viernes, 21 de enero de 2022

Mambrú, el teatro del milagro

 

(Orlando Villalobos Finol) En Cien Años de Soledad dice Melquíades que “Las cosas, tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima”. Romer Urdaneta, conocedor de la piedra filosofal que convierte el teatro en magia, siempre lo supo: “El acto de crear está en servir de puente para la transformación del objeto. De allí la belleza del arte. Desde que nacemos empezamos a animar el mundo tocando y buscando. En nuestro caso se trata de tocar el alma de los objetos, conversando con ellos, recreándolos”.

Mambrú es sinónimo de títeres, circo, teatro, cultura. Pero es mucho más. Es la demostración de algo difícil de creer: el que resiste gana. Esta es la gente que se salió del rebaño y, sin temor, sembró vientos y cosechó tempestades de cambio. Es un verdadero patrimonio cultural inmaterial. Si ya lo leíste, no se lo digas a nadie, porque ya el rumor anda suelto.


Romer Urdaneta está en la sede de Mambrú, en la avenida Urdaneta, en la esquina con la calle Colón, edificio Don Corleone, local 6, a una cuadra del bar Palmarejo. Desde allí suelta esta crónica del arte maracaibero: “Desde el principio nos empeñamos en hacer un teatro de títeres que no se quedara en el muñeco, sino que fuera al encuentro de la gente. Empezamos a experimentar para darle vida a objetos y a la comunidad, como parte de la metáfora que queríamos practicar. Con ese propósito hemos emprendido nuestros proyectos”.

-Cuando nacimos nos preguntaban dónde están sus títeres y yo les decía, mira las varas, las taparas, telas, las máscaras. Con eso aprendimos a contar historias. Eran títeres de varilla que se tornaban lápices para dibujar en la tela, animar y contar. Esa es la esencia del teatro de títeres. El primer títere que usamos era un muñeco de guante. Se transformaba en ser humano. Si, de guante, con limitaciones, sin embargo, hacíamos los muñecos y contábamos historias. Decíamos: “Por aquí pasó un pájaro de colores. Yo voy a pintar mi casa así, de amarillo, azul y rojo”. Hacíamos desaparecer al muñeco en las telas. Buscábamos la magia de la comunicación para llegarle a niños y adultos, para que cada quien se encontrara.


Qué dolor, qué pena

El teatro de Mambrú es una historia que comenzó hace 49 años, un 24 de junio, fecha patria de la Batalla de Carabobo. Romer lo va contando: “Veníamos del grupo Colorín, de un aprendizaje con Sol Sosa y Luis Carrero, maestros que nos dieron el impulso y nos mostraron las rutas del arte”.

El grupo comenzó a reunirse y formarse en una sede del MAS en Santa Lucía, que habían logrado convertir en una casa de cultura. “La llenábamos de vida, allí hacíamos unos títeres a partir de la vida diaria. Empezamos con la obra “El zapato contra la cucaracha”. En nuestras actuaciones el público no estaba ausente; debatía sobre el destino de aquellos personajes; reaccionaban y decían qué hacer”.

La cultura dominante impone una forma de ser. La gente de Mambrú lo sabe y busca generar cambios. ¿Cómo? No se queda en echar el cuento. Desde la irreverencia cosecha las transformaciones. Va sumando con los zancos, los títeres, los malabares y las acrobacias escénicas. Fue contando historias cuando parecía que el circo era solo mostrar habilidades. Es una referencia para los artistas jóvenes. Lo dicen Mandarina Urdaneta y otros que reconocen los caminos abiertos por Mambrú.

La poesía de la propuesta comienza por el nombre: Mambrú. Es la canción infantil que no ha parado de proyectarse. “Mambrú se fue a la guerra qué dolor, qué dolor, qué pena”.

Cuenta la leyenda que la canción la echaron a rodar los franceses cuando a principios del siglo XVIII perdieron una batalla contra los británicos, sin embargo, pensaron que habían aniquilado a uno de sus enemigos, el duque de Marlborough, John Churchill, nombre que llegó a nuestras costas como Mambrú, más fácil de pronunciar. La argentina María Elena Walsh contribuyó a popularizar esta canción en las décadas de 1960 y 1970. Además, compuso “La canción del estornudo” dedicada a este personaje.

El Mambrú de Maracaibo, sigue aquí, pacifista, una escuela del espectáculo al aire libre en la que se han formado generaciones de artistas.

-¿Qué se aprende en Mambrú?.

-Aquí se forman seres humanos. Nos han acompañado verdaderos artistas pero sobre todo ciudadanos sensibles, conscientes, con capacidad para cambiar  el mundo en el que viven.

-¿De quiénes estamos hablando?

Ana Torre, alma y figura de Mambrú; Alexis Blanco, Luis Pérez, Carlos Valbuena, Pedro Leidenz, Wolfgang Viloria, Alvaro Silva, Tina Blanco, Eikaris Calmon, Sonrisa Coral y muchos más. Cada uno de ellos sigue activo en su quehacer. El artista tiene una inspiración. Quienes han pasado por Mambrú se han lanzado a la búsqueda de nuevos lenguajes y al hallazgo de las expresiones culturales propias y ajenas.

