miércoles, 11 de enero de 2017

Autoconocimiento



“El médico primitivo, que solía ser también sacerdote, brujo y juez, fue el primer especialista liberado de la obligación de buscar alimento para la tribu. La magnitud de este privilegio y el poder que le daba son un reflejo directo de la importancia de las necesidades que atendía. La conciencia de la enfermedad es una parte del precio que primero pagó el hombre, y que sigue pagando, a cambio de poder ser consciente de su propia identidad. Pero la conciencia de la propia identidad de la que es resultado es un fenómeno social, y con ella surge la posibilidad del tratamiento, la posibilidad de la medicina” (John Berger, 2008. Un hombre afortunado. Buenos Aire, Alfaguara). Berger fue un escritor, crítico de arte y pintor británico. Falleció el 2 de enero de 2017.

sábado, 7 de enero de 2017

2017

(Orlando Villalobos)
En 2017 se cumplen los centenarios de Juan Rulfo (1917-1986), de Augusto Roa Bastos (1917-2005) y de José Luis Sampedro (1917-2013); 80 años de la muerte de Horacio Quiroga (1878- 1937), 80 años de la publicación de Pobre negro de Rómulo Gallegos, 40 años de la desaparición de Rodolfo Walsh (1927-1977) en Argentina. En mayo se celebrarán los 50 años de la publicación de la novela Cien años de soledad, la saga de la familia Buendía a través de siete generaciones en el Macondo imaginado por Gabriel García Márquez. Además, se cumplen 50 años del asesinato de Ernesto Che Guevara.
Se cumplen 150 años de la publicación de El capital. Crítica de la economía política, de Carlos Marx, un libro que desde entonces ha sido influyente. Marx acuñó y reelaboró una serie de categorías que hoy se repiten, hasta por quienes son contrarios a sus ideas. Se habla de dialéctica, plusvalía, alienación, acumulación originaria, lucha de clases, clases sociales, relaciones de producción y fetichismo de la mercancía.

Piglia, el último lector


(Autor: Jorge Halperin/Diario Página 12) Mi hermana acaba de darme la noticia de la muerte de Piglia, y lo primero que me viene a la mente, más allá de los encuentros periodísticos que mantuvimos al cabo de años, son los pasajes de su libro “El último lector”, un magnífico ensayo, en particular los dedicados al Che Guevara lector. Piglia ausculta con su penetrante agudeza al personaje cuyo compromiso con la revolución lo ubicó en la movilidad perpetua –-nada menos apropiado para un lector--, y que, sin embargo, hasta en su trágico final en Bolivia, ya sin fuerzas, lleva libros encima. Cuando es detenido en Ñancahuanzu lo único que conserva (porque ha perdido todo, no tiene ni zapatos) es un portafolio de cuero, que tiene atado al cinturón, en un costado derecho, donde guardaba su diario de campaña y sus libros.
Piglia admira a ese lector contra toda adversidad y lo compara con otro revolucionario, y lector extraordinario, sometido, en cambio, a la inmovilidad: Antonio Gramsci.
Dice que Gramsci es el ejemplo opuesto y simétrico al del Che Fue el político separado de la vida social por la cárcel, que se convierte en el mayor lector de su época. En prisión Gramsci lee todo el tiempo, lee lo que puede, todo lo que logra filtrarse en las cárceles de Mussolini. El mismo decía que leía por lo menos un libro por día. Está siempre pidiendo libros y, dice Piglia, de esa lectura continua, de ese hombre sólo, inmóvil, aislado, en la celda, nos quedan los Cuadernos de la cárcel, que son comentarios extraordinarios de esas lecturas.
Siempre me imaginé que Ricardo Piglia se sentía en parte en la piel de Gramsci (hasta le encuentro un parecido físico), en su caso moviéndose poco para “teletransportarse” por los libros. Y fue, más allá del gran narrador, nuestro gran lector, el hombre que nos legó nuevas formas de descifrar nuestra cultura. Un faro que sigue iluminando.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Para reinventarnos


(Orlando Villalobos)

