguno -y por lo tanto cometiendo una enorme injusticia con algunos que lucharon ejemplarmente contra las dictaduras que asolaron a nuestros países en los años setentas y ochentas- como aparatos burocratizados, desmovilizadores y claudicantes, los movimientos sociales fueron exaltados como excelsas organizaciones inmunes a las deformaciones burocráticas, las ambiguedades, los personalismos y las mezquindades que según esta poco feliz interpretación caracterizarían a los partidos de izquierda de la región. Demás está decir que esta simplificación no resiste el menor análisis y que cualquiera mínimamente informado sobre la realidad sociopolítica de nuestros países sabe que los vicios que se achacan, muchas veces con justa razón, a los partidos también afectan, en mayor o menor medida, a los movimientos sociales. Sus proclamas a favor de la horizontalidad y el "basismo" no siempre encuentran una traducción real en la vida concreta de los mismos y no pocas veces son un discurso divorciado de los hechos. Y las "nuevas formas de hacer política" con que los movimientos sociales muchas veces se presentan en la escena pública para diferenciarse de la vieja politiquería partidaria suelen más pronto que tarde dar lugar a la resurrección de odiosas prácticas que se creían exclusivas de los partidos.

En otras palabras: partidos y movimientos representan dos modos de articular los intereses del campo popular, modos que no son contradictorios sino complementarios entre otras cosas porque juegan en distintos escenarios: los partidos en el marco de las instituciones políticas y los movimientos en el seno de la sociedad civil. Si estos demostraron poseer una potencial capacidad para establecer una conexión más estrecha con su propia base y representar de manera más inmediata sus intereses, adolecen en cambio de una enorme dificultad a la hora de sintetizar la multiplicidad de particularismos que ellos encarnan en una fórmula política y en una estrategia unificada que pueda enfrentar con éxito la estrategia unificada de la burguesía. Tanto los partidos como los movimientos parecen ignorar que ésta jamás apuesta todas sus cartas en un solo escenario sino que continuamente combina tácticas y estrategias que utilizan tanto los canales institucionales (las elecciones y todas las instituciones políticas del estado) como los canales extra-institucionales: la calle, las movilizaciones, la propaganda política, los medios de comunicación de masas, los sabotajes, lock-outs patronales, fuga de capitales, huelga de inversiones, chantajes sobre los gobernantes, etcétera. En una palabra, la burguesía no se enfrenta con los falsos problemas que suelen paralizar al campo popular, esterilizado y desmovilizado en improductivas discusiones acerca de si movimientos sí o movimientos no, o partidos sí o partidos no. Profunda conocedora del poder y sus secretos, la burguesía utiliza todas las armas disponibles en su arsenal haciendo caso omiso de sus características, mientras sus opositores se desangran dirimiendo primacías entre unas y otras y quedando por eso mismo a merced de sus enemigos de clase. La Reina Soja golpeó en Doha Nada será igual en el Mercosur Por Víctor Ego Ducrot Desde Buenos Aires La alineación de Brasil con EE.UU. y la UE es consecuencia del proyecto agrocombustibles. La maldición de la renta basada en “commodities”. Lula y Cristina Fernández se verán las caras. A las palabras se las lleva el viento. Ese parece ser el sino de la política internacional y doméstica de última generación. El canciller de Brasil, Celso Amorim, había comparado las actitudes de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) en las negociaciones sobre comercio mundial con el mismísimo Joseph Goebbels, pues para el alto funcionario de Brasilia, Bruselas y Washington aplicaban aquél principio del jerarca nazi que dice “si uno repite una mentira varias veces, se convierte en verdad". Sin embargo todo cambio, y muy rápido

domingo, 10 de agosto de 2008

"Leer no es un placer fácil"