-¿Cuál es la fórmula mágica?

-Como primera lectura observar al público, nuestra aldea. En nuestro caso, nuestra sociedad inmediata que es Maracaibo, con su forma de ser y su identidad. Así lo hicimos desde el principio. Captamos situaciones y ponemos empeño en transformarlas. Es la dramaturgia del actor. Nos preparamos y salimos a la batalla. Rompemos la forma convencional de relacionarse con el público. Lo nuestro es buscar y sorprender. Así nos empezó a gustar el escenario de la calle. La experiencia de “La vida es sueño” que vivimos en el barrio Los Pescadores nos marcó mucho. Hoy día conseguimos a quienes allí participaron y agradecen lo que aprendieron.

 

 

El cielo es una carpa

 

-¿Cuál ha sido el la relación de ustedes con otras agrupaciones?

-Pudimos vincularnos con otras experiencias. Llegamos a un acuerdo con un grupo de Yaracuy, con Germán Ramos; con los Niños Creadores de Lara, con Aveprote para crear el circo social. Siempre hemos asumido que somos parte de un movimiento. La obra de Mambrú: “El cielo es una carpa”, creó las vías para juntarnos con otros grupos. Mostramos nuestros conocimientos y formas para conseguir el equilibrio.

 

-¿Qué resaltas de los proyectos?

-Inicié un proyecto que se llamó Hermanos de Norte a Sur muy complementario con las ideas de Luis Pérez y Carlos Valbuena. Nos asomamos a la antropología del teatro, de Eugenio Barba, a quien estudiamos después para saber sobre el conocimiento escénico del actor.

Otra iniciativa fue el proyecto Dermis, con se propuso un acercamiento al teatro, a través del traje, "como me visto actúo".  “Asumimos el vestuario como piel o vestimenta para cubrirnos; lo llevamos al plano de la indagación interior para develar insólitas expresividades”, explica Romer.

 

Mambrú no se ha detenido. Prosigue reuniendo a los niños de la Calle Carabobo, haciéndolos partícipes del encanto lúdico. Ellos van sumándose y descubriendo la memoria de la ciudad, los personajes, el casco histórico, la tradición oral, el patrimonio material.

En palabras de Ana Torres: “Somos la mirada de otro teatro. No es un teatro común, no asumimos la memoria como un caletre; hacemos introspección y búsqueda ancestral”.

 

La investigación sobre el arte indígena

 

-Romer, Mambrú tiene una relación con el mundo indígena que lo ha expresado en obras.

-“Kai Kashi (sol y luna)” fue un maravilloso momento y así otras obras. “El Conejo y el Papurite”, “Carray el Alcaraván”, “Ojecma” y “Pulowi”, que es una recuperación de cuentos de Abya Yala.

-¿Qué han encontrado en esa narrativa?

-No hay animación del alma sin atender esa herencia ancestral que tenemos, porque las comunidades indígenas tienen en su imaginario colectivo la idea de animar el objeto. Esa presencia la encontramos en el chinchorro, las hamacas, la construcción de paredes de cardones, que son como aire acondicionado y mosquitero a la vez. Allí está la narrativa mitológica y las leyendas que nos dan bases y fundamentos de vida. Hay gente que dice indianidad, yo diría que de nuestros ancestros o antepasados recientes heredamos la habilidad de los equilibrios vitales. Tiene mucho sentido evocar esos orígenes para reencontrarnos con nuestras potencialidades y espiritualidades.

 

El teatro en la escuela

En su trayectoria, Mambrú suma la experiencia del trabajo con estudiantes y maestros, mediante convenios con la Zona Educativa Zulia. Allí se encontraron, o tropezaron, con la escuela formal. Añade Romer: “Con muchos docentes fuimos críticos de la idea de la dramatización. Está bien que se use como estrategia de aprendizaje, pero es clave que se acompañe con la escenificación pedagógica. Encontré esa alternativa como resultado de mis vínculos y orientaciones con los docentes. Hay drama y también comedia. Quedarse en la dramatización recorta las posibilidades de expresarse y de sentir. Ese es un punto crítico”.

Expone que el teatro en la escuela puede ayudar a generar creatividad, iniciativa, pero siempre y cuando se le dé el espacio que merece. “El teatro como algo vital, no como algo complementario”.

 


martes, 21 de diciembre de 2021

La lógica del yo

(Orlando Villalobos Finol)