“Reinventar la comunicación” se ha vendido más de lo que yo esperaba y menos de lo que aspira la editorial. Denzil Romero, autor de “La esposa del Dr. Thorne”, me dijo en una ocasión que si un libro en Venezuela vendía mil ejemplares podía considerarse un best seller. Da una idea de lo que cuesta que los libros se muevan o se vendan.
Editorial Galac ha colocado su empeño y lo ha presentado dos veces en Caracas, en la Feria de Caracas y en la Filvén de noviembre. Lo presentamos en la Biblioteca del Estado de Maracaibo. He ido donde me han permitido conversar sobre el contenido y hemos hecho el marketing más importante: lo vendemos en mesas ambulantes y en el mano a mano con los amigos, colegas y asomados.
El texto favorece el acceso a interesados en el tema, y a estudiantes de periodismo y comunicación, a un conjunto de artículos y ensayos, en los cuales se fijan pautas y criterios acerca de situaciones y problemas, que están presentes en el ejercicio periodístico y comunicacional.
Comprendo que un libro como “Reinventar la Comunicación” tiene que sortear muchas celadas. Cumple con lo que dice la sagrada escritura. Intenta darle voz al mudo. Dice, cuenta y no se calla. Se nutre del pensamiento crítico y recela de la comodidad académica.  Predica y le mete el hombro al pronombre nosotros. Es palabra, bisturí y megáfono. No se conforma con los 140 caracteres de gloria que presume regalar Twitter. Defiende la utopía porque aunque no se diga, en cada texto recuerda lo que dejó dicho Oscar Wilde: «Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser mirado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad atraca siempre, partiendo de nuevo hacia una tierra aún mejor».
Asume como propia la recomendación de Boaventura de Sousa Santos, de sumarse a la construcción de un pensamiento alternativo de alternativas, porque si no las alternativas conocidas van a repetir los mismos errores de siempre.
El libro expone que para defendernos de este capitalismo salvaje que se nos vino encima, hay que volver a la cultura de lo colectivo, para lo cual son indispensables las redes sociales; esas donde la gente se ve cara a cara, en una comunidad de intereses, y no simplemente las redes virtuales y las “nubes” electrónicas. Pero no hay redes si no hay el tejedor de la red, ese que es capaz de mirar a su alrededor y salir a buscar a los otros, para compartir y dialogar, para juntar esfuerzos y promover universos posibles e imposibles.
De vez en cuando salta un contradictor a ciegas. Ese que dice “eso no me interesa” o simplemente no lo dice. Lo ignora y hace todo lo posible para que la ignorancia siga y se confunda comunicación con manipulación.
A veces el viento trae un aire pesimista que no sabe que se equivocó de camino, porque no podrá con tantas corazonadas juntas. Sabemos lo que significa poner en papel y tinta esta palabra que descubre y reinventa. En medio de esta crisis declarada, algo o mucho constituye este acto de poner en la librería la propuesta hecha, en formato libro, de otra comunicación, distinta a tanto “pote de humo” de autoayuda o restaurador del privilegio de los que siempre fueron los dueños de la palabra.



Jango


Se cumplieron 40 años de la muerte de Joao Goulart, Jango, en Argentina. Se sospecha que fue envenenado. Fue víctima del Plan Condor. Según el exagente uruguayo Mario Neira se planeó el envenamiento con muchos detalles. Participaron los jefes de la represión en Brasil y la CIA. El químico a cargo de ese proyecto fue Eugenio Berríos, un personaje asesinado en Uruguay en los años 90, en un caso que parece haber sido una quema de archivo. Goulart fue derrocado por un golpe militar en 1964. Según documentos desclasificados fue clave la participación de Estados Unidos. La dictadura se mantuvo por 21 años en Brasil y suprimió el ejercicio político ciudadano.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Diciembre

(Orlando Villalobos) 

Llegamos a los días cruciales de diciembre. Dice Leonardo Boff, maestro brasileño de la filosofía y de la palabra, que para construir otro mundo posible se hace necesario ganar la comensalidad, es decir, la posibilidad de comer y beber juntos, de reunirnos, ganar convivencia; podemos decir, es necesario, ir más allá de facebook y de twitter, y de otras famosas redes virtuales que están de moda.
Para construir la paz y seres humanos, para ganar humanidad, tenemos que ir a la comensalidad. Vivimos en un mundo que muere de muchas guerras y lo más grave, más de la mitad de la humanidad no tiene posibilidad de comer y beber de un modo mínimamente humano, lo cual constituye un escándalo.
Decimos todo esto porque en los pueblos, campos, ciudades y barrios nuestros se acostumbra que el 24 de diciembre la gente se reúna, con amigos y con extraños, para estar juntos, compartir, celebrar, reír y a veces hasta para llorar.
Es un momento de comensalidad, vuelvo con la palabra de Leonardo Boff, porque los alimentos son algo más que realidades materiales. Son símbolos de encuentro, de estar juntos. La mayor alegría de la madre o de la cocinera es percibir la alegría de los comensales, de los que comen.
Que esta fecha sea propicia para renovar la voluntad de cambiar el mundo, de no conformarnos con la injusticia, de no mirar para otro lado cuando nos corresponda ser justos y capaces de actuar con consciencia y compromiso con los demás.


jueves, 15 de diciembre de 2016

Honor a Hugo Alexander Alzolay

(Autor: Alexis Romero Salazar)

Queridos amigos,

Hoy 8 de diciembre se cumplen 44 años del vil asesinato Hugo Alexander Alzolay, nuestro hermano en la lucha entre los estudiantes y pobladores del noroeste de Caracas y querido compañero en el Comité por la defensa de los derechos humanos y la libertad de los presos políticos.