Por Silvina Friera (Página12/Argentina)
Cuando decidió estudiar bibliotecología en Bogotá, su padre, un médico que le contagió el gusto por los libros, le aconsejó que no siguiera esa carrera. “Te gusta mucho leer, sos buena lectora y un bibliotecario no es un buen lector”, le decía para desalentarla. Pero Silvia Castrillón, que no se amedrentó por la recomendación paterna, se recibió de bibliotecóloga y desde entonces es una de las especialistas en literatura infantil que sigue peleando para que los colombianos tengan más y mejor acceso a la cultura del libro a través de las distintas instituciones por las que pasó, como la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil, Fundalectura y Asolectura, entre otras. De visita en Buenos Aires, donde participó de la Conferencia Editorial, un ciclo de charlas organizado por Opción Libros en la librería El Ateneo, esta mujer orquesta, escritora, editora y librera, simpática y tan jovial que no parece que tuviera 65 años, plantea que la promoción de la lectura es un problema político. “Tengo la necesidad de trabajar contra la injusticia y la inequidad que implica la falta de acceso a la lectura y a la cultura escrita”, dice Castrillón a PáginaI12.
“La lectura ya no es una manera de mirar la realidad. Antes se creía mucho más que la realidad se narraba a través de los libros. Ahora la forma de mirar la realidad es a través de otros medios”, advierte la especialista colombiana. “Se lee más, pero el sentido de la lectura se ha transformado muchísimo.”
–¿Cuál es el sentido de la lectura que prevalece en la escuela?
–El problema de la escuela es que casi todos los aprendizajes han perdido el sentido, por lo menos en Colombia. El sentido ahora es la evaluación, los estándares educativos, las pruebas. Son políticas educativas impuestas por el Banco Mundial que responden a un modelo de educación donde lo que se quiere es que la escuela forme trabajadores que puedan tener un desempeño laboral con éxito individual. Pero la sociedad no le ofrece trabajo y el éxito de uno implica el fracaso de muchos otros. En las escuelas, los niños preguntan: ¿Por qué tengo que aprender a leer y escribir? ¿Eso para qué me sirve, profe? En este momento los países están muy interesados en ver cómo se ubican en el ranking internacional. Los colombianos estamos siempre fijándonos si estamos primero que Argentina, y todo el mundo está trabajando alrededor de la evaluación y los estándares educativos; estándares, que como bien lo dice Emilia Ferreiro, implican homogeneización.
–Ante la pregunta para qué leer, ¿qué responde la escuela como institución y qué respondería usted?
–La escuela dice que hay que leer para cumplir con las normas y para alcanzar un diploma, aunque no sea garantía de trabajo. Cuando la escuela admite que hay que pensar de otra manera, propone una lectura lúdica, que los niños se interesen por la lectura mediante la consigna del placer, pero este concepto está desnaturalizando las prácticas de lectura y quitándoles el sentido que tienen. Leer es un placer, uno no lo puede negar, pero no es un placer fácil de alcanzar. Es un placer que también hay que construir y hay que invertir mucho esfuerzo tanto por parte de la escuela como parte de quien está aprendiendo. Lo que la escuela ofrece es un placer intrascendente, un placer que se agota en una actividad llamada lúdica entre comillas. Lo lúdico también se ha convertido en un derecho que exigen los niños. “Profe, es que usted no enseña de manera lúdica, nosotros tenemos derecho al placer.” Si no es por el lado de la evaluación, nos vamos por la respuesta de lo lúdico, pero eso tampoco permite crear condiciones para que el niño descubra cuál sería el sentido que puede tener la lectura en su vida. Para mí la lectura está asociada con necesidades del ser humano, que no son todas iguales, porque somos diferentes, pero tenemos la necesidad de aprender, de tener una experiencia estética, de comprender el mundo y de transformarlo. La respuesta estaría en tratar de crear las condiciones que permitan que los niños y jóvenes asocien la lectura y la escritura con una necesidad interna de ellos, no con una necesidad externa, impuesta. La escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar. Lo que la escuela tiene que hacer es tratar de crear esas condiciones que permitan a los niños descubrir que leer es una necesidad. No es un lujo ni una obligación.
–¿La escuela está trabajando para crear esas condiciones?
–No, pero soy muy cauta porque la escuela es blanco de todos los problemas que tiene la sociedad. Si la sociedad pierde el sentido de la lectura, pues sí, a la escuela le toca recuperarlo, pero es una recuperación muy difícil porque a la escuela, que de por sí es una institución muy conservadora, le correspondería ir en contra de lo que la sociedad le está proponiendo. Ir contra la corriente es una pelea muy dura para la escuela. Pero hay muchos maestros lectores que tienen un compromiso ético con los niños. En este momento no creo que pueda haber grandes transformaciones educativas sino pequeños cambios impulsados por el maestro al interior de las aulas. Todavía creo en la utopía y me parece que los maestros están logrando pequeñas transformaciones.
–¿Por qué se promueve más la lectura y no tanto la escritura?
–Hablamos mucho de la lectura y poco de la escritura y eso también es una postura ideológica. La lectura también es producción, creación, pero está mucho más relacionada con el consumo de libros porque hay intereses económicos vinculados con un sector de la economía del mercado, que es el de la producción de libros. Además, se promueve más la lectura que la escritura porque la escritura es una forma de emancipación; la lectura también, pero la escritura más. Dar la palabra, expresarse a través de la escritura, es un paso más allá en la emancipación, es tener un pensamiento más libre. Muchas personas dicen que el maestro tiene que ser un ejemplo de escritor y de lector, pero esa idea de ser ejemplo estaría en desacuerdo con lo que pienso que es ser lector. El lector parte de la duda, de la ambigüedad, como dice Graciela Montes “parte del enigma y no de la consigna”, y si yo estoy mostrando como modelo y ejemplo al maestro no estoy creando las condiciones para que el niño dude también del maestro.
–Entregar libros es necesario, pero no suficiente; parece ingenuo pensar que los libros tienen alguna cualidad mágica que hace que sean leídos inmediatamente...
–Las escuelas tienen que estar bien dotadas de libros, es muy importante que los gobiernos adquieran y distribuyan libros, que haya bibliotecas al servicio de la comunidad, y que las bibliotecas se construyan como proyectos de la comunidad. El libro por sí solo no alcanza, pero es necesario. Ahora muchos de los discursos educativos plantean que ya no es necesario el libro, que está siendo sustituido por las nuevas tecnologías. Alguien en Bogotá, que tiene un cargo muy importante dentro de la administración pública en educación, dijo: “Ya no leemos libros, buscamos la información en computadoras”. Ahí es donde yo digo que es necesario que los libros estén en las escuelas. Lo que me preocupa es que cuando uno dice que el libro no basta, puede tener muy buenas intenciones en decirlo, pero también detrás de eso puede estar la idea de que el libro es sustituible.