La explicación de Byung Chul Han sobre las consecuencias de la digitalización apunta a que ya vivimos en un mundo de divulgación informativa, ahistórico, numérico, de algoritmos. Tienes el dato pero no el contexto, ni los antecedentes, ni la interpretación. Te informas, con un milímetro de profundidad. Así se produce un giro en el comportamiento humano: prevalece el yo frente al nosotros… cada quien se conforma con su burbuja, replica y reenvía, sin verificar noticias falsas. El pensamiento crítico queda borrado.
Hay más individualismo. La juventud actual es más egocéntrica que la de hace varias décadas, dice Howard Gardner, en La Generación App. Este es el resultado de que se genere una identidad con orientación externa, hacia afuera. No se cultiva la vida interior, lo que a veces llamamos el espíritu.
Dice Chul Han, en su libro “No-cosas. Quiebras del mundo de hoy”: “hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber. Tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento. Viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia”. Nos hacemos un selfie y ni lo guardamos. Antes atesorábamos una foto.
Eso es justamente lo que hace falta para que surjan expresiones neoliberales, que quieren hacer pasar el contrabando de la desigualdad social, personajes siniestros como Bolsonaro, en Brasil, o para que pueda ser electo un gobernador que asaltó una empresa del Estado venezolano y la arruinó, con la complicidad de factores extranjeros, el caso Monómeros. Luego el electorado ni lo piensa y le da carta de impunidad.
Olga Tokarczuk dejó dicho en su discurso de recibimiento del Nobel en literatura, en 2019, que “el mundo es un tejido que tejemos diariamente en los grandes telares de informaciones, debates, películas, libros, chismes, pequeñas anécdotas. Hoy, el alcance de estos telares es enorme: gracias a Internet”.
Al principio, sobre las redes electrónicas, sociotécnicas, ¿sociales?, prevaleció la idea de que pudieran generar más democracia y convivencia. Poco tiempo después nos encontramos con algo diferente, cada persona se cree un universo. Olga es muy clara: “Vivimos en una realidad de narraciones polifónicas en primera persona, y nos encontramos rodeados por ese ruido polifónico”. 
Narrar y ver el mundo en primera persona es “ser consciente de ti mismo y de tu destino”, bien, sin embargo -sigue Olga- “también significa construir una oposición entre el yo y el mundo, y esa oposición puede ser alienante a veces”. Es la lógica del yo. Ella habla de “un coro compuesto solo por solistas, voces compitiendo por llamar la atención”. Las redes pues.
¿Cómo dar cuenta de esta época? ¿Cómo dejar de ser solo consumidores de datos? Olga advierte que “nos falta el lenguaje, nos faltan los puntos de vista, las metáforas, los mitos, las nuevas fábulas y las parábolas”, que permitan intentar conseguir las explicaciones que necesitamos… porque paso a paso se van configurando sociedades desiguales, que naturalizan injusticias y discriminaciones.
Solo con información no llegamos lejos. También es preciso que surja un periodismo interpretativo y con memoria, con identidad y otra palabra mágica: ética. De acuerdo con los parámetros del mejor periodismo, para interpretar un acontecimiento, es preciso revisar seis dimensiones: historia, alcance, causas, impacto, contracorriente, y futuro. A partir de allí podemos aproximarnos a sus explicaciones profundas.
“La vida es creada por los acontecimientos, pero solo cuando somos capaces de interpretarlos, tratamos de entenderlos y de darles un significado, se transforman en experiencia”, dice Olga. Es eso lo que necesitamos.
No es suficiente, no alcanza con contar la vida cotidiana y sumarnos al reino de la banalidad. Las palabras son necesarias, también tener disposición para entender e interpretar el mundo que nos toca vivir. 
 
 

Para no conformarnos con los resultados electorale


(Orlando Villalobos Finol)

I

Es aterrador el testimonio de Luis Barreto, de la comunitaria Explosión 88.7, de Santa Bárbara de Barinas. Contó que una vez consumada la victoria del candidato conservador a la Alcaldía, el propio alcalde electo, junto a más de 60 personas, en tres camionetas, se presentaron en su modesta casa, en plan agresivo. De facto, silenciaron la radio. Cortaron los cables, rompieron el medidor de electricidad, golpeaban la puerta y le gritaban que saliera. En vista de que no cesaban, le dijo a su compañera: “Vienen por mí y voy a salir”. Por fortuna este ataque brutal no finalizó en tragedia y Barreto pudo echar el cuento.

En Mérida otras dos comunitarias fueron atacadas y sus promotores amenazados, después del domingo de las elecciones,  en los municipios Arzobispo Chacón y Andrés Bello, La Azulita 107.3 FM entre éstas.

Llegamos a esas elecciones de noviembre después de muchas conversaciones y diálogos, para reencauzar la ruta electoral e institucional. Tantas negociaciones abrieron el horizonte a una reconfiguración que tuvo muchas expresiones: El organismo electoral –CNE- es plural, con una composición de 3 a 2. Nadie allí hace el papel de ingenuo. Esos dos son activistas/ dirigentes de la oposición. Se produjo el retorno a la vía electoral de grupos de derecha, promotores hasta hace poco de agresiones contra el país –las “sanciones” unilaterales- y de acciones violentas –las guarimbas-. Para las elecciones vinieron la Unión Europea, un equipo de la ONU, el Centro Carter y más observadores. Faltó la OEA pero… recordemos que cuando este organismo acompañó unas elecciones en Bolivia, en 2019, después convalidó un golpe de Estado.

¿Dónde está esa reconfiguración si grupos de derecha cuando ganan se lanzan en plan de arrase, desconociendo al otro, como parte de un esquema prepolítico amigo/enemigo? En lugar de una oposición democrática sobresale el germen fascista de la revancha y el odio.