Como dice su hermano Edgar:  “Alexander tenía una increíble sangre para los niños, que lo querían mucho; además poseía un carisma innato que lo relacionaba fácilmente con el pueblo y una inmensa solidaridad con sus compañeros. En los barrios de Catia y del 23 de Enero, Alexander mantenía 30 niños en la práctica de Ajedrez; actividades que alternaba con la lucha estudiantil en los liceos”.

Ramón Ordaz describe la personalidad y la acción de Alexander:
“Allí, en los inicios de la década del 70, comenzó nuestra amistad: él vivía en la avenida Principal, especie de línea divisoria entre Lídice y Manicomio, y yo mucho más arriba; estudiaba Economía en la UCV y Alexander culminaba su bachillerato. Sin tapujos, nuestra amistad fue política. Mi militancia en lo que sería  la Liga Socialista y su expresión universitaria Movimiento Estudiantil de Unidad con el Pueblo (MEUP) nos imponía realizar trabajo político en varios barrios de Caracas. Con Alexander a la cabeza organizamos un grupo estudiantil contra la represión política de entonces. Entre nuestras tareas, recuerdo, publicamos un periódico que imprimíamos en batea. “Despertar”, se llamaba. En nuestras reuniones semanales la poesía fue haciendo acto de presencia en las voces de Javier Heraud, César Vallejo, entre otros, presencia obligada, repito, porque Alexander se convirtió en un apasionado lector y a cada encuentro reclamaba libros para calmar su sed de lectura. Un buen día Alexander me dio a conocer algunos manuscritos en los que se retrataba el incipiente poeta”.

Ese año 72 la represión llegó a su más alta expresión y nuestro movimiento fue muy golpeado: persecusión de dirigentes, torturas, prisión, asesinatos. Jorge Rodríguez estaba encerrado en Maracaibo, David Nieves en el Cuartel San Carlos en Caracas y así muchos otros compañeros. Las cárceles de toda Venezuela  se llenaron de presos políticos; por lo que nuestra actividad se centró en la lucha contra la represión y por la libertad de los hermanos detenidos. Cumplimos actividades del Comité Estudiantil de Defensa de los Derechos Humanos, con una exitosa jornada de propaganda en el Estadio Universitario de Caracas: repartimos papeles y pintamos paredes en un juego Caracas-Magallanes.  Allí hubo una participación destacada de Alexander, quien con su hermano Edgar y otros compañeros atravesaron el campo desde el home hasta el centelfield y en la pared negra de atrás colocaron con pintura blanca la consigna ¡Libertad para los presos políticos¡ Esa pinta fue captada por las cámaras de televisión durante un mes mientras se realizaban los partidos ahí.  

El día que lo mataron, cuenta Ramón Ordaz, habíamos hecho una campaña por la libertad de los presos políticos hasta la medianoche. Ya de retiro a nuestras casas, otro grupo de la zona interceptó  a Alexander para pedirle apoyo, con el que se solidarizó sin dudas. Bajando la madrugada un grupo de la policía política, sin mediar palabras, tiró a quemarropa sobre el cuerpo indefenso de Alzolay: ya que su única arma era el atomizador que apretaban sus manos, y sobre las paredes el chorreante y fresco letrero “LIBERTAD PARA…
Sus asesinos segaron la vida de un joven revolucionario de apenas 20 años de edad, que no nos queda la menor duda de que iba a ser un gran dirigente revolucionario. Alexander, Para decirlo con palabras de Orlando Villalobos, “…como tantos otros, forma parte del grupo de hombres que hicieron obras públicas sustanciales y necesarias para construir democracia, libertad y conseguir mejores condiciones de vida. Fundaron sindicatos, centros de estudiantes y organizaciones populares. Crearon y promovieron periódicos y revistas, editaron libros propios y ajenos. Formaron talleres literarios, círculos de lectura, equipos políticos, clubes juveniles. Promovieron la creación de escuelas, servicios de salud y centros culturales, desde las luchas populares. Su aporte fue trascendente porque sembraron y contribuyeron a abrir espacios para lo ciudadano y reivindicar el derecho a tener derechos”.

Tenemos que rendir honor a Hugo Alexander Alzolay y comprometernos a recuperar eficientemente -más allá de lo discursivo- para la memoria de los venezolanos las jornadas de lucha que se cumplieron en el pasado, Y cuyos protagonistas casi nunca son reconocidos y en la mayoría de los casos olvidados.

VAMOS NO PONGAS LA CARA ASÍ
QUE NO HE MUERTO
MIS POEMAS ESTÁN VIVOS.
                                    Hugo Alexander Alzolay. 1972
……

Los invito a seguir el link del micro realizado por Glendys Vaamondes para Vive Tv (Hay que pedir que lo pasen de nuevo)