II

Seis de cada 10 venezolanos se abstuvieron en las elecciones regionales del 21 de noviembre. El dato confirma una tendencia. Aquí, al igual que en otros países, se evidencia la desafección y la pérdida de interés por la política.

Fijémonos en estas cifras. En las presidenciales de 1958 la abstención fue de 6.58 y a partir de allí comenzó a crecer. Así encontramos que en 1978 subió a 12.43, en 1988 a 18.1 y en 1993: 39.84. En 1998, cuando gana Chávez, por primera vez, baja levemente a 36.54. En 2000 vuelve a subir a 43.69. Así hasta hoy. Las presidenciales de 2018 registraron 53.3 de ausentismo.

Se mira más hacia otros problemas derivados de la situación económica y la inseguridad. Se reduce la disposición a votar, ¿Por qué se deja en manos de otros esa decisión? ¿Se piensa que la política no cambiará nada? Incluso un estudio de Latinobarémetro, de 2018, reconoce que crece la desconfianza por la política y el modelo de “democracia” de por estos lados.

Dejemos dicho que para el proyecto de cambio social que no haya interés por lo público y ciudadano se convierte en un obstáculo; que haya pereza por el debate y la evaluación de quienes aplican políticas que benefician a los poderosos es un hándicap en contra. Así cuesta más que se identifique a los dueños del capital, a quienes lo someten al colonialismo. Así la lucha de clases se hace más opaca, justamente lo que conviene a quienes se comportan como los propietarios de todo esto; el llamado status quo, según la frase acomodada.

III

El chavismo ganó las elecciones regionales, del 21 de noviembre. Se queda con 20 triunfos de 23 (todavía falta por decidirse Barinas). Si lo revisas fríamente es mucho. Son 4 de cada 5 gobernaciones en disputa y 2 de cada 3 alcaldías.

El resultado, no obstante, merece ser ponderado. La votación global del chavismo disminuyó y eso se refleja en las más de 100 alcaldías que le quedan a la oposición derechista. Sigue siendo la primera fuerza política pero se nota agotamiento. ¿Perdió eficacia su mensaje/ discurso revolucionario? ¿Es cada vez más notoria la contradicción entre lo que dicen dirigentes y altos funcionarios, y la práctica de ventajas crematísticas, consumo, ostentación de poder y uso de camionetas que hacen?.

Cabe revisar cada política promovida. Hay casos como el de la derrota en Zulia donde se deja ver el efecto del discurso de descalificación contra propios, extraños y aliados; ese sectarismo que espantó votos, ese desdén por la organización de lo que se proclama como el poder popular. A la gobernación se perdieron 287.678 votos.

“Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir/ La caravana en harapos de todos los pobres/ Desde un mantel importado y un vino añejado/ Se lucha muy bien desde una casa gigante/ Y un auto elegante se sufre también/ En un amable festín se suele ver combatir”, dice el exigente Silvio Rodríguez, en Canción de Harapos.

¿Por qué se pierde encanto y reflotan desgastadas figuras de la tradición de derecha, del modo Rosales? Ojo con lo que dice la socióloga argentina María Pía López: “Quizás el gobierno -y quienes acompañamos- naturalizamos más los espantosos índices de pobreza de lo que lo hicieron, con justa razón, quienes entran en esa cuenta. Se gobernó como si fuera posible una cierta normalidad con millones de pobres”. Ahí está. Si la política no conlleva acciones radicales, de verdad, si no es herramienta de transformación para mejorar la vida se ve como dispendio, como ventaja para vivir bien, sin tomar en cuenta al pueblo. Obras son amores… o no son. Si a una enfermera, un maestro, un profesor universitario, un obrero, un empleado público, el salario se le acabó y eso no nos arrecha, si no se hace nada por cambiarlo, no sirve. Sería como pretender mirar para otro lado, en medio de precariedades y padecimientos.

Cabe recordar al Fedor Dostoievski de "Crimen y castigo": "En la pobreza, uno conserva la nobleza de sus sentimientos innatos; en la indigencia, nadie puede conservar nada noble." Todo eso estuvo –y estará en juego- en cada próxima confrontación política y electoral.

Siempre la política es un reto y ahora más. ¿Qué queda? Renovar el liderazgo, relanzar las políticas públicas, tener la capacidad de hacer oposición, donde corresponda, y relanzar la utopía.

 

 

 

La pasión que nos mueve

(Orlando Villalobos Finol)

Con sabiduría callejera se dice en Venezuela. “San Juan to' lo tiene, San Juan to' lo da/ cantos y fulías de una tierra hermosa/ pa' un pueblo que canta cuando va a llorar”.

La Unesco declaró la festividad por la devoción y el culto a San Juan Bautista como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Así llegamos a la octava manifestación venezolana que forma parte de esa lista.

Las otras son los Diablos Danzantes de Corpus Christi, la parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire, la tradición oral de los Mapoyo y sus referentes simbólicos, en Los Pijiguaos, estado Bolívar; los conocimientos y las tecnologías tradicionales relacionadas con el cultivo y procesamiento de la Curagua, en Monagas; el carnaval de El Callao, y los cantos de trabajo del llano, que tanto recreó Simón Díaz.

Cualquiera puede añadir muchas que faltan. En Zulia, la fiesta de San Benito de Palermo, las casas palafíticas del pueblo añú, el baile de la yonna y el encierro de las majayulü (mahajura), una ceremonia de la mujer wayuu; y así tantas otras, como el patuá que hablan en Guiria y en otros lugares (https://www.youtube.com/results?search_query=patua+parlante).

Cada una de estas expresiones es una muestra de saber, conocimiento ancestral e identidad cultural. Así somos, así bailamos, cantamos; nos defendemos y luchamos.

De todo este movimiento lo resaltante es que aparece una nueva noción: el patrimonio inmaterial, lo que llevamos por dentro. Somos cuerpo y espíritu, razón y emoción.

No alcanza con reconocer o quedarnos en lo material. La oralidad, las fiestas de los pueblos, las artes, las técnicas y saberes vinculados a la artesanía son claves; nos acompañan.

Esta explicación del escritor colombiano Mario Mendoza, (https://www.youtube.com/watch?v=ouIM_pKX7DQ) nos ayuda a entender la fuerza y presencia del concepto. “En Naciones Unidas se habla de patrimonio inmaterial, eso significa lo que tenemos en la cabeza, lo que hemos leído, lo que conocemos, lo que sabemos. Hay gente que tiene camionetas cuatro puertas, apartamentos, cuentas en el extranjero, y según la ONU son indigentes. No nos iluminan para nada, no significan nada. No es importante ya ese camino afanoso por hacer plata, por escalar. Le diría a las nuevas generaciones, vístete de cualquier manera, compra cualquier celular, anda a pie, pero ten cuidado con lo que tienes adentro. La nueva riqueza es inmaterial”.

Esta mirada nos permite volver a nuestros ancestros y volver a la metáfora del “mundo interior” que nos hace más humanos. Freud lo llamó el inconsciente y Edgar Morin insiste en que somos seres complejos, porque somos físicos, biológicos, síquicos, culturales, sociales, en fin, integrales.


miércoles, 18 de agosto de 2021

Cuadernos ancestrales

 

(Orlando Villalobos)


El arco narrativo de Bitácoras de Congo es potente. Reúne voces y personajes que van develando relatos de la vida cotidiana, casi secreta, esa que se queda en los márgenes de la historia oficial, difundida y repetida, hasta que se convierte en verdad inmaculada. No es, por tanto, la crónica histórica que algunos maestros reiteran por comodidad o porque de algún modo hay que ganarse el pan.

Cuando uno avanza en la lectura de estas páginas, descubre que el autor, Alexis Fernández, hace las veces de guía, baquiano o de un capitán de piragua que nos lleva en su embarcación, con estas historias de asombro, desolación y descubrimiento, donde se reúnen la vida y la esperanza.

En el libro Bitácoras de Congo. Voces y prosa del agua (2021) el verso y la narración se mueven dejando entrever historias mínimas de seres o personajes anónimos, para quienes no hay espacio en el discurso hegemónico, ni en efemérides, ni en los discursos del orden. Pero es la vida tal cual es, anónima, intensa y fragmentaria, “un código de vistas en miniatura”, dice Walter Benjamin, en Estética y Política. Es la mirada de un cronista, fragmentaria, no porque se renuncie a la totalidad, sino porque la busca “en los detalles casi invisibles, nimios. Su mirada reposa en lo que todo el mundo mira, pero sin llegar a ver. O en la historia de un hombre simple que, en un momento dado, puede sintetizar la historia de toda la humanidad”, explican Adriana Callegaro y otros (2010).

En la lectura, en un lugar central están los pueblos de agua del lago. La narración se detiene en Congo Mirador, uno de esos paisajes que “al mediodía emergen con sus galerías intactas/ ante la mirada incrédula de nuestros mismos moradores” (p. 44).

También están o emergen las piraguas, “un leño curado con ternura, un nombre de mujer (…) un artefacto a vapor para ganar el embate de las aguas” (p. 28). Desde ese lugar, nave o embarcación, se cuenta la fundación de estos pueblos de agua; territorios de búsqueda, resistencia, que van forjando su destino. Un piragüero cuenta que de la balsa se pasó a la canoa y luego a la piragua. “Luego vinieron los barcos y buques de gran calado hasta los famosos trasatlánticos que han dado la vuelta al mundo” (p. 64).

En el imaginario de estas costas, las piraguas aparecen en leyendas, cuentos y en el rumor que trae las escenas de su llegada a puertos, atracaderos y malecones; viniendo del Sur del Lago con las productos de la cosecha, plátanos, guineos, queso, cacao, café, aguacates y verduras. Era la despensa a la mano. Para una ciudad-puerto como Maracaibo era un seguro de vida y el reencuentro con la vida lacustre.

También están los lugares que simbolizan esta historia de vida. El río Escalante, que se muestra como lo que es, “una larga y sinuosa serpiente” (p. 8) que “lleva a cuestas su retreta de temporales, mientras sofoca la madre de agua que se adormece en su lecho” (p. 8). Puerto Concha es “un puerto pesquero flanqueado por manglares” (p. 12); Ologá que es apenas “una embarcación de cabotaje en la memoria de sus pescadores” (p. 36). Gibraltar, con su fiesta y su desolación, epicentro de batallas; asaltada y saqueada en 1641 por el holandés Henrique Gerardo, en 1666 por Jean David Nau, El Olonés, desalmado y cruel; en 1669 por Henry Morgan, quien vino por todo, impuso el pillaje y aniquiló a quien le opuso heroica resistencia.

Están los personajes. Luis Chacín, el piragüero mayor, que echaba el cuento de la historia de las piraguas, un mago de la artesanía de trenes y piraguas (p. 65). El patrón de piraguas, “un hombre con ojos de águila” (p. 30); los navegantes; el abuelo de Congo Mirador, anciano pescador, que descifra el enigma: “Somos hombres de agua, cuya casa es una emcarcación y su morada el lecho profuso de las aguas” (p. 45). Ernestina que en sus recuerdos busca la llave que debe andar extraviada en la embarcación (p. 60). Los pescadores de Capitán Chico, de Punta de Leiva; Los piratas que llegaron con su pillaje; las heroínas, Ana María Campos y Domitila Flores, llevadas al martirio y maltratada con crueldad, por reunir la rebeldía y el sentimiento de independencia. Ana María Campos fue azotada sobre un asno, en procesión por la ciudad, pero tuvo fuerzas y arrojo para decirle al invasor colonialista: “Si no capitula, monda”. Domitila Flores fue encarcelada por rebelde, sentenciada a recibir latigazos en la plaza pública y luego fusilada.

Las ilustraciones de Ender Cepeda, Premio Nacional de Artes Plásticas 2003, en estas Bitácoras, son en si mismas un libro dentro del libro; una lectura del mundo subjetivo que recorre las costas y riberas del lago.

En sintesís, este collage de imágenes y relatos tiene como escenarios el río, el Sur del Lago, Congo, Ologás, el lago Coquibacoa (o Coquivacoa), Gibraltar y Maracaibo, “una ciudad fugitiva sobre las ondas”, como dice Bolívar en carta dirigida a Santander el 11 de junio de 1820.

Bitácoras de Congo es la memoria que somos, grabada a fuego, en batallas y  tras la larga resistencia que nos permite decir de dónde venimos y dónde estamos. Son los cuadernos ancestrales en los cuales nuestra identidad está esculpida, verso a verso, para que las generaciones actuales, y las que vienen, puedan cantar y contar dichas y desdichas; y puedan redescubrir el barro que hizo posible que nuestros antepasados pudieran abrirse camino, en medio de tempestades.

 

Referencia

Adriana Callegaro, María Cristina Lago, Mariana Quadrini, Fernando Bragassi (2010-2011). La crónica latinoamericana como espacio de resistencia al periodismo hegemónico, Universidad Nacional de La Matanza, Argentina.

 

 

 

 

 

lunes, 19 de julio de 2021

Miguel Ordóñez, la canción que vino del barrio

 

 

(Orlando Villalobos Finol)

Comenzaba la década del 70 y en medio de restricciones y prejuicios, la canción popular estaba ahí, acorralada, prohibida. “Si es importada es mejor”, era el leitmotiv.

Sin embargo, la canción hija del sentimiento y pretensión de movimientos telúricos, sociales y políticos, pudo insurgir y abrirse paso. No pueden perecer los pequeños seres de Salvador Garmendia, ni los versos de Víctor Valera Mora, ni el País Portátil, de Adriano González León; ni las canciones que trajo Alí Primera.

Un día, a comienzos de 1973, Alí Primera pasó por el auditorio de la Facultad de Ingeniería, de la Universidad del Zulia, y logró reunir unas 30 personas. Ya había grabado pero eran sus primeros años y por tanto, era casi clandestino. Con el tiempo él ganó la partida porque logra llegar y ocupar la radio, con su “Cunaviche adentro” y todo ese verso rebelde y amoroso. “Dale que la soga se revienta”. Poco a poco comenzó a forjarse su trascendencia.

En esa presentación-reunión estuvo Miguel Ordóñez. Dijo que le maravilló aquella idea fuerza. “Yo lo conocía por un disco que nos llevó el Negro Fucho Sánchez al barrio. Era un disco que tenía rayada la primera canción, “Perdóneme tío Juan”. La podíamos escuchar pero ya comenzada. Como cinco años después supe como empezaba esa canción”.

Prosiguió su relato: “Cuando terminó de cantar, yo tuve la determinación de presentármele. Yo hago esto, hago canciones. Esa fue mi primera conversa con él. Un tiempo después lo conseguí en Caracas y forjamos una estrecha amistad. Nos apoyó desde el sello Cigarrón. Me convertí en el enlace de Alí con Maracaibo, junto con otros compañeros: Efraín Bruges, Ramón Soto Urdaneta, Leonardo Núñez, entre ellos. Organizamos un acto que se hizo en Maracaibo con Alí, en la Plaza de Toros. Fue masivo. Su poder de convocatoria era inmenso. Ese fue un evento de los Comités de Unidad con el Pueblo, los CUP, que él promovía”.

A finales de los 70 y principios de los 80, Alí promovió un movimiento al que llamó la canción solidaria, que luego se transformó y ganó amplitud, la canción bolivariana.

Ese espíritu de canción rebelde y solidaria lo vivió a plenitud Miguel Ordóñez. Recibió esa influencia y la expresó en canciones, coherencia y convicciones.

Dejemos que Miguel lo cuente: “Comencé desde muy niño a componer algo parecido a canciones. No existía Alí en el camino y cuando lo conozco vino a reforzar lo que hacía. Mi encuentro con su influencia me nutrió desde el punto de vista de la estatura humana del cantor. Su ejemplo de solidaridad, abrazo, calidez… Esa era su huella”.

Miguel vivió de niño en La Salina, entre el 18 de Octubre y Santa Rosa de Agua, en el barrio adentro. Nació en Maracaibo el 1 de noviembre de 1953.

Se veía a sí mismo como alguien que proyectaba el sentimiento y la rabia, desde la palabra hecha canción. “Las palabras están cargadas de música y las podemos traducir en canciones. Eso es lo que en mi caso llamo la canción popular, que es al mismo tiempo la canción vanguardia o de compromiso. Alí la llamó la canción necesaria. Aquello que dice Neruda sobre el poeta, que es la más alta estatura del ser humano, y Alí lo repetía a su manera. La canción es una aliada de los pueblos y es parte de la esencia humana, como lo es la danza y otras expresiones. La canción permite llevar el mensaje, la rítmica y la melodía, para hacerte bailar, sentir o pensar. La canción es una forma, un camino para unirte a otros, vencer barreras, enterrar las penas”.

Para Miguel Ordóñez hay una distinción entre ser cantante y ser cantor. “Alí decía el cantante tiene con qué y el cantor tiene el por qué. Hay una brecha entre ser cantante y cantor. La industria busca encandilar para vender y crea los cantantes. El cantor en cambio responde a una necesidad intima, personal; es lo que llevamos por dentro; la que abre caminos”.

Uno de los proyectos musicales que promovió fue la agrupación Mayatei; maya por la civilización de mesoamérica, y tei, un vocablo indígena añú, que significa padre. Buscaba resalta la condición indígena originaria. De este grupo es la canción “Indoamérica”, beneplácito de los melómanos.

 

La gaita como bandera

“Un pueblo noble/ y creyente fe reclama/ y entristece la penumbra/ en su dolor/ casi se esconde de su sol/ como apenado por el olvido/ en el que se encuentra su región”. Esta letra está en Maracaibo Marginada. “Ese es Ricardo Aguirre. Solo lo pudo hacer él, porque expone un sentimiento que viene de la gente”, reflexionó.

Miguel entendió lo que era la gaita y asumió esa vertiente. Por allí se fue y ganó tanta presencia que su nombre está ligado al movimiento gaitero.

Fue autor de “Los Botelleros”, que recoge la estampa del cambio de botellas a los muchachos por frutas; “Las Petacas”, ganadora del Festival una Gaita para el Zulia, en los 80; “Rubén el Campanero”, sobre el eterno campanero de la Basílica, Rubén Aguirre, grabada por los Cardenales del Éxito. “El ejemplo que Caracas dio”, fue gaita del año en Caracas, en 1997, recoge una protesta: “Que bajen de los cerros los rostros de la patria/ para que la esperanza se haga, panita, una realidad/ que el corazón contento palpite amor, Caracas/ y que pronto todos juntos alcancen la libertad”. No es fácil que una gaita con ese contenido poético social pegara. Miguel lo logró y puso a cantar a los caraqueños.

En 2015, con “Regresó la piragua”, ganó el Festival de Gaitas Virgilio Carruyo, con la agrupación La Cuadra Gaitera y la interpretación de Rafael "El Pollo" Brito. Repitió en 2016 en ese evento con “Para mí”, con Danelo Badell y La Universidad de la Gaita.

Sigo con su periplo. Rincón Morales le grabó “Canturreando”, en la voz Lula López. El conjunto Saladillo de RQ, “Vivencia Saladillera”; Gaiteros de Pillopo, “Los Botelleros”; el Grupo Candela, “Las Petacas” y después “El Credo”, una décima. “Apocalipsis”, una composición contra la guerra nuclear, fue interpretada por Daniel Méndez con Los Zagales del Padre Vílchez y Ángel Sarabia, en 1980, grabó “Rebeldía”.

Fulvia Padrón en 1983 sembró el tema “La patria herida”, con Rincón Morales. “La patria, la patria con sus heridas hoy ansía la libertad/entonces su dignidad tiene la lucha cautiva/y un látigo la fustiga y le parte el corazón/quien quita y vuelva un Simón a colmarla de quereres/pero patria no te desesperes que habrá nueva lucha y nueva redención”.

Nada más esas dos gaitas, “Rebeldía” y “La patria herida”, dejan ver una posición definida, “porque somos lo que somos”. Está en sus canciones, y en sus gaitas, una carga de pasión social y política.

De la mano de Miguel llegó una gaita que fundó o reforzó un espacio; una gaita poético-social, que registró vivencias y le dio sentido a la identidad. Le puso sabor pero también un contenido. “La gaita es una crónica. A través de ella, a cualquiera que llegue de otro país, le ponemos cinco o seis gaitas y sabe quiénes somos nosotros. Allí le hablamos del lago, del vos, de las calles, de la religiosidad, no tenemos que explicarle nada. Eso está en nosotros. Como en todo, hay el relleno fácil, pero siempre hay quien salga y haga una gaita alegre y sencilla, que muestre lo que somos y lo que queremos”.

Tenía el ejemplo de Ricardo Aguirre que hizo una gaita “reclamante”, la tradición fundada por Virgilio Carruyo; se nutrió de las composiciones de Eurípides Romero y tuvo el talento para darle cauce al sentimiento rebelde en sus letras.

Dijo Miguel que en la gaita hay una carga de identidad y memoria que la convierte en poesía perdurable, como pasa con “La grey zuliana”. Allí el espíritu de un pueblo se siente reflejado. Lo comparaba con lo que hace la industria que trabaja para vender canciones ocasionales y banales. “Es una fábrica de productos efímeros”.

Miguel Ordóñez falleció el 28 de abril de 2021. Su obra perdura, la rebeldía de sus canciones no se apaga. Su gaita está ahí, bonita, como “la mejor petaca que en todo el barrio han volao”.


lunes, 5 de julio de 2021

Vidal Atencio, periodismo de análisis

 

(Orlando Villalobos Finol)

“Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado”. Acudo en auxilio de Miguel Hernández para escribir esta despedida del Padre Vidal Atencio, como se le reconoció.

Su nombre y su eco se quedan, en la ciudad que supo de su verbo y de su disposición para la grandeza.

Era apasionado del discurso y del análisis, una palabra que tantas veces usó. Estuvo en la TV, en la radio y en el periodismo, y deja huella de sus afanes. Era amigo y solidario, enamorado de las causas justas, revolucionario, en una palabra.

Asumió el ejercicio comunicacional como lugar para el cruce de ideas, la duda y la crítica certera, firme, inapelable, pero al mismo tiempo como ocasión para el encuentro fraterno. Se convirtió en referencia de rebeldía y de voz y actuación solidaria.

El Padre Vidal nació el 3 de enero de 1963, en Maracaibo. Estudió bachillerato en Teología, en la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia, y egresó en 1988. También se licenció en Teología, en el Instituto Universitario Seminario Interdiocesano, Iusi, en Caracas.

Ejerció su apostolado como sacerdote católico durante 26 años, en distintas instituciones y parroquias de Maracaibo. Fue capellán del ejército, en el municipio Jesús Enrique Lossada, y del Comando 903 de Vigilancia Costera, en el municipio San Francisco.

Estudió Comunicación Social, mención periodismo audiovisual en la Universidad del Zulia, LUZ, y se graduó en 1996.

También fue tesista del posgrado en Gerencia de Empresas, en mercadeo, en LUZ.

En radio y televisión

Fue conductor del programa “En análisis con el Padre Vidal”, en Coquivacoa Televisión, canal de Maracaibo, del cual también fue su presidente.

En Vive Televisión fue moderador de los programas “Real y medio”, “A voz alzada” y “La hora de los mangos”, entre 2005 y 2011.

En radio se desempeñó en distintos espacios. Entre ellos, “En blanco y negro” y “En familia”, por La Voz de la Fe 580 AM; “Vértice de opinión” por Ondas del Lago, “Foro con los periodistas” en Carbozulia estéreo 89.3 FM y uno de sus espacios más difundidos: “En análisis con el Padre Vidal”, en su versión radial, por Fe y Alegría 850 AM y LUZ FM 102.9 FM.

Fue coordinador de la corresponsalía de Venezolana de Televisión en el estado Zulia.

Desempeñó responsabilidades como Secretario de Estado del Poder Popular para la Supervisión y Revisión de las Emisoras de Radio y Televisión del Zulia, en 2019, y como Secretario de Desarrollo Agrícola del estado Zulia (2017-2018).

Era emprendedor, entusiasta e incansable. Fue enviado especial por Vive TV a Haití, para la cobertura de la misión humanitaria en Jacmel, en marzo de 2010, y a Bolivia, para el referéndum autonómico de Santa Cruz, en 2008.

Fue coordinador de la Comisión Presidencial para el “I Encuentro Internacional sobre la Teología de la Liberación en Venezuela”, que se llevó a cabo en Caracas, 2007.

Integró la delegación venezolana que acompañó al Presidente Chávez al Monte Sacro, en Roma, en 2005.

Cuando se llevó a cabo la visita papal a Cuba, en 1998, hizo la cobertura para el canal Niños Cantores del Zulia.

Participó en el Congreso Anfictiónico Bolivariano de Panamá, en 1998.

Falleció el 7 de julio de 2020.

Lo despedimos con tristeza pero sabiendo que nos deja su siembra de vida y de justicia.

Un abrazo de siempre para el Padre Vidal, hermano y compañero.